quisiera hoy esta noche...
ofrecerte una revancha ó acariciarte si con eso nos curáramos las heridas,
viejas rencillas remachadas de olvidos y desencuentros.
quisiera vengarte en mi cuerpo, que lo recorrieras hasta saciarte de sangre y venganza;
que lo destroces; que encuentres en mí lo que buscas, ser la misma y diferente,
volver a mirar y resolver las dudas, las deudas adquiridas.
quisiera interrogar de vuelta a la vida en unas sábanas rojas, en una cama caída...
quisiera soñarte tranquila, con las manos en los costados, con el alma fría.
quisiera respirarte justo donde nace tu cabello, absorber tu alma para darle vida...
sin reglas, sin cadenas... sin falacias propias, de la propia vida...
luego, que venga el remolino...
-no hay regreso, dices...
yo no encuentro, busco desquiciada tres veces..
y tres veces me pierdo...
REY
miércoles 8 de septiembre de 2010
sábado 21 de agosto de 2010
hola amor.
te cuento algo?
El viernes por la mañana iba escuchando esta canción en el taxi en que me subí.
llegué al trabajo busqué la letra y puse el video, y pensé en tí. en que me gustaría muchísmo que la oyeras y supieras lo que dice, porque es un poco lo que digo yo.
así que te la regalo. óyela, lee la letra.
te amo
mamá
Your song
It's a little bit funny this feeling inside
I'm not one of those who can easily hide
I don't have much money but boy if I did
I'd buy a big house where we both could live
If I was a sculptor, but then again, no
Or a man who makes potions in a travelling show
I know it's not much but it's the best I can do
My gift is my song and this one's for you
And you can tell everybody this is your song
It may be quite simple but now that it's done
I hope you don't mind
I hope you don't mind that I put down in words
How wonderful life is while you're in the world
I sat on the roof and kicked off the moss
Well a few of the verses well they've got me quite cross
But the sun's been quite kind while I wrote this song
It's for people like you that keep it turned on
So excuse me forgetting but these things I do
You see I've forgotten if they're green or they're blue
Anyway the thing is what I really mean
Yours are the sweetest eyes I've ever seen
El viernes por la mañana iba escuchando esta canción en el taxi en que me subí.
llegué al trabajo busqué la letra y puse el video, y pensé en tí. en que me gustaría muchísmo que la oyeras y supieras lo que dice, porque es un poco lo que digo yo.
así que te la regalo. óyela, lee la letra.
te amo
mamá
Your song
It's a little bit funny this feeling inside
I'm not one of those who can easily hide
I don't have much money but boy if I did
I'd buy a big house where we both could live
If I was a sculptor, but then again, no
Or a man who makes potions in a travelling show
I know it's not much but it's the best I can do
My gift is my song and this one's for you
And you can tell everybody this is your song
It may be quite simple but now that it's done
I hope you don't mind
I hope you don't mind that I put down in words
How wonderful life is while you're in the world
I sat on the roof and kicked off the moss
Well a few of the verses well they've got me quite cross
But the sun's been quite kind while I wrote this song
It's for people like you that keep it turned on
So excuse me forgetting but these things I do
You see I've forgotten if they're green or they're blue
Anyway the thing is what I really mean
Yours are the sweetest eyes I've ever seen
lunes 21 de junio de 2010
La primera vez
la primera vez que supe que había muerto estaba en el centro de la ciudad, en Pino Suárez para ser exacta. se lo escuché a un reportero que excitado se preparaba a asistir a sus exequias. a narrar su muerte.
digo la primera, porque a partir de ese momento habrían de venir variadas formas en que recibiría noticias de su fallecimiento. por mensaje, por llamadas, por radio, por televisión, por diarios.
por no es que desgarrara mi alma ante sus textos, es simplemente que crecí con ellos
conforme iba adentrándome y decidiendo al periodismo como modo de vida lo conocí. obligado era llegar a los pasillos, o al pasto que rodea mi escuela, ahora facultad de la UNAM, con La Jornada bajo el brazo, lo más visible que se pudiera para hacer más que evidente su lectura. aunque eso no fuera del todo cierto.
nos divertíamos en serio. Edgar, Alfredo, Marco, Eiji, Abraham, Alfonso, Ricardo y varios más, todos traíamos algo que leer y eso era una etiqueta que nos distinguía. ni por equivocación con nuestras monedas, unos más otros menos, comprábamos el periódico la prensa; menos leíamos, al menos en público, las sección de espectáculos. ni algún diario que no representara nuestro nuevo estatus: ese de intelectuales
en ciernes que se esforzaban por demostrarlo.
así en otra primera vez, llegó a mis manos, a las nuestras, a las de todos; sin falta lo leíamos los lunes: "Por mi madre Bohemios". primero en esa columna y
luego en los Rituales del Caos, obligada lectura dejada por uno de nuestros más avezados profesores. crónicas entremezcladas con ensayos, que
parecían poner al alcance de las manos, o mejor dicho de nuestra hambrienta conciencia, los girones de una sociedad complicada.
fueron muchas las columnas que leí. aventurada hasta platicaba sobre lo que decía o escribía y trataba modestamente de dar una que otra tímida postura.
luego en otra primera vez, platiqué de él con el fotógrafo Jorge Claro, conocido de algún tiempo. por él supe que era homosexual, cosa que por demás, poco me importaba, que vivía en un lugar lleno de gatos y libros y papeles, cosa que también pude ver después en alguna fotografía reporteril; que no le gustaba que llegaran extraños a su casa, sin previa invitación de por medio, que se codeaba con los
altos sectores, elenita, su amiga de toda la vida, krauze, fuentes..
o sea, pueblo, pueblo, no era, aunque que de izquierda, ni duda cabe.
monsiváis, parecía más accesible que paz, pero en todo caso con él también había que sentarse o aislarse en los trayectos en el metro y concentrar toda la atención para ver y sacar todo el provecho posible a las palabras escritas.
tiempo era en que los profesores a cada paso nos decían que había que leer entre líneas. yo me esforzaba, y francamente no sé si lo consegúi en algún momento; creo que todos hacíamos un esfuerzo y lo lograbamos, por nimio que fuera a entender a esos mounstros del pensamiento que empezaban a ser familiares. alcanzamos o al menos vislumbramos cierta lucecilla en este camino que elegimos; que amamos, en todo caso.
así que no sé si lo comprendíamos todo a cabalidad. Sé que nos empeñabamos, como lo hacíamos con Emmanuel Kant, o las teorías de la comunicación, o con durheim o en algunso casos con freud.
otra primera vez que lo oí, fue cuando alguien dijo su nombre en una fiesta en una linda casa de la condesa. -ahí viene Monsiváis.
y yo voltee a verlo. quedamos nuestros ojos de frente, casi igual que cuando lo ví en la calle de hamburgo en la zona rosa, hizo una leve inclinación de
cabeza como saludo y se incorporó de inmediato a una conversación con patricia reyes espíndola y rosana fuentes berain.
de lejos y sin atreverme a acercame más de lo que ya estaba, me preguntaba qué era lo que platicaban, qué pensaba ese hombre, por primera vez de carne y hueso; qué miraba bajo la sombra de esos lentes grandes de pasta anticuados. qué había en esa cabeza llena de chinos irsutos; que había bajo la chaqueta y qué en su soledad rodeante que no se quitaba por más personas a su alrededor.
desde esos días ha habido muchas más primeras veces. a la que sí renuncié de antemano es a verle la cara luego de morir. nunca lo hago con ningún muerto.
pero sí me hubiera gustado estar ahí. sin mirarlo de frente. ver su caja cubierta de banderas que enarboló o que en ese momento sólo fueron un obsequio de sus amigos. ver al flautista tocar una tonadilla enmedio de la lluvia. u oir a la poni con la voz quebrada. hacer una revencia de lejos. un adiós.
o haciendo quizá en la mente, una crónica de la muerte del cronista, la primera vez, o la última.
REY
digo la primera, porque a partir de ese momento habrían de venir variadas formas en que recibiría noticias de su fallecimiento. por mensaje, por llamadas, por radio, por televisión, por diarios.
por no es que desgarrara mi alma ante sus textos, es simplemente que crecí con ellos
conforme iba adentrándome y decidiendo al periodismo como modo de vida lo conocí. obligado era llegar a los pasillos, o al pasto que rodea mi escuela, ahora facultad de la UNAM, con La Jornada bajo el brazo, lo más visible que se pudiera para hacer más que evidente su lectura. aunque eso no fuera del todo cierto.
nos divertíamos en serio. Edgar, Alfredo, Marco, Eiji, Abraham, Alfonso, Ricardo y varios más, todos traíamos algo que leer y eso era una etiqueta que nos distinguía. ni por equivocación con nuestras monedas, unos más otros menos, comprábamos el periódico la prensa; menos leíamos, al menos en público, las sección de espectáculos. ni algún diario que no representara nuestro nuevo estatus: ese de intelectuales
en ciernes que se esforzaban por demostrarlo.
así en otra primera vez, llegó a mis manos, a las nuestras, a las de todos; sin falta lo leíamos los lunes: "Por mi madre Bohemios". primero en esa columna y
luego en los Rituales del Caos, obligada lectura dejada por uno de nuestros más avezados profesores. crónicas entremezcladas con ensayos, que
parecían poner al alcance de las manos, o mejor dicho de nuestra hambrienta conciencia, los girones de una sociedad complicada.
fueron muchas las columnas que leí. aventurada hasta platicaba sobre lo que decía o escribía y trataba modestamente de dar una que otra tímida postura.
luego en otra primera vez, platiqué de él con el fotógrafo Jorge Claro, conocido de algún tiempo. por él supe que era homosexual, cosa que por demás, poco me importaba, que vivía en un lugar lleno de gatos y libros y papeles, cosa que también pude ver después en alguna fotografía reporteril; que no le gustaba que llegaran extraños a su casa, sin previa invitación de por medio, que se codeaba con los
altos sectores, elenita, su amiga de toda la vida, krauze, fuentes..
o sea, pueblo, pueblo, no era, aunque que de izquierda, ni duda cabe.
monsiváis, parecía más accesible que paz, pero en todo caso con él también había que sentarse o aislarse en los trayectos en el metro y concentrar toda la atención para ver y sacar todo el provecho posible a las palabras escritas.
tiempo era en que los profesores a cada paso nos decían que había que leer entre líneas. yo me esforzaba, y francamente no sé si lo consegúi en algún momento; creo que todos hacíamos un esfuerzo y lo lograbamos, por nimio que fuera a entender a esos mounstros del pensamiento que empezaban a ser familiares. alcanzamos o al menos vislumbramos cierta lucecilla en este camino que elegimos; que amamos, en todo caso.
así que no sé si lo comprendíamos todo a cabalidad. Sé que nos empeñabamos, como lo hacíamos con Emmanuel Kant, o las teorías de la comunicación, o con durheim o en algunso casos con freud.
otra primera vez que lo oí, fue cuando alguien dijo su nombre en una fiesta en una linda casa de la condesa. -ahí viene Monsiváis.
y yo voltee a verlo. quedamos nuestros ojos de frente, casi igual que cuando lo ví en la calle de hamburgo en la zona rosa, hizo una leve inclinación de
cabeza como saludo y se incorporó de inmediato a una conversación con patricia reyes espíndola y rosana fuentes berain.
de lejos y sin atreverme a acercame más de lo que ya estaba, me preguntaba qué era lo que platicaban, qué pensaba ese hombre, por primera vez de carne y hueso; qué miraba bajo la sombra de esos lentes grandes de pasta anticuados. qué había en esa cabeza llena de chinos irsutos; que había bajo la chaqueta y qué en su soledad rodeante que no se quitaba por más personas a su alrededor.
desde esos días ha habido muchas más primeras veces. a la que sí renuncié de antemano es a verle la cara luego de morir. nunca lo hago con ningún muerto.
pero sí me hubiera gustado estar ahí. sin mirarlo de frente. ver su caja cubierta de banderas que enarboló o que en ese momento sólo fueron un obsequio de sus amigos. ver al flautista tocar una tonadilla enmedio de la lluvia. u oir a la poni con la voz quebrada. hacer una revencia de lejos. un adiós.
o haciendo quizá en la mente, una crónica de la muerte del cronista, la primera vez, o la última.
REY
jueves 3 de junio de 2010
Charly

Más de la mitad del concierto se la pasaron abrazados, con la boca de uno en el otro.
Con todo y su sudadera roja y su pelo amarrado en una coleta le apretujaba al otro los labios cada espacio de canción e incluso sin esperar las pausas.
Le regalaba enteros, sus no más de 16 años en un concierto de Charly García.
Es primero de junio. Martes. Inusual para algunos que se dé un concierto de rock; suerte para otros, que no todos se enteraran o no les interesará el viejo de 58 años que canta como joven en el escenario. suerte fue brincar en un sólo nivel, sin precios ni asientos reservados.
con su voz apenas impactada por largas notas musicales. con los ojos perdidos, ilusionados, desquiciados con el rock, Charly García cantó a un número no preciso de admiradores. nunca volteó más allá del segundo piso. para qué, estaba vacío. y eso tampoco importó demasiado.
cantó y sus manos de dedos largos, casi hasta lo imposible, lanzaron un beso a su auditorio. uno que con sus dedos engarzados formó como alas para asegurarse de que llegaría.
bailó poco y dejó las canciones en el acorde y en la letra y en las ganas de los que fueron.
en todos, de seguro y sin duda, se quedaron las notas, las letras; el aire en las gargantas como un orgasmo en do sostenido. interrumpido. inconcluso.
el rockero regresó en un par de veces al escenario pero no terminó lo iniciado, volvió a comenzar. haciendo un amor fragmentado a los 3 o 4 ml que lo escuchamos.
a ella, con sus no más de 16 años nada le importó .
yo me salí de un auditorio, en donde se siguió una canción con gargantas diferentes a la que la empezó, pensando que al menos una o un par, habrían de concluir lo que iniciaron: .... con la boca de uno en el otro....y etcétera, etcétera...etcétera
rey
domingo 2 de mayo de 2010
El secreto
Es domingo por la mañana. En cuanto llaman las campanadas de la "Guadalupita", todos se apresuran a ganar un lugar. Los niños van enfrente. Las primeras bancas están reservadas para ellos, es misa de niños y está por comenzar.
El sol que se queda afuera calienta un poco el ambiente. Todos van con ropas ligeras. Al entrar, grandes y chicos se persignan. Voltean a la imagen de su gusto, le piden un poco y suben a su banca.
Inquietos los pies pequeños empiezan a moverse. Las monitoras de la fé los miran todo el tiempo queriendo contener sus ansias por salir y dejarse de tantos rezos. Aguantan lo suficiente. Oran el padre nuestro, uno que otro ave maría, mientras la Virgen que está justo enmedio del altar los observa con sus ojos benévolos pintados por algún experto en miradas lánguidas. Rezan hasta que haya tiempo de salir y recoger el dulce de la canastilla que está en las escalinatas. Su premio.
Confieso que he pecado... de pensamiento palabra... obra y omisión
Se llevan los fieles, (todos serán fieles) la mano derecha al corazón en una autoexpiación que parece salir desde dentro de toda sinceridad. Eso parece al menos. Una niña, con el cabello alborotado, ojos negros y sonrisilla inquieta, pregunta a su madre, qué es omisión. No le contesta. Pocos saben el significado exacto de la palabra. Ni ella misma que la lleva de la mano.
Bajo ya el influjo del perdón. Los más avezados se acercan al confesionario. Prefieren no voltear a ningún lado. Evitan las mirada inquisidoras. Se arrodillan y tocan la ventanita que los separa del confesor. Momentos antes llegó. En una silla de ruedas eléctrica y escoltado por una enfermera con uniforme azul y cabello recogido en una coleta. Apenas intercambia con ella un par de palabras en un español con fuerte tono ario. Le indica cómo abrir la puerta del pequeño lugar. Se acomoda y a una señal de su cabeza ella se va. No se queda a escuchar misa.
Es un hombre ya mayor. Su cabello corto, lacio, blanco ya, tiene el dorado recuerdo de que alguna vez fue rubio. Todo su cuerpo es pesado. Lo carga hasta el asiento con dificultad. Apenas si cabe dentro. Su cara y sus ojos claros se ocultan en una rendija de madera y es cuando intuye que hay alguien del otro lado que abre un costado del rectángulo erguido de madera. Empieza a escuchar los secretos.
Su voz se escucha por lo menos en las tres filas de bancas de madera pintadas de color caoba. Es potente y seguro que si de pronto se apagaran los demás sonidos oiríamos todos lo que dice.
La primera es una señora. Cabello alborotado y teñido de naranja para ocultar la calvicie. Le confiesa que ha mentido toda su vida. Que ha dicho que quiere a quien no, que durante toda su vida pasó tolerando a los intolerables y que peor aún, miró con dulzura a los repugnantes; que no contrajo su nariz ante los hediondos que se encontraba en la calle; que se les acercaba sin temor a los más aversión les tenía y les elogiaba por sus vestidos o sus palabras certeras; que no le dijo a nadie lo horrible que era su presencia ni aunque le repugnara su cara o sus ojos o sus manos en extremo delgadas o demasiado obesas.
La escena parece sacada de alguna película surrealista de mala calidad, pero es real. Sus palabras se oyen sinceras. Más de uno ha dejado de poner atención en el evangelio y a media oreja, se ha interesado en su confesión.
Este es el cordero de dios que quita el pecado del mundo...
Es mitad de ceremonia y el confesor sólo ha oído a un feligrés. Muchos esperan a pocos centímetros su turno. Al centro de la parroquia se ha hecho una fila larga por la comunión.
Toca el turno de la voz potente y aburrida dentro del confesionario. "Arrepientete de los pecados de toda tu vida. Reza cada vez que vayas a caer en la tentación. Jesucristo perdona todo lo que has hecho. Ve en paz."
Ella se levanta, se va, sus ojos mirando hacia abajo parecen esconder algo más.
Nadie se queda sin hostia. Incluso los que no alcanzaron a revelar sus pesares.
La bendición de dios todo poderoso....
Se acaba la misa. Los niños corren por su dulce. Muchos se quedaron sin confesión. Los demás secretos se quedan ahí...flotando en el aire.
REY
El sol que se queda afuera calienta un poco el ambiente. Todos van con ropas ligeras. Al entrar, grandes y chicos se persignan. Voltean a la imagen de su gusto, le piden un poco y suben a su banca.
Inquietos los pies pequeños empiezan a moverse. Las monitoras de la fé los miran todo el tiempo queriendo contener sus ansias por salir y dejarse de tantos rezos. Aguantan lo suficiente. Oran el padre nuestro, uno que otro ave maría, mientras la Virgen que está justo enmedio del altar los observa con sus ojos benévolos pintados por algún experto en miradas lánguidas. Rezan hasta que haya tiempo de salir y recoger el dulce de la canastilla que está en las escalinatas. Su premio.
Confieso que he pecado... de pensamiento palabra... obra y omisión
Se llevan los fieles, (todos serán fieles) la mano derecha al corazón en una autoexpiación que parece salir desde dentro de toda sinceridad. Eso parece al menos. Una niña, con el cabello alborotado, ojos negros y sonrisilla inquieta, pregunta a su madre, qué es omisión. No le contesta. Pocos saben el significado exacto de la palabra. Ni ella misma que la lleva de la mano.
Bajo ya el influjo del perdón. Los más avezados se acercan al confesionario. Prefieren no voltear a ningún lado. Evitan las mirada inquisidoras. Se arrodillan y tocan la ventanita que los separa del confesor. Momentos antes llegó. En una silla de ruedas eléctrica y escoltado por una enfermera con uniforme azul y cabello recogido en una coleta. Apenas intercambia con ella un par de palabras en un español con fuerte tono ario. Le indica cómo abrir la puerta del pequeño lugar. Se acomoda y a una señal de su cabeza ella se va. No se queda a escuchar misa.
Es un hombre ya mayor. Su cabello corto, lacio, blanco ya, tiene el dorado recuerdo de que alguna vez fue rubio. Todo su cuerpo es pesado. Lo carga hasta el asiento con dificultad. Apenas si cabe dentro. Su cara y sus ojos claros se ocultan en una rendija de madera y es cuando intuye que hay alguien del otro lado que abre un costado del rectángulo erguido de madera. Empieza a escuchar los secretos.
Su voz se escucha por lo menos en las tres filas de bancas de madera pintadas de color caoba. Es potente y seguro que si de pronto se apagaran los demás sonidos oiríamos todos lo que dice.
La primera es una señora. Cabello alborotado y teñido de naranja para ocultar la calvicie. Le confiesa que ha mentido toda su vida. Que ha dicho que quiere a quien no, que durante toda su vida pasó tolerando a los intolerables y que peor aún, miró con dulzura a los repugnantes; que no contrajo su nariz ante los hediondos que se encontraba en la calle; que se les acercaba sin temor a los más aversión les tenía y les elogiaba por sus vestidos o sus palabras certeras; que no le dijo a nadie lo horrible que era su presencia ni aunque le repugnara su cara o sus ojos o sus manos en extremo delgadas o demasiado obesas.
La escena parece sacada de alguna película surrealista de mala calidad, pero es real. Sus palabras se oyen sinceras. Más de uno ha dejado de poner atención en el evangelio y a media oreja, se ha interesado en su confesión.
Este es el cordero de dios que quita el pecado del mundo...
Es mitad de ceremonia y el confesor sólo ha oído a un feligrés. Muchos esperan a pocos centímetros su turno. Al centro de la parroquia se ha hecho una fila larga por la comunión.
Toca el turno de la voz potente y aburrida dentro del confesionario. "Arrepientete de los pecados de toda tu vida. Reza cada vez que vayas a caer en la tentación. Jesucristo perdona todo lo que has hecho. Ve en paz."
Ella se levanta, se va, sus ojos mirando hacia abajo parecen esconder algo más.
Nadie se queda sin hostia. Incluso los que no alcanzaron a revelar sus pesares.
La bendición de dios todo poderoso....
Se acaba la misa. Los niños corren por su dulce. Muchos se quedaron sin confesión. Los demás secretos se quedan ahí...flotando en el aire.
REY
domingo 4 de abril de 2010
cuánto tardas en tomarte un café?
tengo un café en las manos, en la boca.
es sabado por la tarde. regresé de un viaje breve, luego de un poco de dosis
familiar. de ver mujeres maduras sobrevivir a sus maridos; de ver
a mujeres jóvenes cuidar niños y llevarles el agua a sus hombres para que
se bañen.
regreso, de ver a dos niñas pequeñas corretear, empapadas de risa en sábado de gloria, no puedo dejar de verlas, no despego mis ojos de su moverse de aquí para allá; no podría jamás dejar de verlas, de estar con ellas.
bebo dos traguitos.
vuelvo de ver a todas esas mujeres tan cerca y a la vez tan lejos.
con su cercanía que me atribula con costumbres, viejas, domésticas, rutinarias.
lo mezclo con mi saliva. lo mantengo en la boca. su sabor me impregna la lengua, las
encías.
estoy de regreso. manejar en la carretera tiene sus encantos, aunque a mi
no me encante, sentir el jalón de la velocidad, constante, intensa. acompañado
siempre de dos impulsos: apretar el acelerador al fondo; soltarlo y apretar el
freno ligéramente.
el azúcar es la justa. no dejo de pensar cómo es que sabría si sólo fuera americano, (es con leche).
de vuelta sentí un poco lo que en mi sueño de días anteriores, velocidad intensa sin freno, con ligeros cosquilleos en las pantorrillas que corre hasta el estómago. el tacómetro sube hasta 120. piso el freno. siento miedo de dar volteretas. de no morir completa.
está empezando a enfriarse. la temperatura baja. resistió desde regina hasta iturbide. el sabor, mismo
sabor.
piso el freno. en mi mente oigo las palabras, son las mismas siempre. casi puedo predecirlas. me alivian.
queda de café sólo un cuartito en el vaso.
es sábado por la tarde, tengo una invitación a una fiesta, las notas a editar van llegando a cuentagotas. sé que no tengo idea a qué hora terminará la jornada, tengo un libro sobre el escritorio, un espejo, un litro de agua, unos ojos cansados...
tengo un café en las manos, en la boca. se termina. se acaba...
REY
es sabado por la tarde. regresé de un viaje breve, luego de un poco de dosis
familiar. de ver mujeres maduras sobrevivir a sus maridos; de ver
a mujeres jóvenes cuidar niños y llevarles el agua a sus hombres para que
se bañen.
regreso, de ver a dos niñas pequeñas corretear, empapadas de risa en sábado de gloria, no puedo dejar de verlas, no despego mis ojos de su moverse de aquí para allá; no podría jamás dejar de verlas, de estar con ellas.
bebo dos traguitos.
vuelvo de ver a todas esas mujeres tan cerca y a la vez tan lejos.
con su cercanía que me atribula con costumbres, viejas, domésticas, rutinarias.
lo mezclo con mi saliva. lo mantengo en la boca. su sabor me impregna la lengua, las
encías.
estoy de regreso. manejar en la carretera tiene sus encantos, aunque a mi
no me encante, sentir el jalón de la velocidad, constante, intensa. acompañado
siempre de dos impulsos: apretar el acelerador al fondo; soltarlo y apretar el
freno ligéramente.
el azúcar es la justa. no dejo de pensar cómo es que sabría si sólo fuera americano, (es con leche).
de vuelta sentí un poco lo que en mi sueño de días anteriores, velocidad intensa sin freno, con ligeros cosquilleos en las pantorrillas que corre hasta el estómago. el tacómetro sube hasta 120. piso el freno. siento miedo de dar volteretas. de no morir completa.
está empezando a enfriarse. la temperatura baja. resistió desde regina hasta iturbide. el sabor, mismo
sabor.
piso el freno. en mi mente oigo las palabras, son las mismas siempre. casi puedo predecirlas. me alivian.
queda de café sólo un cuartito en el vaso.
es sábado por la tarde, tengo una invitación a una fiesta, las notas a editar van llegando a cuentagotas. sé que no tengo idea a qué hora terminará la jornada, tengo un libro sobre el escritorio, un espejo, un litro de agua, unos ojos cansados...
tengo un café en las manos, en la boca. se termina. se acaba...
REY
lunes 15 de marzo de 2010
pregunto

me pregunto..
si alguien leyó la entrevista que aparece en el país en la contraportada del viernes 12 de marzo.
si le gustó la foto, de esa mujer negra con el cabello rizado y corto, muy corto
pero con una sonrisa nada corta, sí rizada.
si se fijó en el hoyuelo de su mejilla y en sus ojos cerrados en un gesto
inconfundible de felicidad. sintiendo el airecito, tal vez frío, quizá cálido del día.
si sabe que se ha convertido en la principal defensora en contra de la ablación.
me pregunto, si sabe exacto qué es eso, y cómo se hace y qué pensará.
me pregunto cómo es que ella ríe tanto, cuando su madre se lo hizo cuando apenas tenía cinco años.
me pregunto si para ser feliz, como dice el rostro de la foto que es, se necesita un clítoris.
me pregunto cómo vive una mujer que es madre de un niño de 13 y un bebé de
10 meses y dice sin miedo que no tiene pareja porque no ha encontrado a
su alma gemela.
mejor, mucho mejor aún, me pregunto.... qué tan libre es cuando dice:
"cuando me lo pida mi corazón me iré a otra parte"
sólo me lo pregunto. y respiro profundo, rico, aliviada.
por haber leído...
REY
colores
naranja. es de tarde ya y el aire avienta el agua de la fuente de reforma hacia el norte. sin orden ni control se desparpaja bañando los coches que pasan o sólo esperan
la luz verde del semáforo. me quedo un momento sólo mirándola en su juego blanco de vaiven. absorta, casi como cuando de mañana pierdo varios minutos en descubrir por qué el color de los volcanes es de nieve roja si hace sol, o blanco, blanco si está todo despejado. me gusta ver el agua moverse, tanto como la mujer dormida rebosante de hielo, o la luna llena y plateada completa. en eso creo.
me bajo del chevy guinda con un vientecillo encima y debajo, que también me arremolina el vestido, rojo con negro y un poquito de verde, salpicado todo y estampado con florecillas. las piernas morenas, desnudas como casi siempre. la bolsa azul con el lunch, la cartera negra y los lentes tornasol van de una mano a otra con el desorden de todos los días. irremediable. un montón de cosas que me impiden sostener el vuelo que alcanza la falda. violeta.
busco unas medias negras para cubrirme un poco, aunque no con mucha gana,
y de un puesto a otro voy pregunte que pregunte. el aurrerá express y su anuncio verde amarillo, sólo tiene lo necesario, pero no para mí. desganada veo que en los anaqueles grises no hay lo que busco. sigo el camino. rápido para no provocar represalias por los minutos que a diario le vuelo a la agencia de noticias. de cualquier forma no pienso explicar nada. pero de cualquier forma me apuro. café.
casi llegando a Iturbide, hay una fila larga para comprar nieves de sabores, blancos, rosas, verdes, amarillos, en la misma banqueta en donde pasadas las 10 de la noche los indigentes tienden sus cobijas para dormir. ahora que sube la temperatura y el negro va ganando al naranja tendrán menos frío que en días pasados. aun así, se envuelven en sus cobijas rojas o negras de mugre, sucias y olorosas a rancio y ácido; a veces dejan fuera los ojos oscuros para fisgonear a todo aquel que pase, otras sólo se ve su cabello enredado, moviéndose leve con cada respiración o ronquido. cuando son dos los que se tienden en un mismo lugar, hay movimientos ligeros y hasta discretos. nunca me he quedado a ver cuando son rápidos e intensos: carmesí.
paro un poco más a ver el agua, ahora es violeta un segundo, azul el siguiente. me parece que tiene la intención de irse con el aire amarillo, pero al siguiente instante regresa. va y regresa, va, regresa.
quedan pocos pasos para entrar al diario. columna azul marino y águila dorada. hoy no subiré por los escalones color crema. tengo flojera de todo. iré al baño y olvidaré la jornada con una descarga de agua en el retrete blanco. lo hará también el espejo devolviendo una imagen triste pese al rojo encendido de la camiseta y los labios pintados al mismo color.
en turquesa, el día laboral seguirá con una leve esperanza de que sea el último en que me desvele. con el deseo cada vez menos escondido de volar, con maletas ligeras del color que sea. que el aire me aviente hacia el norte, el sur... cualquier lugar..como al agua de la fuente, que cambia constante de color..
con cada mirada, con cada rebote de luz.
REY
la luz verde del semáforo. me quedo un momento sólo mirándola en su juego blanco de vaiven. absorta, casi como cuando de mañana pierdo varios minutos en descubrir por qué el color de los volcanes es de nieve roja si hace sol, o blanco, blanco si está todo despejado. me gusta ver el agua moverse, tanto como la mujer dormida rebosante de hielo, o la luna llena y plateada completa. en eso creo.
me bajo del chevy guinda con un vientecillo encima y debajo, que también me arremolina el vestido, rojo con negro y un poquito de verde, salpicado todo y estampado con florecillas. las piernas morenas, desnudas como casi siempre. la bolsa azul con el lunch, la cartera negra y los lentes tornasol van de una mano a otra con el desorden de todos los días. irremediable. un montón de cosas que me impiden sostener el vuelo que alcanza la falda. violeta.
busco unas medias negras para cubrirme un poco, aunque no con mucha gana,
y de un puesto a otro voy pregunte que pregunte. el aurrerá express y su anuncio verde amarillo, sólo tiene lo necesario, pero no para mí. desganada veo que en los anaqueles grises no hay lo que busco. sigo el camino. rápido para no provocar represalias por los minutos que a diario le vuelo a la agencia de noticias. de cualquier forma no pienso explicar nada. pero de cualquier forma me apuro. café.
casi llegando a Iturbide, hay una fila larga para comprar nieves de sabores, blancos, rosas, verdes, amarillos, en la misma banqueta en donde pasadas las 10 de la noche los indigentes tienden sus cobijas para dormir. ahora que sube la temperatura y el negro va ganando al naranja tendrán menos frío que en días pasados. aun así, se envuelven en sus cobijas rojas o negras de mugre, sucias y olorosas a rancio y ácido; a veces dejan fuera los ojos oscuros para fisgonear a todo aquel que pase, otras sólo se ve su cabello enredado, moviéndose leve con cada respiración o ronquido. cuando son dos los que se tienden en un mismo lugar, hay movimientos ligeros y hasta discretos. nunca me he quedado a ver cuando son rápidos e intensos: carmesí.
paro un poco más a ver el agua, ahora es violeta un segundo, azul el siguiente. me parece que tiene la intención de irse con el aire amarillo, pero al siguiente instante regresa. va y regresa, va, regresa.
quedan pocos pasos para entrar al diario. columna azul marino y águila dorada. hoy no subiré por los escalones color crema. tengo flojera de todo. iré al baño y olvidaré la jornada con una descarga de agua en el retrete blanco. lo hará también el espejo devolviendo una imagen triste pese al rojo encendido de la camiseta y los labios pintados al mismo color.
en turquesa, el día laboral seguirá con una leve esperanza de que sea el último en que me desvele. con el deseo cada vez menos escondido de volar, con maletas ligeras del color que sea. que el aire me aviente hacia el norte, el sur... cualquier lugar..como al agua de la fuente, que cambia constante de color..
con cada mirada, con cada rebote de luz.
REY
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