miércoles, 15 de octubre de 2008

El triunfo de la Belleza; o quizá de la misoginia

Se identifica el sexo de los escritores en cuanto comienzas a leer las primeras líneas de un libro? Eso me cuestiono constantemente. Los creadores no deben distinguirse por sus preferencias sexuales o características de raza, color, posición económica. Quien se precie de ser un buen escritor deberá dejar de lado todas esas etiquetas que lo marcan y que le impiden interiorizarse con sus lectores. Más aun, quienes tengan en sus manos un texto, bien podrían deslindarse de prejuicios.

El triunfo de la Belleza; o quizá de la misoginia, de Joseph Roth, es sin embargo un claro ejemplo de que cuando se lleva consigo un acervo innedito de prejuicios y cargas historicas es prácticamente imposible que se puedan dejar de lado.

Remitámonos a la historia, la cual versa en la vida de una pareja y su relación amistosa y estrecha de él con un médico dedicado al cuidado de mujeres enfermas, como suele llamarles.

Estas, son presas de un extraño mal, el cual segùn el autor, utilizan para hacer que sus maridos se vuelvan seres sumisos y a tal grado manejables, que permitan el engaño de sus parejas y que se sientan tan culpables que incluso puedan llegar al suicidio.

Quién me pregunto, es más responsable de su propio proceder que uno mismo. Quién es capaz de manejar las situaciones hasta hacer parecer a los demás como principales detonadores de sus males.

A lo largo de la historia, si una mujer engaña o se vale de sus encantos, es señalada y vilipendiada de tal manera que su trayectoria es pràcticamente arrojada por la borda, y hasta, como lo dice el libro, es tachada de enferma. Caray.

Pero qué sucede cuando el que trastoca los límites de la felicidad conyugal es el hombre. Su reputación aumenta favorablemente y hasta es disculpado de tal manera que la mujer queda como la que orilló a que se dieran ese tipo de situaciones.

No deja el libro de tener su toque humorístico, al adjudicarle a un bicho que aqueja al estómago ser el causante del comportamiento de la mujer, la cual por cierto es retratada como sumamente hermosa, un punto más o menos a su favor, como quiera observarse.

Me quedo entonces con un par de risas, pero con una profunda sensación de que la misoginia puede verse, leerse, tocarse, sentirse, pero más intensa y necesariamente, mandarse a la chingada.


REY

No hay comentarios: