miércoles, 20 de agosto de 2008

tras largo tiempo de contemplarlo en el fondo de la cama, lo úlitmo que se me ocurrió fue tomar el encendedor.

llevé el cigarro a la boca acarciándolo con la lengua, esperando que el humo se tragara una parte de mí. en su lugar sólo se iba acumulando la saliva en las comisuras y el recuerdo de los días buenos se dibujó en un cuadro maltrecho que colgaba de una vieja pared.

en el espejo se reflejaba su sombra, distante; cubriendo de cansancio su espalda y sus pies, de los que sólo alcanzaba a ver sus plantas, el resto de su cuerpo permanecía cubierto por la sábana deslavada del hotel.

estupidamente abrí el ropero en una búsqueda morosa de fuego con que prender el cigarrillo.
la puerta rechinó, colando la obscuridad al resto del cuarto.

volví sobre mis pasos y el sonido de la corriente de aire me avisó que tenía que irme.

abrí el cajón del buró. estaba tan cerca que casi pude sentir el vaho de su respiración.

una última mirada hacia él desde la puerta, me desmintió ese pensamiento.

rey

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