creo firmemente que un libro debiera prescindir del título pues éste te predispone a lo que habrás de descubrir en su interior. con sólo una palabra, la portada te da pistas sobre lo que te dirá el autor en las páginas subsecuentes y tendrás que nivelar tu mente para aceptar una disposición que está fuera de tus manos.
así es según lo que creo y he pensado durante este, que no incipiente saber en torno a los libros, es que se debiera nombrar sólamente y quizá por números o letras o signos o ke se yo los textos que más nos gustaron o nos gustaría leer, o nos presentan sus autores.. es decir, leeré el libro de philip roth, si, el número 5, o el z de rosario castellanos, o mejor aún, leeré el libro azul o rojo de ángeles mastretta..
nos quitaríamos entonces todos los prejuicios que traen consigo los titulos y nos adentraríamos en una aventura sin más nada que las ganas de conocer historias nuevas; eso sin contar con que a veces hay buenos nombres, pero otros que francamente no le hacen mayor favor a lo que encontrarás dentro...
por no hablar de las traducciones, las cuales aún sin ser experta en idiomas, se que no son traducidos tan íntegramente como debiera...
eso implica un poco también el que las traducciones las deban hacer escritores, es decir personas sensibles al pensamiento y al alma del autor, que sepan trasladar las palabras de un idioma a otro, sin mayor tropiezo, que nos lleven así como ir conduciendo sobre una pista sin sobresaltos...
ese pensamiento me rodeó cuando salí de ver una película de la que no tenía ni la menor idea de su existencia y de la que del título, no pude sacar mayor cosa de conclusión. entré en ella arrastrada por una recomendación y me quedo con la delicia de casi dos horas de historia, dibujos animados...
REY
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