la propuesta
cásate conmigo, le dije eufórica y loca cuando nuestros ojos se encontraron sin miedo. busqué instintivamente su mano. sus ojos que nunca se quedaban quietos me miraron interrogantes. rozó mis labios con sus dedos temblorosos. primero el índice, que perverso se movía inseguro entre el contorno, el medio que siguiendo la ruta se deslizaba suave...el anular lamentando no ser protagonista de la historia.
sobre su nariz recta, que se alzaba al final en un leve respingo, descansaban unos lentes pequeños. en sus labios que tanto me hubiera gustado probar alguna vez, se escondía un sonrisa demasiado obvia para ser escondida.
el silencio se hizo grave, su mirada como la de un niño travieso que se imagina cosas sin tener aún la edad para poder concretarlas, se deslizaba de un punto a otro, como si se atrevieran a pensar en situaciones que de pronto se antojaban tangibles. tras tanto tiempo de vernos y de tocarnos siempre con la mirada, nunca con las manos, ahora de pronto todo podría concretarse.
ella pensó en los años transcurridos, en aquel relato inconcluso que quedó perdido enmedio de actores secundarios que de pronto quisieron meterse en una historia que sólo les pertenecía a los dos.
el tiempo transcurría y se impacientaba. pero qué más daba esperar un poco, si todo lo que tenían eran momentos aislados, pedazos de minutos que siempre se correteaban por los compromisos que ambos tenían.
aparcados a la orilla de un parque citadino, vieron las gotas de lluvia que empezaron a mojar las ventanillas. la gente corriendo. y un airecillo metiéndose a través de los vidrios todavía sin cerrar.
vale! dijo de pronto. mis latidos se detuvieron y quizá la sangre hizo que me sonrojara un poco. nos soltamos las manos que habían permanecido en espera de la respuesta.
teníamos tanto que preparar. con un poco de inseguridad le revelé que quería un vestido blanco, no sin cierto temor de que se echara a reir. los nuestros eran mundos tan distintos, en donde los conceptos no sólo se iban de un extremo a otro, sino que en ocasiones redundaban en las discusiones más acérrimas. yo te hablo...y bajó del coche. se alejó caminando a pasos largos, seguro de sí.
vi las botas negras casi cubiertas por el pantalón holgado. la camisa de cuadros que ocultaba su cuerpo delgado haciendo un camuflaje con varias camisetas debajo. se fue, enmedio de una multitud indiferente que se cubría del agua que ahora ya caía a raudales. pasó junto a dos estudiantes que enlazaban sus cuerpos en un interludio de amor que se me antojó fugaz; frente a un puesto de quesadillas en el que la señora se apuraba por no dejar que se le apagara la última brasa.
y junto a un vendedor de sueños, al que seguramente yo le habría comprado uno.
carajo, una vez más se había ido. no tenía la certeza de si volvería. lo tenía. casi lo tenía. me quedé mirandolo hasta que desapareció. un pequeño rapaz se me acercó y me pidiò una moneda.
enfilé hacia Reforma. ahí estacioné el coche y le puse una monedas al parquimetro. no sé por qué siempre que uso esos aparatejos hago el cálculo mental de lo que me estoy ahorrando en multas.
entré a un starbucks guiada por el olor que de ahí salía. dentro, el ambiente era de lo más impersonal. la mayoría de la gente se entretenía con sus ordenadores y los menos, sostenían una conversación que pretendía ser adecuada al ambiente que rodea a esos lugares. así pensaba absorta, cuando el chavo starckbusino me pregunto el tipo de café, no se ni que le dije...solo oí mi voz diciendo: pero que sea grande por favor. ni se inmutó, quizá está acostumbrado a recibir peticiones así de impersonales, así de indiferentes. salí del lugar y el airecillo refrescó mi rostro. caminé por la amplia avenida y me detuve sólo un poco a observar una de esas feas exposiciones que ponen para que todo el mundo las vea.
unas grandes cabezas de calaveras, adornadas y pintadas de una forma casi grotesca se alzaban en las aceras. y bueno, no es que sea una especie de malinchista empedernida, pero su aspecto, si que era feo. caminé. mis pasos no se detenían y mi mente divagaba con todo lo que había que preparar. paré frente a una banca solitaria, dispuesta a descansar unos momentos antes de que oscureciera por completo. saque un cigarrillo y le dí la primera bocanada. el humo me devolvió de pronto la tranquilidad perdida.
dejé de lado toda la inquietud y accedí a que el tabaco se fumara una parte de mi. oí sus pasos que rítmicos se acercaban hasta donde yo estaba. dos mujeres, cuyo acento hasta el momento no puedo decifrar si era mexicano costero o cubano habanero caminaban hasta mí, con toda la intención de que su conversación fuera escuchada. su atuendo llamó mi atención, sus faldas largas y con grandes flores se movían ritmicamente al compás de sus anchas caderas. los collares, que no eran pocos, se mecían en sus pechos morenos y hacían que dejaran un suave canturreo a su paso.
pese a mi mirada de indiferencia se acercaron. debo admitir que su sonrisa familiar me desconcertó un poco. un cigarrillo me pidieron y al encenderlo se sentaron a mi lado. pretendí que no me importaba su conversación. pero su tono se hizo más alto. que si el tráfico, que si las personas... a punto estaba de levantarme, cuando una de ellas, me miró directamente a los ojos y me dijo: lo estas esperando verdad guapa? toda mi tranquilidad se volvió desconcierto, sonreí un poco a modo de respuesta. puso su mano en mi pierna con la palma hacia arriba. era una invitación casi ineludible. accedí y coloqué la mía.
lo que me dijo, produjo un estremecimiento que todavía permanece dentro de mi. -el vendrá, siempre volverá. me levanté y casi arranque mi mano de la suya. me subí al coche con una prisa casi inventada. quería huir de todo, de todos. ya dentro me tranquilicé.
después de todo, nadie, pero nadie podía saber que iba a casarme en los próximos días.
rey
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario