algo más que deba borrar? que deba dejar de imaginar?
rey
domingo, 29 de noviembre de 2009
jueves, 26 de noviembre de 2009
mensajes
la historia comienza con una mujer con pelo corto, ojos grandes gorra y pants que camina por el centro histórico de la ciudad de México. ha librado bien a dos coches que por su descuido han estado a punto de empujarla de menos. camina sin saber bien a bien a donde ha de dirigirse tras haber comprado un par de cremas y un desinfectante de manos en la farmacia París. quiere seguir, aún es temprano para ir por las pequeñas así que el rumbo se desvía y va a dar justo a Regina. ahí no tendrá que preocuparse por mirar por las esquinas para librar los autos. sólo imaginará a todo lo que le dé su desgastada imaginación.
paso a paso voltea, cada centímetro de esa calle tiene un mensaje que darle. ve las casas recién remodeladas. el estanquillo con muebles nuevos pero que sigue oliendo a viejo. el local en donde arreglan armas y pistolas y no sabe qué más chunches. imagina al señor ahora mismo martillando o lijando alguna partecilla; la mezcalería.
ve la casa vecina y la exposición en turno sobre la calle. esta vez se cuelgan sobre toda una pared cientos de prendas: pantalones, vestidos faldas, blusas, calzoncillos, medietas, sostenes; de todo hay... la expo dice: DESPRENDERSE.
afuera la luz está a todo lo que da. por dentro las casas se ven obscuras, excepto claro aquella... la que hace algún tiempo imaginó que podría estar en venta y ser suya. en la que justo en este momento se ve dentro. para llegar ahí hay que subir unas escaleras, saludar a los del taller que está abajo y abrir la rejilla. respirar el olor a humedad y herrumbe que se junta con el paso de los años.
esta vez las imágenes sólo dan para subir, abrir la pajarera y asomar a la calle. regresa sin avisar y sigue por el empedrado. se sienta a esperar un café con leche en el jekemir. sabe que al terminar tendrá que volar de nuevo al metro para llegar a tiempo. no le importa. lo pide y se asegura de que sea fuerte.
en la espera del mesero se le ocurre que podría escribir una historia sobre la casa que imaginó en venta y que pudo ser suya. escudriña en su bolsa pequeña café. sólo encuentra la libreta con el changuito de Toledo en el frente. no hay una pluma. la pierna empieza a sentir un leve temblorcillo por ver como se le escapa la primera frase con la que ha de iniciar a contar, a escribir.
las uñas están cortas, cortísimas por lo que no tiene nada para morder. se siente entonces sola, muy sola, aunque el cafetín esté lleno de extranjeros y dos meseros le hayan sonreído al entrar.
es cuando se le viene a la mente la idea de mandarse la frase por mensaje celular. sonríe como cuando a todos se nos ocurre una gran idea. casi brinca de gusto. pero se contiene. saca con parsimonía el teléfono y empieza así:
pasé por la calle en la que hubiéramos vivido...
sigue dando cuenta del café, esta vez lo saborea en una espera deliciosa en la que el mensaje ha de llegar y certificará que el cuento irá bien.
pasan uno o dos minutos. de vez en vez voltea disimuladamente al celular. no le dice nada, aún no es tan ridícula como para dirigirse a un aparato. sabe que llegará y en ese preciso momento, llega.
abre la pantalla y empieza a leer. sus ojos no son ahora de los que reciben seguros el mensaje que esperaban.
la sorpresa los invade pero no puede reprimir una leve, pero incontenible sonrisa. el texto dice así:
disculpa quién eres para saber, yo digo, con quien ubiera vivido
un ruborcillo la invade ahora con un estremecimiento en el pecho. cómo es que el mensaje pudo haberse cambiado. en qué jugarreta estaba ahora el destino que había mandado con un número distinto un texto que había sido diseñado para ella misma.
la tentación de olvidar todo y quedarse sentada por horas estaba a punto de invadirla cuando con resolución toma de nuevo las letras y envía:
perdón un error de número lo siento
el destinatario errático está ahora presa de un juego en el que quiere seguir. la incita a seguir.
quién eres no ay problema soo quiero saber esque x un momento me isiste pensar en alguien q yo quiero mucho
pero en ella hay demasiados prejuicios formados a punta de inseguridad y baladronadas. recordemos que vive en la ciudad de México.
nop seguro que no soy, de nuevo lo siento
se imagina entonces una historia distinta en la que las dos personas que ahora conversan por mensaje de texto son amigas y toman un café ahí mismo, en el jekemir en donde se conocieron. lo piensa, pero en todo caso prefiere la imaginacion.
el destinatario entonces desea con desilusión:
ok ojalá y esa persona viva c tigo algún día
ella gasta su crédito una vez más y dice:
suerte.
se despiden así entonces, sin saber el destinatario que formará parte de una historia y el remitente, la remitente se queda pensando...
pasará un buen tiempo antes de que decida levantarse y seguir..
REY
paso a paso voltea, cada centímetro de esa calle tiene un mensaje que darle. ve las casas recién remodeladas. el estanquillo con muebles nuevos pero que sigue oliendo a viejo. el local en donde arreglan armas y pistolas y no sabe qué más chunches. imagina al señor ahora mismo martillando o lijando alguna partecilla; la mezcalería.
ve la casa vecina y la exposición en turno sobre la calle. esta vez se cuelgan sobre toda una pared cientos de prendas: pantalones, vestidos faldas, blusas, calzoncillos, medietas, sostenes; de todo hay... la expo dice: DESPRENDERSE.
afuera la luz está a todo lo que da. por dentro las casas se ven obscuras, excepto claro aquella... la que hace algún tiempo imaginó que podría estar en venta y ser suya. en la que justo en este momento se ve dentro. para llegar ahí hay que subir unas escaleras, saludar a los del taller que está abajo y abrir la rejilla. respirar el olor a humedad y herrumbe que se junta con el paso de los años.
esta vez las imágenes sólo dan para subir, abrir la pajarera y asomar a la calle. regresa sin avisar y sigue por el empedrado. se sienta a esperar un café con leche en el jekemir. sabe que al terminar tendrá que volar de nuevo al metro para llegar a tiempo. no le importa. lo pide y se asegura de que sea fuerte.
en la espera del mesero se le ocurre que podría escribir una historia sobre la casa que imaginó en venta y que pudo ser suya. escudriña en su bolsa pequeña café. sólo encuentra la libreta con el changuito de Toledo en el frente. no hay una pluma. la pierna empieza a sentir un leve temblorcillo por ver como se le escapa la primera frase con la que ha de iniciar a contar, a escribir.
las uñas están cortas, cortísimas por lo que no tiene nada para morder. se siente entonces sola, muy sola, aunque el cafetín esté lleno de extranjeros y dos meseros le hayan sonreído al entrar.
es cuando se le viene a la mente la idea de mandarse la frase por mensaje celular. sonríe como cuando a todos se nos ocurre una gran idea. casi brinca de gusto. pero se contiene. saca con parsimonía el teléfono y empieza así:
pasé por la calle en la que hubiéramos vivido...
sigue dando cuenta del café, esta vez lo saborea en una espera deliciosa en la que el mensaje ha de llegar y certificará que el cuento irá bien.
pasan uno o dos minutos. de vez en vez voltea disimuladamente al celular. no le dice nada, aún no es tan ridícula como para dirigirse a un aparato. sabe que llegará y en ese preciso momento, llega.
abre la pantalla y empieza a leer. sus ojos no son ahora de los que reciben seguros el mensaje que esperaban.
la sorpresa los invade pero no puede reprimir una leve, pero incontenible sonrisa. el texto dice así:
disculpa quién eres para saber, yo digo, con quien ubiera vivido
un ruborcillo la invade ahora con un estremecimiento en el pecho. cómo es que el mensaje pudo haberse cambiado. en qué jugarreta estaba ahora el destino que había mandado con un número distinto un texto que había sido diseñado para ella misma.
la tentación de olvidar todo y quedarse sentada por horas estaba a punto de invadirla cuando con resolución toma de nuevo las letras y envía:
perdón un error de número lo siento
el destinatario errático está ahora presa de un juego en el que quiere seguir. la incita a seguir.
quién eres no ay problema soo quiero saber esque x un momento me isiste pensar en alguien q yo quiero mucho
pero en ella hay demasiados prejuicios formados a punta de inseguridad y baladronadas. recordemos que vive en la ciudad de México.
nop seguro que no soy, de nuevo lo siento
se imagina entonces una historia distinta en la que las dos personas que ahora conversan por mensaje de texto son amigas y toman un café ahí mismo, en el jekemir en donde se conocieron. lo piensa, pero en todo caso prefiere la imaginacion.
el destinatario entonces desea con desilusión:
ok ojalá y esa persona viva c tigo algún día
ella gasta su crédito una vez más y dice:
suerte.
se despiden así entonces, sin saber el destinatario que formará parte de una historia y el remitente, la remitente se queda pensando...
pasará un buen tiempo antes de que decida levantarse y seguir..
REY
miércoles, 11 de noviembre de 2009
Desnudas 1
desde que me acuerdo siempre he llevado las piernas desnudas. volvía del colegio y lo primero que hacía era deshacerme de las medietas blancas que arremangaba en los tobillos mientras permanecía en clases. así, con los pies, desnudos también, caminaba por todo el patio de mi casa, que en su mayor parte estaba lleno de lodo y pasto silvestre y que me acariciaba las plantas o me espinaba sin remedio.
chillona como era, buscaba alivio con mi madre cuando la sangre corría por mis dedos al incrustarse las piedrecillas evidentemente también salvajes, un poco como yo.
la primera vez que mis hermanas me quisieron llevar a una reunión de "señoritas" tendría once o doce. me negué rotundamente a usar un par de esas medias transparentes o de color más obscuro incluso que mi piel, como las portaban ellas, bajo mi precioso, estorboso y ampón vestido lila. pensaba, y con razón, que me apretarían desde la punta del dedo gordo hasta más arriba de la cintura. la condición era esa, o las usaba o me quedaba sin remedio una tarde más en casa sin nada que hacer, sólo buscar figuras en las nubes echada de espaldas sobre el pasto húmedo.
accedí. me las puse con mil trabajos; en ese ritual trabajoso y absurdo, de mujeres, mis manos inexpertas y cómplices les hicieron un desgarre justo donde empezaba la rodilla. los hilos se desgarbaron por toda la entrepierna en una carrera rápida y larga que me llegó al ombligo. se habían arruinado. sin dinero para comprar otras, todas ellas, las tres juntas y tras una breve discusión dieron su consentimiento para que me pusiera mi eterno overol de mezclilla y adornado con un escudo de aceite de motor al frente.
recubierta y protegida por todos lados, pero con las piernas desnudas debajo del pantalón, esa ocasión se transformó en la primera pequeña victoria que obtuve.
las que siguieron se han ido desperdigando a lo largo de la vida como aquellos finos hilos de nylon que se rompieron sin control y me dejaron libre.
son sólo pequeños triunfos. no son muchos ni renombrados. siquiera apenas alcancen algún recuerdo dejado en la memoria de alguien, que sin recato ha visto por todos lados piernas desnudas, no las mías, sí las de todas y en todas ellas quizá un poco de mí...
REY
chillona como era, buscaba alivio con mi madre cuando la sangre corría por mis dedos al incrustarse las piedrecillas evidentemente también salvajes, un poco como yo.
la primera vez que mis hermanas me quisieron llevar a una reunión de "señoritas" tendría once o doce. me negué rotundamente a usar un par de esas medias transparentes o de color más obscuro incluso que mi piel, como las portaban ellas, bajo mi precioso, estorboso y ampón vestido lila. pensaba, y con razón, que me apretarían desde la punta del dedo gordo hasta más arriba de la cintura. la condición era esa, o las usaba o me quedaba sin remedio una tarde más en casa sin nada que hacer, sólo buscar figuras en las nubes echada de espaldas sobre el pasto húmedo.
accedí. me las puse con mil trabajos; en ese ritual trabajoso y absurdo, de mujeres, mis manos inexpertas y cómplices les hicieron un desgarre justo donde empezaba la rodilla. los hilos se desgarbaron por toda la entrepierna en una carrera rápida y larga que me llegó al ombligo. se habían arruinado. sin dinero para comprar otras, todas ellas, las tres juntas y tras una breve discusión dieron su consentimiento para que me pusiera mi eterno overol de mezclilla y adornado con un escudo de aceite de motor al frente.
recubierta y protegida por todos lados, pero con las piernas desnudas debajo del pantalón, esa ocasión se transformó en la primera pequeña victoria que obtuve.
las que siguieron se han ido desperdigando a lo largo de la vida como aquellos finos hilos de nylon que se rompieron sin control y me dejaron libre.
son sólo pequeños triunfos. no son muchos ni renombrados. siquiera apenas alcancen algún recuerdo dejado en la memoria de alguien, que sin recato ha visto por todos lados piernas desnudas, no las mías, sí las de todas y en todas ellas quizá un poco de mí...
REY
lunes, 12 de octubre de 2009
pudor
noche-madrugada del domingo 12 de octubre.
-creo que hasta las prostis deberían tener pudor. todos lo tenemos. mira que estar en plena calle cerca del metro Buenavista alas 12:25 de la madrugada, con sendas botas negras, chaqueta entallada y el culo al aire. eso sí que es una verguenza.
eso me dijo, y no pude más que soltar la carcajada. quien no enseña no vende, le respondí. un lugar común que se no ha perdido vigencia pese a lo recurrente de su uso.
todos los días pasamos por ahí y es un desfile de sexoservidoras que no varía. siempre las mismas caras y atuendos. sólo cambian según la hora del día. cerca de las cuatro de la tarde los escotes son más pronunciados en tanto que de noche el destape es de la cintura para abajo. como una metáfora de nudistas nocturnos, se apoderan de las esquinas, o intercalles para abordar los autos.
esta vez falló. la luz roja del semáforo permitó ver la escena completa. ella camina con un paraguas negro, pese a que no cae una sola gota de lluvia, gira sobre su eje y simula estar en una pasarela de moda. su pelo negrísimo y largo cae sobre su espalda. lo balancea igual que sus manos al iniciar el escarceo. ha visto la posibilidad de un cliente con sólo mirar de lejos el auto. da una vuelta más y muestra sus trasero impecable. la obscuridad y la lejanía oculta las posibles imperfecciones. a 50 metros de distancia no hay celulitis ni flacidez, no hay estrías. sigue moviendo sus largas piernas encima de los tacones con 10 cm de altura.
acertó. el auto compacto se detiene y baja el vidrio. se asegura de que la observe por detrás y lento se da vuelta. apoya los brazos en la ventanilla del copiloto. el paraguas le estorba y lo deja olvidado en el suelo. la negociación dura dos minutos. infructuosa esta vez. el conductor se aleja. ella vuelve a caminar lento, buscando posibilidades de nuevo entre los autos que a esta hora en domingo escasean cada vez más.
volteo en busca de una desgarradora aseveración de mi acompañante. no hay ninguna. en mi arrobamiento me quedé sólo.
es entonces cuando avanzo un poco, me detengo y bajo la ventanilla...
REY
-creo que hasta las prostis deberían tener pudor. todos lo tenemos. mira que estar en plena calle cerca del metro Buenavista alas 12:25 de la madrugada, con sendas botas negras, chaqueta entallada y el culo al aire. eso sí que es una verguenza.
eso me dijo, y no pude más que soltar la carcajada. quien no enseña no vende, le respondí. un lugar común que se no ha perdido vigencia pese a lo recurrente de su uso.
todos los días pasamos por ahí y es un desfile de sexoservidoras que no varía. siempre las mismas caras y atuendos. sólo cambian según la hora del día. cerca de las cuatro de la tarde los escotes son más pronunciados en tanto que de noche el destape es de la cintura para abajo. como una metáfora de nudistas nocturnos, se apoderan de las esquinas, o intercalles para abordar los autos.
esta vez falló. la luz roja del semáforo permitó ver la escena completa. ella camina con un paraguas negro, pese a que no cae una sola gota de lluvia, gira sobre su eje y simula estar en una pasarela de moda. su pelo negrísimo y largo cae sobre su espalda. lo balancea igual que sus manos al iniciar el escarceo. ha visto la posibilidad de un cliente con sólo mirar de lejos el auto. da una vuelta más y muestra sus trasero impecable. la obscuridad y la lejanía oculta las posibles imperfecciones. a 50 metros de distancia no hay celulitis ni flacidez, no hay estrías. sigue moviendo sus largas piernas encima de los tacones con 10 cm de altura.
acertó. el auto compacto se detiene y baja el vidrio. se asegura de que la observe por detrás y lento se da vuelta. apoya los brazos en la ventanilla del copiloto. el paraguas le estorba y lo deja olvidado en el suelo. la negociación dura dos minutos. infructuosa esta vez. el conductor se aleja. ella vuelve a caminar lento, buscando posibilidades de nuevo entre los autos que a esta hora en domingo escasean cada vez más.
volteo en busca de una desgarradora aseveración de mi acompañante. no hay ninguna. en mi arrobamiento me quedé sólo.
es entonces cuando avanzo un poco, me detengo y bajo la ventanilla...
REY
martes, 15 de septiembre de 2009
el café y el violín
Fui a por ella a un edificio viejo, oscuro, con elevadores que tendrán más de 80 años. de ahí caminamos hacia la farmacia que surtiría su receta, me la llevé con todo y sus males (que son muchos) caminando hacia el café de viejitos, ese que está en antonio caso. capuchino ella. americano yo. dos banderillas cada una. deliciosas...pero a mitad de una mordida se aparecio él tocando un violín. tan quedito sonaba a sólo unos pasos de la mesa, que levanté la mirada y chocamos los ojos. él tocando, yo bebiendo café.
americano yo, él con su violín.
casi al final de la tonada que parecía alegre pero conforme avanzaba se volvió triste, unas enormes ganas de llorar vinieron a mí sin que las llamara. al terminar se acercó y le di la moneda. volvió a mirarme, se detuvo un instante y se fue.
américano yo, capuchino ella, se sorbieron en silencio. luego todo siguió como si nada hubiera pasado.
REY
americano yo, él con su violín.
casi al final de la tonada que parecía alegre pero conforme avanzaba se volvió triste, unas enormes ganas de llorar vinieron a mí sin que las llamara. al terminar se acercó y le di la moneda. volvió a mirarme, se detuvo un instante y se fue.
américano yo, capuchino ella, se sorbieron en silencio. luego todo siguió como si nada hubiera pasado.
REY
martes, 18 de agosto de 2009
pesadillas
hace mucho que no tenía una. es más hasta llegué a pensar que se habían alejado por completo de mi nivel de sueños. incluso intuí en un arrebato de vanidad, que ascendía a un nivel supremo en el que no había por qué tener desaveniencias cuando la conciencia se perdía más allá de la medianoche. cosa más alejada y por demás pretenciosa. los humanos, humanos somos y con nuestros sueños buenos y malos hemos de sobrevivir desde el inicio de nuestra vida y hasta su conclusión.
en esas estaba ayer por la noche, cuando tras tomarme un par de tacitas de café intenté ver una película sin éxito, pues el formato pirata no fue accesible al dvd original; desistí en el intento, mala señal, pues en la televisión que no es de paga, por cierto, la oferta no era demasiado atractiva, una conversación con un filósofo en un canal y en otro un programa de sobrevivientes a grandes catástrofes mundiales. ninguno sirvió para arrullarme. la infusión había hecho de las suyas.
apagué el aparato e intenté en vano conciliar un sueño. nada. una vuelta, otra más y sólo los ruidos de mis vecinos que no cesaron hasta más allá de las 2 de la madrugada.
luego vino el climax que no culminó sino hasta que me vi envuelta en un sueño de esos interminables: yo manejando un coche en subidas y bajadas. yo bajando en una casa que no es la mía pero que la asumo como tal; de pronto viene la petrificación. mi cuerpo, todo se inmoviliza y una muñeca se prende de mi cintura. se abraza y es imposible separarme de ella. el éxtasis de terror sobreviene entonces y empiezo a gritar sin voz. escucho mis sonidos sólo con guturaciones.
despierto con gritos de ella que duerme a mi lado y que me incita a regresar. en la confusión pienso que soy yo misma y que le llamo a su abuela y que soy a la vez yo.
yo en mi madre que siempre tenía pesadillas y a quien yo despertaba, no sin un escalofrío intenso y un miedo irremediable. aquello era como si la trajera de otro mundo, como si de no hacerlo ella corriera el riesgo de perderse en esos sueños angustiosos que la acompañaban por lo menos una vez a la semana.
así regresé ayer, con esa sensación entumeciéndome el cuerpo. ella me salvó, como yo alguna vez salvé a mi madre de perderse en ese marasmo de sueños irremediables y recurrentes, de los que al parecer soy heredera.
rey
en esas estaba ayer por la noche, cuando tras tomarme un par de tacitas de café intenté ver una película sin éxito, pues el formato pirata no fue accesible al dvd original; desistí en el intento, mala señal, pues en la televisión que no es de paga, por cierto, la oferta no era demasiado atractiva, una conversación con un filósofo en un canal y en otro un programa de sobrevivientes a grandes catástrofes mundiales. ninguno sirvió para arrullarme. la infusión había hecho de las suyas.
apagué el aparato e intenté en vano conciliar un sueño. nada. una vuelta, otra más y sólo los ruidos de mis vecinos que no cesaron hasta más allá de las 2 de la madrugada.
luego vino el climax que no culminó sino hasta que me vi envuelta en un sueño de esos interminables: yo manejando un coche en subidas y bajadas. yo bajando en una casa que no es la mía pero que la asumo como tal; de pronto viene la petrificación. mi cuerpo, todo se inmoviliza y una muñeca se prende de mi cintura. se abraza y es imposible separarme de ella. el éxtasis de terror sobreviene entonces y empiezo a gritar sin voz. escucho mis sonidos sólo con guturaciones.
despierto con gritos de ella que duerme a mi lado y que me incita a regresar. en la confusión pienso que soy yo misma y que le llamo a su abuela y que soy a la vez yo.
yo en mi madre que siempre tenía pesadillas y a quien yo despertaba, no sin un escalofrío intenso y un miedo irremediable. aquello era como si la trajera de otro mundo, como si de no hacerlo ella corriera el riesgo de perderse en esos sueños angustiosos que la acompañaban por lo menos una vez a la semana.
así regresé ayer, con esa sensación entumeciéndome el cuerpo. ella me salvó, como yo alguna vez salvé a mi madre de perderse en ese marasmo de sueños irremediables y recurrentes, de los que al parecer soy heredera.
rey
martes, 11 de agosto de 2009
buenas maneras
Quizá sea mucho pedir que si la mañana que hace afuera está repleta de un cielo extremadamente azul y un sol por demás veraniego, las palabras que nos salgan estén llenas de al menos, buenas maneras. Salgo de casa en busca de una prueba y me tranquilizo caminando por la Alameda, llena de perros y dueños recogiendo heces en intermitencias. Nadie da los buenos días. Ocupados están en las gracias que hacen y hasta dejan un poco que sus mascotas "platiquen" entre ellos.
Luego el super. Caminar entre pasillos y elegir víveres y cosas de extrema importancia para la vida diaria, jabón, pan, un poco de vino, queso. cereal. no se oye ninguna voz. nadie platica. En un horrible vértigo de desconcierto hay que acercarse con el acomodador que sin responder apenas te señala el pasillo que te lleva a los hot cakes. La del jamón se desespera por si no te has decidido si de pavo o de pierna, que si ahumado o natural. Te mira con ojos de hartazgo y eso que no son más allá de las 10 de la mañana.
Luego el del la fila y la cajera y la señora que quiere meterse quesque porque lleva menos cosas que tu carro repleto.
Mi turno en la fila está a punto de llegar a su punto final cuando su voz llega desde el lugar posterior al mío:
-!Si se lo mete a la boca, Yo te lo meto por el culo!...
Es una mujer joven. El aludido, chavo también, carga en sus brazos a un crio pequeño en una especie de canguro, como de escasos cuatro meses que tiene en sus manos un no sé qué. Se lo quita y siguen hablando de la fila y las cosas que habrán de hacer en cuanto lleguen a casa. Se besan.
Aguanto la curiosidad y tras poner todas las compras sobre la antesala de la caja, volteo. Los veo besarse y luego acariciar al bebé.
La de cosas que se ven en la calle; mejor aún, que se oyen...
REY
Luego el super. Caminar entre pasillos y elegir víveres y cosas de extrema importancia para la vida diaria, jabón, pan, un poco de vino, queso. cereal. no se oye ninguna voz. nadie platica. En un horrible vértigo de desconcierto hay que acercarse con el acomodador que sin responder apenas te señala el pasillo que te lleva a los hot cakes. La del jamón se desespera por si no te has decidido si de pavo o de pierna, que si ahumado o natural. Te mira con ojos de hartazgo y eso que no son más allá de las 10 de la mañana.
Luego el del la fila y la cajera y la señora que quiere meterse quesque porque lleva menos cosas que tu carro repleto.
Mi turno en la fila está a punto de llegar a su punto final cuando su voz llega desde el lugar posterior al mío:
-!Si se lo mete a la boca, Yo te lo meto por el culo!...
Es una mujer joven. El aludido, chavo también, carga en sus brazos a un crio pequeño en una especie de canguro, como de escasos cuatro meses que tiene en sus manos un no sé qué. Se lo quita y siguen hablando de la fila y las cosas que habrán de hacer en cuanto lleguen a casa. Se besan.
Aguanto la curiosidad y tras poner todas las compras sobre la antesala de la caja, volteo. Los veo besarse y luego acariciar al bebé.
La de cosas que se ven en la calle; mejor aún, que se oyen...
REY
viernes, 24 de julio de 2009
De viernes...
She moves like she don't care
Smooth as silk
Cool as air
Oooh it makes you wanna cry
She doesn't know your name and your heart beats like a subway train
Oooh it makes you wanna die
Oooh don't you wanna take her?
Wanna' make her all your own?
Maria
You've gotta see her
Go insane and out of your mind
Latina
Ave Maria
A million and one candlelights
I've seen this thing before
In my best friends and the boy next door
Fool for love and full of fire
Won't come in from the rain
She's oceans running down the drain
Blue as ice and desire
Don't you wanna make her?
Oooh don't you wanna take her home?
Maria
You've gotta see her
Go insane and out of your mind
Latina
Ave Maria
A million and one candlelights
Oooh don't you wanna break her?
Oooh don't you wanna take her home?
She walks like she don't care
You wanna take her everywhere
Oooh it makes you wanna cry
She's like a millionaire
Walking on imported air
Oooh it makes you wanna die
Maria
You've gotta see her
Go insane and out of your mind
Latina
Ave Maria
A million and one candlelights
Maria
You've gotta see her
Go insane and out of your mind
Regina
Ave Maria
A million and one candlelights
Maria
You've gotta see her
Go insane and out of your mind
Regina
Ave Maria
A million and one candlelights
Maria
You've gotta see her
Go insane and out of your mind
Regina
Ave Maria
A million and one candlelights
domingo, 19 de julio de 2009
surrealistas somos todos
edito ahora mismo una crónica que narra cómo una pareja de argentinos ancianos paseaba en su coche cuando fueron teletransportados de manera inexplicable de alguna carretera de su país a la ciudad de mexico. toda la tarde he buscado una explicación del por qué ocurrió ese raro suceso.
me sorprende, me inquieta, y eso que sucedió por ahí de 1968; por qué vinieron a parar aquí y no a costa rica, o a chile, o a panamá.
:Vivo en méxico y el surrealismo impregna todos los aspectos de nuestra vida diaria. quizá comenzó a invadirnos desde aquella historia que cuentan sobre la silla de patas irregulares que fue entregada creo que a André Breton, por un carpintero que creyó que ese dibujo en perspectiva requería de una hechura idéntica a la del esbozo en papel hecha por el artista. esa podría ser una razón, creo.
conformamos tan disímbolo y excéntrico país, que podemos escuchar en el diario televisado que en un asesinato se consultó a una médium para que revelará el paradero de los huesitos enterrados en una finca abandonada. La historia de "La Paca", dio la vuelta por toda nuestra vida diaria he hizo sin duda, que los espiritistas incrementaran sus niveles de audiencia y clientes. ellos en todo caso deberían estar agradecidos.
pero, un poco más reciente podemos ver, o escuchar más preciso, como el jefe de un cártel de droga puede libre y dueño completo de la situación, hablar a un noticiario y decir cosas al presidente en un tono que ni su gabinete es capaz de utilizar. en una franca charla de compadres, le pide que le deje hacer su chamba y que él también hará lo mismo. yo voy por la ilegalidad, usted me persigue, pero respetando siempre los acuerdos que entre caballeros tienen que existir. vaya cosa.
tranquilo y con un acento provinciano, manda decir a la ciudadanía que su deber es cuidarla, que no le hará ningún daño, y en el punto más intenso de la conversación, reclama por qué nada más los atacan a ellos, pobres e indefensos traficantes, cuando existen otros cárteles más peligrosos. eso dice. el espacio, que logra ese canal local seguro hará que suba su rating y se extiende hasta donde el señor quiere hablar. cómo desperdiciar la oportunidad...
"mi corazón es noble", dice, y el conductor asiente levemente, sabe de sobra lo que le redituará haber sido coprotagonista de ese momento, luego diría: "no me dio miedo hablar con él"...
en otro momento, todo en la misma semana, podemos escuchar a un secuestrador exculpar a otros de un plagio y asumir toda la culpa del asesinato de un chavito de lana. cuenta su experiencia de ver por tele a los otros sabiendo que él había hecho el trabajo sucio. dice que la banda contraria, no tuvo nada que ver y que ellos, con un nombre rimbombante y todo, son los únicos responsables. ¿hay en su rostro el menor asomo de temor, arrepentimiento, zozobra por estar próximo a enfrentar una larga condena en la cárcel? nada parece intranquilizar su vida. enumera las formas, los asesinatos y tiene tiempo de decir que las autoridades de la ciudad se equivocaron. lo deja bien claro, y aunque no lo dice, da su apoyo completo al gobierno federal. qué más se puede pedir?
en uno más, para rematar la semana. cae un puente en los límites de tabasco y veracruz, varios autos se van al agua. hay tres muertos, la cifra sube luego ocho, luego baja a tres, luego a uno; finalmente sobreviven tres, ese fue el parte final. el gobernador encargado de la juridicción de ese tramo dice, sí hay tres cuerpos, pero vivos que hemos rescatado; hoy tres días después, curiosamente el mismo número manejado al principio, se dice que fue sólo uno. habrá que ir a preguntar al ahogado, si es que se ahogó.
después de estos pequeños visos, cómo pedir entonces qué aquella pareja provenientes de la patagonia pudieran haber llegado a un lugar distinto. cómo...
REY
me sorprende, me inquieta, y eso que sucedió por ahí de 1968; por qué vinieron a parar aquí y no a costa rica, o a chile, o a panamá.
:Vivo en méxico y el surrealismo impregna todos los aspectos de nuestra vida diaria. quizá comenzó a invadirnos desde aquella historia que cuentan sobre la silla de patas irregulares que fue entregada creo que a André Breton, por un carpintero que creyó que ese dibujo en perspectiva requería de una hechura idéntica a la del esbozo en papel hecha por el artista. esa podría ser una razón, creo.
conformamos tan disímbolo y excéntrico país, que podemos escuchar en el diario televisado que en un asesinato se consultó a una médium para que revelará el paradero de los huesitos enterrados en una finca abandonada. La historia de "La Paca", dio la vuelta por toda nuestra vida diaria he hizo sin duda, que los espiritistas incrementaran sus niveles de audiencia y clientes. ellos en todo caso deberían estar agradecidos.
pero, un poco más reciente podemos ver, o escuchar más preciso, como el jefe de un cártel de droga puede libre y dueño completo de la situación, hablar a un noticiario y decir cosas al presidente en un tono que ni su gabinete es capaz de utilizar. en una franca charla de compadres, le pide que le deje hacer su chamba y que él también hará lo mismo. yo voy por la ilegalidad, usted me persigue, pero respetando siempre los acuerdos que entre caballeros tienen que existir. vaya cosa.
tranquilo y con un acento provinciano, manda decir a la ciudadanía que su deber es cuidarla, que no le hará ningún daño, y en el punto más intenso de la conversación, reclama por qué nada más los atacan a ellos, pobres e indefensos traficantes, cuando existen otros cárteles más peligrosos. eso dice. el espacio, que logra ese canal local seguro hará que suba su rating y se extiende hasta donde el señor quiere hablar. cómo desperdiciar la oportunidad...
"mi corazón es noble", dice, y el conductor asiente levemente, sabe de sobra lo que le redituará haber sido coprotagonista de ese momento, luego diría: "no me dio miedo hablar con él"...
en otro momento, todo en la misma semana, podemos escuchar a un secuestrador exculpar a otros de un plagio y asumir toda la culpa del asesinato de un chavito de lana. cuenta su experiencia de ver por tele a los otros sabiendo que él había hecho el trabajo sucio. dice que la banda contraria, no tuvo nada que ver y que ellos, con un nombre rimbombante y todo, son los únicos responsables. ¿hay en su rostro el menor asomo de temor, arrepentimiento, zozobra por estar próximo a enfrentar una larga condena en la cárcel? nada parece intranquilizar su vida. enumera las formas, los asesinatos y tiene tiempo de decir que las autoridades de la ciudad se equivocaron. lo deja bien claro, y aunque no lo dice, da su apoyo completo al gobierno federal. qué más se puede pedir?
en uno más, para rematar la semana. cae un puente en los límites de tabasco y veracruz, varios autos se van al agua. hay tres muertos, la cifra sube luego ocho, luego baja a tres, luego a uno; finalmente sobreviven tres, ese fue el parte final. el gobernador encargado de la juridicción de ese tramo dice, sí hay tres cuerpos, pero vivos que hemos rescatado; hoy tres días después, curiosamente el mismo número manejado al principio, se dice que fue sólo uno. habrá que ir a preguntar al ahogado, si es que se ahogó.
después de estos pequeños visos, cómo pedir entonces qué aquella pareja provenientes de la patagonia pudieran haber llegado a un lugar distinto. cómo...
REY
martes, 14 de julio de 2009
lunes, 29 de junio de 2009
Las Batallas en taxi, de José Emilio

Él dice...
"Para bien o para mal soy un producto de esta ciudad. Todo lo que he hecho y he dejado de hacer es consecuencia de ello. La ciudad de México fue mi cuna, es mi casa y será mi sepulcro. Estoy unido a ella por un lazo indisoluble".
sigue...
Ser habitante de la ciudad de México "es un calvario, y ser escritor, en cambio, es un tesoro y un desafío".
Digo yo:
Soy lectora recelosa con los poetas, en parte porque temo no entender bien a bien sus metáforas y otro tanto porque noto cierto aire presuntuso en sus líneas. En cambio soy de extrema facilidad cuando de prosa se trata. Pero cuando existen frases como las citadas arriba, en las que prosa y poesía se unen en un amorío seductor, no puedo más que, postrarme ante usted señor José Emilio Pacheco.
"fue mi cuna, es mi casa y será mi sepulcro..."
REY
domingo, 28 de junio de 2009
¿Imitación? Da igual.
Todo el año ha esperado este día. Como “desde hace 31”, dice. Aunque a leguas se ve que no había nacido en 1978. Es solidario con su gremio, su grupo… y se mimetizará por la tarde, noche. Habla y su tono es igual que su rostro, aniñado. Aun con eso y sus cejas depiladas imita seriedad. En cada palabra, aprieta los labios, levanta la expresión. Exagera, gesticula. Como cuando toma las tijeras, las alza y cuenta con gran escándalo que en el gimnasio se metió un “éxtasis” para aguantar todo el peso. La Marcha del Orgullo se llevará a cabo en dos horas más. Pero se ha levantado hace cuatro. Tiene lo que necesita, lo compró en uno de los mercados de baratijas de la ciudad. Doscientos pesos, su presupuesto. Aun en casa sus movimientos son exagerados. Con manos pequeñas, dando una rigidez extrema acaricia las medietas verdes, con cuidado de no romperlas. Ya con el payasito pegado a sus 45 kilos de peso se mira. Frente al espejo ve su estómago plano pero flácido, no le desagrada. Sus hombros delicados, sin un sólo vello el pecho y apenas marcados los músculos, coquetean con la imagen. Moreno todo, enseña los labios carnosos, ve sus nalgas, pequeñas, abultadas, redondas. No resiste. Lanza un beso. Falda corta, zapatos que miden 22 cm y antifaz que completan el disfraz, irán en la mochila D&G que no es original, es imitación. Da igual. Cómo igual da que lo llamen “marica” o “puto” cuando sale a barrer la calle todos los días afuera de la estética.
REY
REY
martes, 9 de junio de 2009
Pa quitarse la espinita...
Ese día hizo tanto aire que las antenas parabólicas de los techos se despegaron de sus
bases y volaron para ir a estamparse al piso. La ropa tendida en las azotehuelas quedó en el patio central tapizando de blanco y color todo el piso. Una alfombra dispuesta, que pronto fue quitada por las mujeres que corrieron, algunas descalzas, por entre las escaleras.
Se formó un aquelarre que disputaba sin sentido la pertenencia de las camisetas blancas que sus maridos habrían de ponerse para ir al siguiente día a buscarse la vida.
Mal les hizo a todos ver la película de Almodovar. La pusieron en el salón de juntas casi por error, y cuando se dieron cuenta, la historia había atrapado a la mayoría. Vieron los vecinos la cinta y ahora que cada vez que corre, por leve que sea, el airecillo, se piensa en la locura que puede atrapar pensamientos y voltearlos de un lado a otro hasta hacer que la cordura se vaya a un lugar más adecuado.
Pero eso no pasa, o no pasaba, en esta unidad habitacional clasemediera en la que por cada edificio, hay seis, se apilan 36 departamentos de 60 metros con tres ventanas y un boquete que da a la calle, te permite ver desde el cuarto piso, todo lo que pasa en el estacionamiento. Cientos de autos parados el domingo y entre semana de noche. De día casi vacío. Eso no pasa cuando falta el dinero y cada vez más son los desempleados que se bajan de sus departamentos por la mañana a comprar el diario en búsqueda de una "chamba" que les alcance para vivir.
La locura no existe aquí, ni la ficción, ni la fantasía. Todo está lleno de realidad. Tangible y sinsabora (de existir la palabra). Lleva a todos por caminos distintos que coinciden en cierto momento cuando desde hace unos días, el aire se vuelve uno de los temas de conversación en los cotilleos.
Optaron como medida extrema permanecer con las ventanas cerradas y asegurar sus ropas con decenas de ganchillos para evitar que se fuera de nuevo.
Se pertrechan en sus casas malolientes a falta de ventilación y esperan las seis de la tarde, hora en que el aire vuelve, desde hace seis días, y da un recorrido incesante por toda la unidad. Sube, baja, da vueltas, esperando un descuido y llevarse las ropas. Las antenas no las volvieron a poner. Varios carros despostillados fueron suficientes para dejarlos sin ganas de ver tele por cable.
Desde mi casa los observo. Hoy es sábado y varias cervezas los envalentonan. Se enfrentarán con un enemigo sin rostro ni cuerpo que los azota y no los deja salir de casa. Tratarán de atraparlo con una manta cocida y enorme que funcionará a manera de velamen. Se preparan, todos hombres, esperan.
Llega puntual, empieza a recorrer cada centímetro de los edificios. Un remolino imparable. La manta de varios metros se empieza a levantar del piso con muchas manos alrededor sosteniendo. Intentan contenerlo.
Sus caras sorprendidas. Los pies se levantan y en un segundo cuelgan sostenidos por el trozo de tela que les había tocado. Suspendidos, se elevan, se elevan, se elevan... Se pierden. No hay ruido. Expectación quizá un poco. Los que miramos esperamos ver cómo caen y se destrozan los cuerpos al azotar.
Nada. Se alejan como en un gran globo. Se van. Las mujeres quedan tras las ventanas.
Sólo pa quitarse la espinita, y no sentirse culpables, de vez en cuando a las seis en punto, sin nada mejor que hacer se asoman, quién sabe si esperando su regreso...
REY
bases y volaron para ir a estamparse al piso. La ropa tendida en las azotehuelas quedó en el patio central tapizando de blanco y color todo el piso. Una alfombra dispuesta, que pronto fue quitada por las mujeres que corrieron, algunas descalzas, por entre las escaleras.
Se formó un aquelarre que disputaba sin sentido la pertenencia de las camisetas blancas que sus maridos habrían de ponerse para ir al siguiente día a buscarse la vida.
Mal les hizo a todos ver la película de Almodovar. La pusieron en el salón de juntas casi por error, y cuando se dieron cuenta, la historia había atrapado a la mayoría. Vieron los vecinos la cinta y ahora que cada vez que corre, por leve que sea, el airecillo, se piensa en la locura que puede atrapar pensamientos y voltearlos de un lado a otro hasta hacer que la cordura se vaya a un lugar más adecuado.
Pero eso no pasa, o no pasaba, en esta unidad habitacional clasemediera en la que por cada edificio, hay seis, se apilan 36 departamentos de 60 metros con tres ventanas y un boquete que da a la calle, te permite ver desde el cuarto piso, todo lo que pasa en el estacionamiento. Cientos de autos parados el domingo y entre semana de noche. De día casi vacío. Eso no pasa cuando falta el dinero y cada vez más son los desempleados que se bajan de sus departamentos por la mañana a comprar el diario en búsqueda de una "chamba" que les alcance para vivir.
La locura no existe aquí, ni la ficción, ni la fantasía. Todo está lleno de realidad. Tangible y sinsabora (de existir la palabra). Lleva a todos por caminos distintos que coinciden en cierto momento cuando desde hace unos días, el aire se vuelve uno de los temas de conversación en los cotilleos.
Optaron como medida extrema permanecer con las ventanas cerradas y asegurar sus ropas con decenas de ganchillos para evitar que se fuera de nuevo.
Se pertrechan en sus casas malolientes a falta de ventilación y esperan las seis de la tarde, hora en que el aire vuelve, desde hace seis días, y da un recorrido incesante por toda la unidad. Sube, baja, da vueltas, esperando un descuido y llevarse las ropas. Las antenas no las volvieron a poner. Varios carros despostillados fueron suficientes para dejarlos sin ganas de ver tele por cable.
Desde mi casa los observo. Hoy es sábado y varias cervezas los envalentonan. Se enfrentarán con un enemigo sin rostro ni cuerpo que los azota y no los deja salir de casa. Tratarán de atraparlo con una manta cocida y enorme que funcionará a manera de velamen. Se preparan, todos hombres, esperan.
Llega puntual, empieza a recorrer cada centímetro de los edificios. Un remolino imparable. La manta de varios metros se empieza a levantar del piso con muchas manos alrededor sosteniendo. Intentan contenerlo.
Sus caras sorprendidas. Los pies se levantan y en un segundo cuelgan sostenidos por el trozo de tela que les había tocado. Suspendidos, se elevan, se elevan, se elevan... Se pierden. No hay ruido. Expectación quizá un poco. Los que miramos esperamos ver cómo caen y se destrozan los cuerpos al azotar.
Nada. Se alejan como en un gran globo. Se van. Las mujeres quedan tras las ventanas.
Sólo pa quitarse la espinita, y no sentirse culpables, de vez en cuando a las seis en punto, sin nada mejor que hacer se asoman, quién sabe si esperando su regreso...
REY
¿Banal? Un poco, sí...
Encontré esta canción sin buscarla. Mera circunstancia del destino. Exacto como cuando en W-Radio se presentó él, guapísimo, a una entrevista. Un beso y un autógrafo, (más banal aún) fueron unas de los pequeñas grandes cosas que ahí pasaron. Del resto ni acordarse o tal vez sí, nada hay que olvidar de todo lo que nos pasa en la vida. Pero de eso quizá un recuento en otra ocasión. Hoy sólo dos canciones, para aliviar el pesar.
REY
aspira profundo

Así como se debería escoger el lugar en donde uno quiere vivir con toda libertad y sin restricción alguna, debiera existir la posibilidad de elegir al que se desea ir al morir. No siempre se puede. Otros lo hacen por uno, incluso después de que pierdes la capacidad de elección. Conozco, o bueno, conocí a una señora que pidió expresamente no ser enterrada junto a su marido, y sus hijos en un arranque de absoluta indiferencia a sus deseos y bajo pretexto de unión familiar, la cremaron y pusieron en una urna junto al esposo. ahora conviven y si no lo hacen al menos escuchan sus nombres con una "y" de por medio cuando alguien pasa junto a la pared donde están ahora y los repite. Los hijos también quisieron que conservara su apellido de casada.
Estuve en este panteón hace ya varios años. En un cortejo fúnebre bastante precario por las pocas personas que acudieron, el ataúd fue sostenido por hombres que conocieron o amaron a la que dentro permanecía, quién sabe si descansando. Quizá sí, tuvo una agonía larga con un cáncer que iba carcomiéndole las entrañas. Cualquier sitio debe ser bueno cuando uno no puede más con el dolor.
Para ese entonces yo ya le había perdido el miedo a estos lugares; de niña, adolescente y aún joven me entraba una paranoia intensa sólo al pasar por ahí. Entrar resultaba un extraño acontecimiento en la vida, lloraba incluso si no me ataba demasiado con el personaje en cuestión.
Ese día ya sin miedo me gustó estar. Tras una caminata propia de un recorrido triste, las calles y sus casas coloniales muy al estilo inglés, abrían sus ventanas o sus puertas. Por éstas se asomaban los colonos, con respeto al "muertito", se descubrían la cabeza los hombres, las mujeres se persignaban en señal de luto.
Luego de andar, desde el inicio mismo del pueblo hasta la cima de Real del Monte, con un frío que llegaba a cortar las mejillas pese al sol, llegamos. El lugar olvidado y descuidado soltaba un vaho helado que tranquilizaba el cuerpo. Varias veces me alejé para respirar profundo, sin que nadie notara. Una y otra vez lo hice, aspiraba todo el aire helado que mis pulmones pudieran tomar y luego lo soltaba de igual forma, lento. Enfríando cada célula del cuerpo con esas extrañas emanaciones de pinos altísimos y de muertos que ya no respiran.
Cuentan las historias que los mineros ingleses que vinieron llamados por los enormes yacimientos de metales del pueblo, trajeron consigo la receta de los pastes. Por la facilidad de mantenerse calientes, este alimento era devorado por los trabajadores dentro de los enormes boquetes tomándolos por una especie de trenza que se forma para cerrar la pasta. Esa parte, que tocaban sus manos era deshechada dentro de la mina para alimentar a los duendes que, según ellos mismos contaban, se refugiaban en el centro de la tierra. Para evitar que los molestaran les convidaban de su comida. Así todos podían ir y venir tranquilos.
Ese día incluso caminé por horas por entre las tumbas, todas de tierra y cubiertas o adornadas por desvencijadas lápidas y cruces deterioradas. Deteniéndome entre los caminitos llenos de lodo, trozos de piedras y un poco de hierba. Repetí los nombres y las fechas como si eso me diera la posibilidad de conocer sus historias. Era obvio que nunca las sabría.
Busqué a los duendes segura de que por ahí debían estar. Escondiendo huesos o celebrando a los mineros que una vez les dieron de comer; perdiendo a los incautos que se dejan llevar por el olor frío del viento en su nariz. No los vi pero su presencia se dejaba sentir en cada ráfaga de airecillo que daba contra cara.
Regresé. En la entrada está su lugar. Ella desde ese tiempo vive ahí, parece que sus hijos respetaron su gusto. Su tierra ya se confunde con la de todos los demás.
Lástima, cuando uno muere, no puede respirar más ese aire fresco, limpio, suave, tranquilizador... hasta saciar las entrañas.
REY
viernes, 29 de mayo de 2009
Elegiría...

Si me preguntaran qué lugar habría de elegir para vivir, no dudaría un segundo en decir que en una calle como ésta. Un día un poco caluroso y con ganas irresistibles de ver alguno que otro espectáculo, me metería en el Coliseo Romano. Vería a varios leones destazar a uno o dos hombres (tengo por ahí un par de candidatos) que aterrados correrían por todo el círculo mientras los espectadores dan el pase de salida a sus más bajos sentimientos.
Otro quzá dejaría que pasaran las horas y ya en la tarde, luego de andar y andar, me detendría en el Taj Mahal a la espera de oir a un niño, como los de las películas, contarme una romántica historia, con tal de que me dejaran caminar descalza y mojarme un poco los pies en esas fuentes.
Ese mismo día, me alcanzaría el tiempo para subir a la Torre Eifel y ya de noche, tomar un par de copas viendo cómo es que hacen los artistas (todo el que está ahí así se nombra) para detallar cada parte del monumento de hierro en un trozo de cartulina blanca y con una tiza y luego venderla por unas cuantas monedas.
Un poco de madrugada, caminaría hasta el Partenon y ahí esperaría una horas a que diera la luz de nuevo.
Para el desayuno habría un paradero de café para llevar, algo de pan y un jugo. Todo mi paquete lo llevaría hasta el Obelisco y me tiraría en el pasto cara al cielo para ver si lo alcanzo con sólo un tiro de vista.
Harta de sol y café, tomaría un bus hacia Hollywood y tomaría una foto al letrero. Sólo eso.
Luego caminaría por el Golden Gate, hasta donde me dieran las piernas, bajaría por las piedras de la bahía de San Francisco a esperar la noche y la iluminación que por esta vez no me dejaría buscar las estrellas.
Después? Después quizá salte a alguna de las azoteas herrumbrosas de los edificios de a lado. Viviría en Nueva York, y ahí, prácticamente se puede todo.
REY
jueves, 28 de mayo de 2009
El rescate
El tráfico se hizo intenso en un lugar a donde no es común que sea. Todos los conductores, incluyéndome a mí, se asomaban por las ventanillas para ver si podían avistar el motivo.
A lo lejos se alcanzaba a ver la torreta de un carro de bomberos. Sin ruido permanecía bloqueando casi por completo la pequeña calle de Sabino en Santa María la Ribera. Conforme avanzamos, todos pudimos ver que un par de hombres vestidos con su uniforme reglamentario del Heróico Cuerpo, se trepaban con la ayuda de una escalera a un árbol frondoso, pero a primera vista frágil.
Los vecinos se asomaban en bata y despeinados. En las aceras y dentro de los coches se respiraba una especie de tensión usual y mimetizada, natural en un lugar en donde no pasa prácticamente nada que altere su orden y día a día. Todos miraban hacia arriba.
En un momento, en el que nadie lo esperaba, salió de alguna puerta, corriendo una mujer descalza. Con leves gritos y una desesperación en los ojos, que se encontró en el camino con los míos, aventó una frazada al piso y levantó un pequeño bulto que había caído desde las alturas sin que nadie apenas lo notara.
Lo alzó con tanto cuidado que todos respiramos asustados. Desconocíamos qué podría ser, pues su inmenso cuerpo, el de la mujer, no permitía ver con exactitud su carga. Volteó un poco y buscó consuelo, ante la mirada impotente del bombero que aún estaba trepado entre la escalera y el árbol.
Conductores y mirones empezaron a avanzar lento. Regresando cada quien a lo suyo. Olvidando el rescate. Ella se quedó a un lado de la acera. Llorando a mares a su gato muerto, que seguro permanecería largo rato aún en sus brazos.
REY
A lo lejos se alcanzaba a ver la torreta de un carro de bomberos. Sin ruido permanecía bloqueando casi por completo la pequeña calle de Sabino en Santa María la Ribera. Conforme avanzamos, todos pudimos ver que un par de hombres vestidos con su uniforme reglamentario del Heróico Cuerpo, se trepaban con la ayuda de una escalera a un árbol frondoso, pero a primera vista frágil.
Los vecinos se asomaban en bata y despeinados. En las aceras y dentro de los coches se respiraba una especie de tensión usual y mimetizada, natural en un lugar en donde no pasa prácticamente nada que altere su orden y día a día. Todos miraban hacia arriba.
En un momento, en el que nadie lo esperaba, salió de alguna puerta, corriendo una mujer descalza. Con leves gritos y una desesperación en los ojos, que se encontró en el camino con los míos, aventó una frazada al piso y levantó un pequeño bulto que había caído desde las alturas sin que nadie apenas lo notara.
Lo alzó con tanto cuidado que todos respiramos asustados. Desconocíamos qué podría ser, pues su inmenso cuerpo, el de la mujer, no permitía ver con exactitud su carga. Volteó un poco y buscó consuelo, ante la mirada impotente del bombero que aún estaba trepado entre la escalera y el árbol.
Conductores y mirones empezaron a avanzar lento. Regresando cada quien a lo suyo. Olvidando el rescate. Ella se quedó a un lado de la acera. Llorando a mares a su gato muerto, que seguro permanecería largo rato aún en sus brazos.
REY
miércoles, 20 de mayo de 2009
Hoy
hoy todo el día, o gran parte, fuera de casa. hoy, día de emociones encontradas
de despedidas, de soledades, de alicientes, de miles de sentimientos que he ido
descubriendo que puedo sentir en estos meses.
ninguna menos intensa que la otra. todas igual de ensordecedoras; cuando hay alegría quiero saltar y reír como una loca a la que le han propinado una buena carga de antidepresivos; cuando lloro es como si me hubieran quitado la dosis exacta y mis ojos se llenan de lágrimas y de sin sentidos que buscan cerrarse por siempre; cuando duermo es, supongo, un resultado parecido al de una buena descarga de electroshocks que me permite sólo mantenerme un poco en pie.
así ha sido toda esta temporada. toda entera.
volteo atrás y veo una estela interminable, no borro nada. arrepentirse sería lo
equivalente a entablar una lucha interna fútil, que no haría más que deshacer y
desvirtuar lo vivido. no. me quedo con todo.
REY
de despedidas, de soledades, de alicientes, de miles de sentimientos que he ido
descubriendo que puedo sentir en estos meses.
ninguna menos intensa que la otra. todas igual de ensordecedoras; cuando hay alegría quiero saltar y reír como una loca a la que le han propinado una buena carga de antidepresivos; cuando lloro es como si me hubieran quitado la dosis exacta y mis ojos se llenan de lágrimas y de sin sentidos que buscan cerrarse por siempre; cuando duermo es, supongo, un resultado parecido al de una buena descarga de electroshocks que me permite sólo mantenerme un poco en pie.
así ha sido toda esta temporada. toda entera.
volteo atrás y veo una estela interminable, no borro nada. arrepentirse sería lo
equivalente a entablar una lucha interna fútil, que no haría más que deshacer y
desvirtuar lo vivido. no. me quedo con todo.
REY
lunes, 18 de mayo de 2009
Mario Benedetti
(estoy totalmente en contra de que a los autores se les
empiece a leer luego que mueren, pero acabo de oir este
poema en su voz. hoy un día después. No hubo antes otra
ocasión, bueno sí, una Tregua, esa sí que me gustó.)
Táctica y estrategia
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.
Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.
Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos.
Mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos.
Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple.
Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.
empiece a leer luego que mueren, pero acabo de oir este
poema en su voz. hoy un día después. No hubo antes otra
ocasión, bueno sí, una Tregua, esa sí que me gustó.)
Táctica y estrategia
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.
Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.
Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos.
Mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos.
Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple.
Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.
martes, 12 de mayo de 2009
Tres veces (Lucha de gigantes)
Iba en la secundaria cuando todos los en ese entonces todavía niños, nos despegábamos de casa para ir en pos de un lugar con música. Cigarros y cerveza se asomaban tímidamente al no haber ninguna presencia maternal dentro del resguardo prestado.
Quizá ahí la oí por primera vez. Sonaba como una especie de protesta que se enmarcaba bien en nuestra época. La letra creo que nadie la entendía. Nos contentábamos con no escuchar a las flans y aparentar bien que no nos gustaban lass letras pegajosas que no tenían mayor profudidad. Ilusos e ilusionados, ellos con las caderas que se nos iban formando y nosotras con los ojos seductores con los que nos miraban, relegábamos la música. Eramos adolescentes.
Tiempo después volvió en una película mexicana, "amores perros", ahí la letra en una conjunción con imágenes, cobró un poco de sentido. La continua batalla entre las fuerzas. Un binomio intrínseco y a la vez inseparable.
La tercera se volvió casi una obsesión al escucharla en una computadora y asociarla con la lucha continua y cotidiana por vivir. Se me pegó en el alma.
Los ochenta se acabaron. Mi adolescencia también. Su vocalista ha muerto. Un dos tres por mí y por todos mis amigos que la escucharon.
Gigantes todos o luchadores sin sentido. Eso último debe ser.
REY
Quizá ahí la oí por primera vez. Sonaba como una especie de protesta que se enmarcaba bien en nuestra época. La letra creo que nadie la entendía. Nos contentábamos con no escuchar a las flans y aparentar bien que no nos gustaban lass letras pegajosas que no tenían mayor profudidad. Ilusos e ilusionados, ellos con las caderas que se nos iban formando y nosotras con los ojos seductores con los que nos miraban, relegábamos la música. Eramos adolescentes.
Tiempo después volvió en una película mexicana, "amores perros", ahí la letra en una conjunción con imágenes, cobró un poco de sentido. La continua batalla entre las fuerzas. Un binomio intrínseco y a la vez inseparable.
La tercera se volvió casi una obsesión al escucharla en una computadora y asociarla con la lucha continua y cotidiana por vivir. Se me pegó en el alma.
Los ochenta se acabaron. Mi adolescencia también. Su vocalista ha muerto. Un dos tres por mí y por todos mis amigos que la escucharon.
Gigantes todos o luchadores sin sentido. Eso último debe ser.
REY
lunes, 11 de mayo de 2009
hay de oficios a oficios
Antes y ahora con un poco más de fuerza, todo periodista que se precia de ser algo más que un reproductor de noticias aspira a ser un buen escritor. Que tendrá, si así el destino y los aires le son favorables, un libro con su nombre o seudónimo en las manos, publicado en una editorial, cualquiera que ésta sea.
De pronto, los espacios son acaparados por escritores que han basado su prestigio en profundos ensayos o crónicas que intentan mezclar su profundo conocimiento con la realidad que vive su país de residencia.
Está mal? por supuesto que no. He ahí una de las ramas de discusión entre el periodismo y la literatura. Ellos aprovechan las historias que se dan como fuente incabable, para enmarcarlas en sus contextos. el resultado no siempre es bueno, como tampoco siempre resulta cuando un periodista se mete sin permiso a redactar crónicas al alimón.
En otras tantas, y esas creo que hasta ahora han sido las más surgen híbridos interesantes que hacen pensar en la posibilidad cercana de entremezclar ambos géneros sin que eso cause escozor.
El escritor, (al menos los que me ha tocado leer hasta el momento) toma notas de los periodistas y las convierten en crónicas. Viceversa, puede también que sea. El periodista en el mejor de los casos, lee y tomará alguno que otro recurso narrativo para contar.
La desventaja sin embargo es un poco más marcada. El espacio y la prontitud con que pasan los hechos da al escritor un amplio margen de adelanto. Al resguardo de su casa u oficina puede ver crecer su crónica o artículo. En tanto que el reportero por más habilidad con la que cuente debe ceñirse al tiempo y al espacio de la página que le ha sido otorgada.
Los oficios son distintos, los tiempos también. Las herramientas iguales. ¿quién gana? sólo el lector, supongo.
REY
De pronto, los espacios son acaparados por escritores que han basado su prestigio en profundos ensayos o crónicas que intentan mezclar su profundo conocimiento con la realidad que vive su país de residencia.
Está mal? por supuesto que no. He ahí una de las ramas de discusión entre el periodismo y la literatura. Ellos aprovechan las historias que se dan como fuente incabable, para enmarcarlas en sus contextos. el resultado no siempre es bueno, como tampoco siempre resulta cuando un periodista se mete sin permiso a redactar crónicas al alimón.
En otras tantas, y esas creo que hasta ahora han sido las más surgen híbridos interesantes que hacen pensar en la posibilidad cercana de entremezclar ambos géneros sin que eso cause escozor.
El escritor, (al menos los que me ha tocado leer hasta el momento) toma notas de los periodistas y las convierten en crónicas. Viceversa, puede también que sea. El periodista en el mejor de los casos, lee y tomará alguno que otro recurso narrativo para contar.
La desventaja sin embargo es un poco más marcada. El espacio y la prontitud con que pasan los hechos da al escritor un amplio margen de adelanto. Al resguardo de su casa u oficina puede ver crecer su crónica o artículo. En tanto que el reportero por más habilidad con la que cuente debe ceñirse al tiempo y al espacio de la página que le ha sido otorgada.
Los oficios son distintos, los tiempos también. Las herramientas iguales. ¿quién gana? sólo el lector, supongo.
REY
sábado, 9 de mayo de 2009
La vida entera
Lo he visto noche a noche jugarse su última suerte en una sola tirada. Con una carta a la que apuesta su resto y con ello empeña su vida. Lo he visto en un laberinto en donde juega, se esconde y raras veces sale victorioso.
Lo he visto ganar y perder, todo en un mismo instante sin importarle las circunstancias. Se mezcla con la ráfaga de los sentidos, los usa todos; sus manos, su vista, su oído, su sabor.
Algunas veces mira, otra prefiere evitar cualquier contacto. Su intuición lo guía.
No puedo dejarlo perder. Hoy no, aunque con ello, se me vaya la vida entera.
REY
Lo he visto ganar y perder, todo en un mismo instante sin importarle las circunstancias. Se mezcla con la ráfaga de los sentidos, los usa todos; sus manos, su vista, su oído, su sabor.
Algunas veces mira, otra prefiere evitar cualquier contacto. Su intuición lo guía.
No puedo dejarlo perder. Hoy no, aunque con ello, se me vaya la vida entera.
REY
jueves, 7 de mayo de 2009
Imágenes que se van
La veo desde mi ventana todos los días. Es una mujer rolliza, con el pelo pintado de rubio, fuma todo el tiempo. Cuando plancha, cuando recoge la ropa de sus hijas. Cuando mira por los cristales.
Ahora, una tarde cualquiera de primavera, está discutiendo con alguien a quien no puedo ver. Gesticula exageradamente y mueve enérgicamente la cabeza, de pronto sus manos que manotean al aire. Increpa y señala con el dedo, en tanto la discusión se acalora.
Mueve el pelo y lanza algunas miradas hacia fuera. No dirige sus ojos hacia ningún sitio en especial pero de todos modos lo hace. Todo parece indicar que permanece sentada en una cama, a la orilla.
Yo me oculto en la oscuridad de mi casa, tengo una posición privilegiada, pues la espío sin que ella, pueda verme. Llevamos así casi 20 minutos.
Hablará con una mujer, un hombre, o será alguna de sus hijas, por lo menos tiene dos, porque en el cuarto que puedo ver, se adornan las paredes con postres baratos de artistas de telenovela.
Le ganó el llanto y eso que parecía tan fuerte. Está de frente, junto a la ventana abierta y se frota mucho los ojos, mientras no se aviente…. Se calla un momento, no demasiado, para escuchar un poco a su acompañante, del que aun no tengo demasiada información.
No pelea, creo que es una retahíla de quejas, se desahoga.
Parece de pronto que fija su mirada en mí, aunque es prácticamente imposible, casi quedo en un ángulo del que me permite verla de reojo, escribir y seguir leyendo.
Asiente, vuelve a asentir, su cara parece cansada. Luego niega varias veces, ya no exitada como hace rato, no, como cargando sobre esas rayas de su frente todo el peso de una pena de la que no me entero. Pasa todavía unos minutos así y luego apaga la luz. No puedo ver.
----------------------
Poco después cambiaron la pintura de su departamento. Unos hombres desmontaron las persianas, las lámparas y hasta remodelaron el techo. De ella…de ella no volví a saber más.
Ahora, una tarde cualquiera de primavera, está discutiendo con alguien a quien no puedo ver. Gesticula exageradamente y mueve enérgicamente la cabeza, de pronto sus manos que manotean al aire. Increpa y señala con el dedo, en tanto la discusión se acalora.
Mueve el pelo y lanza algunas miradas hacia fuera. No dirige sus ojos hacia ningún sitio en especial pero de todos modos lo hace. Todo parece indicar que permanece sentada en una cama, a la orilla.
Yo me oculto en la oscuridad de mi casa, tengo una posición privilegiada, pues la espío sin que ella, pueda verme. Llevamos así casi 20 minutos.
Hablará con una mujer, un hombre, o será alguna de sus hijas, por lo menos tiene dos, porque en el cuarto que puedo ver, se adornan las paredes con postres baratos de artistas de telenovela.
Le ganó el llanto y eso que parecía tan fuerte. Está de frente, junto a la ventana abierta y se frota mucho los ojos, mientras no se aviente…. Se calla un momento, no demasiado, para escuchar un poco a su acompañante, del que aun no tengo demasiada información.
No pelea, creo que es una retahíla de quejas, se desahoga.
Parece de pronto que fija su mirada en mí, aunque es prácticamente imposible, casi quedo en un ángulo del que me permite verla de reojo, escribir y seguir leyendo.
Asiente, vuelve a asentir, su cara parece cansada. Luego niega varias veces, ya no exitada como hace rato, no, como cargando sobre esas rayas de su frente todo el peso de una pena de la que no me entero. Pasa todavía unos minutos así y luego apaga la luz. No puedo ver.
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Poco después cambiaron la pintura de su departamento. Unos hombres desmontaron las persianas, las lámparas y hasta remodelaron el techo. De ella…de ella no volví a saber más.
domingo, 3 de mayo de 2009
Ahí

En las favelas brasileñas todo es pobreza, hacinamiento, suciedad, juego y muerte. Ahí es donde se entrenan los que buscarán en el futbol una opción de vida distinta; ahí mismo aprenderán a jalar por primera vez un gatillo los varones con 8 años o menos encima, para matar a cualquiera que pueda convertirse en una prueba de su hombría y de supervivencia; ahí cambiará una mujer su cuerpo, moreno y flaco por algunos reales.
Con nada de miedo se debe crecer, ya sea cualquiera, mujer o hombre, a pesar de que el miedo mismo se exhale a través de la tierra y sus alrededores.
Los testigos de todo lo que ahí pase serán los vecinos, los amigos de juego o los espectadores de alguna película. Cómplices todos, de una cinta que reflejará un trozo de realidad. Parcial siempre; como rendijas que te dejan asomarte. En una vigía irracional.
Ahí, en donde los barrios no tienen agua corriente, ni luz, y los habitantes viven en condiciones de pobreza y rodeados de delincuencia y en donde viven más de seis millones de personas, ahí quizá habrá alguien que grafitée en su casa la mitad de un rostro.
Uno de tez morena. Sucio. Con dos ojos, uno entrecerrado. Por un golpe o porque está en su destino ver sólo la mitad de lo que se debe ver. Se quedará, mientras la lluvia, el polvo, la suciedad y el tiempo lo dejen, en donde todo es pobreza, hacinamiento, suciedad, juego y muerte. Ahí.
REY
Suficiente

Apareció enmedio de una plaza inmunizada de miedo ante el virus de la influenza porcina, o humana o VH1N1, o como digan nuestros funcionarios de salud que hay que llamarle de ahora en adelante. Caminando despacio, soportando en pequeños pasos su peso. Encorvada su débil figura. De luto toda. Negra la falda, el suéter y los zapatos que no alcanzarían más allá del número dos. Uno tras otro, en una sincronía que iba dibujando tras de sí una estela invisible. Sobre su espalda una dura corteza la emplazaba a arrastrarse por el piso. No caía. Mesuraba su andar manteniendo el equilibrio con una bolsa de plástico que se alzaba a pocos centímetros del concreto.
La columna vertebral era una curva exagerada y dura que se alzaba arriba de la cintura y terminaba en su nuca. Justo ahí mismo empezaba un reboso negro que cubría toda su cabeza. La cara de frente al piso, oculta.
Como una metáfora absurda e irredenta de muerte y vejez recorrió lo ancho de la plazoleta coyoacanense, levantando apenas unos ojos, que nunca vimos, para tener idea de cuánto le faltaba para llegar a un desconocido destino, al menos para todos los que ahí caminaban.
Sin bastón ni nada que la ayudara a andar, sostenía su metro y 40 centímetros. Sus más de 90 años empujaban el aire que estancado le resultaba una barrera a la que había que derrotar. Pasó de largo, como advirtiendo a todo aquel que la quisiera ver sobre la lucha ingrata que hay que dar al final del camino.
Nadie más reparó en ella. No pidió dinero como suelen hacer los personajes extraños que visitan Coyoacán. Ignoró a todos, concentrándose en llegar. ¿A dónde? A la siguiente acera. Pensando quizá que por hoy, eso sería suficiente.
REY
pd. para ella la flor, aunque no la haya pedido.
lunes, 27 de abril de 2009
miércoles, 22 de abril de 2009
escapada
el otro día, salí a la tienda. ya de noche.
-voy a la tienda por algunas frases...
pero cuando venía de regreso
unos rateros me las robaron
eran tan buenas las frases
que decidí, pese a lo temerario de caso, recuperarlas a como diera lugar
motivo por el cual llamé una patrulla
subí al auto (policial)
e iniciamos una persecucion por toda la sta maria
para detenmer a los ladrones de frases, que según me dijeron, no era la primera vez que
hacían de las suyas.
no paramos hasta encontrarlos
una vez que recuperé las frases
regresé a casa
no sin antes darle unas patadas a los maleantes
sometidos a dos calles del kiosko
guarecidos como miedosos ladrones
debajo de la esclera de una vecindad,
un niño me señaló su escondite.
-voy a la tienda por algunas frases...
pero cuando venía de regreso
unos rateros me las robaron
eran tan buenas las frases
que decidí, pese a lo temerario de caso, recuperarlas a como diera lugar
motivo por el cual llamé una patrulla
subí al auto (policial)
e iniciamos una persecucion por toda la sta maria
para detenmer a los ladrones de frases, que según me dijeron, no era la primera vez que
hacían de las suyas.
no paramos hasta encontrarlos
una vez que recuperé las frases
regresé a casa
no sin antes darle unas patadas a los maleantes
sometidos a dos calles del kiosko
guarecidos como miedosos ladrones
debajo de la esclera de una vecindad,
un niño me señaló su escondite.
domingo, 19 de abril de 2009
miércoles, 8 de abril de 2009
Igual y distinto
Bajó corriendo las escaleras. Uno tras otro, cada escalón iba regalando un pensamiento. Entre ir o regresar. En un vaiven de recuerdos y de síntomas nuevos que han comenzado a aparecer. Hasta abajo se detuvo. Respiró un poco y volvió a reanudar sus pasos.
Hace tiempo que comenzó. No sabe a ciencia cierta cuándo, pero tiene un ligero y avezado punto de partida. Las imágenes de los integrantes de la historia se vuelven claras y de pronto se difuminan. Son tres y no de un sólo sexo. De hecho el sexo es el problema, si tan sólo fueran del mismo... De acuerdo a su aparición y cómo quiera que sea que van apareciendo ocupan un lugar preciso.
Algunas veces los puede desaparecer y aparecer a su antojo. Otras se cuelan como gotas de agua en un ambiente permeable. Nada los puede detener y eso desconcierta. Sus caras firmes y pensamientos claros atrapan la atención. Nunca más intensos que cuando hablan.
Hoy hace un día cálido y quiere ver a sus personajes. No ha visto a ninguno en días y necesita visualizarlos de nuevo para saber en qué va la historia. Se han perdido los pasos, aun cuando su círculo de acción es tan parecido y cercano. Se metió en el asunto para poder tener de cerca un papel. Lo hizo como una salvación, pues su vida carecía de sentido. Cuando decidió dárselo todo estuvo dispuesto.
Por eso salió a la calle aunque no hay certezas de dónde encontrarlos. Vestirán de forma primaveral hoy. Estará alguno sentado en las bancas del parque. Tomarán café y charlarán, tal vez, con alguien solitario también.
Se preguntarán de qué va su vida últimamente o pretenderán ignorarse. Todo es posible en un relato en el que sólo hay de cierto un inicio.
Los tres son morenos, aunque distintos. Uno más claro que otro u otra y delgados. Los cuerpos lindos de cada uno se sumergen en camisas holgadas y pantalones de mezclilla. Tenis siempre o huaraches. Sombreros o gorras o sin nada encima de las cabezas. Eso no lo determinan ellos. Recordemos que se sujetan a la decisión del que lee.
Cuando se encuentran, intercambian, los tres, un par o dos de palabras y se separan. Son dos hombres y una mujer. ¿lo había dicho ya? Ahora ella se quedó de pie mirando cómo es que se alejan y doblan en una esquina. Ambos se van a comprar cualquier cosa y sólo uno regresa esta vez.
Paran en una cafetería que sólo sirve café de menta. Es un poco rara la combinación, pero la toman, uno pensando que la mezcla ha de ser buena para el estómago; ella, que es un estimulante para seguir en la conversación.
La taza no dura mucho. Es para expreso, así que no aguanta más que dos, tres o cuatro tragos. Avanza la conversación y sus ojos se dicen mucho, mucho más que las palabras. Las manos se rozan apenas. Con tanto movimiento que hace él al hablar es imposible que no lo hagan. No tienen pudor en seguir sentados pese a que la taza está vacía y hay sólo un par de comensales más. El mesero los apremia. Ella apenas si se da cuenta.
Cuando se levantan de ahí. Sólo hay algo cierto. Uno, se verán mañana. Imposible no hacerlo. Dos, soñarán algo distinto que no los haga sufrir.
Siguen su camino. Sus casas están más alejadas de lo que quisieran, aunque comparten la misma ciudad.
A la salida del metro, ella se vuelve a encontrar al que dobló la esquina pero no regresó. Trae bajo el brazo un libro y dos cuadernillos nuevos. Sonríen, se reconocen y caminan un poco juntos. Conversan sobre el día y la noche, o la luna o algo así. Se miran y saben que el hablar siempre trae calma y regala todo aquello que traemos dentro. Aunque no todo lo que traen, sea bueno. De todas maneras se lo regalan.
Sus casas no quedan tan lejos pero de igual forma se despiden y siguen su camino. No importa que sea el mismo. Se encontraran mañana. Los tres. Justo en el mismo lugar, para emprender un camino igual y a la vez tan distinto.
Hace tiempo que comenzó. No sabe a ciencia cierta cuándo, pero tiene un ligero y avezado punto de partida. Las imágenes de los integrantes de la historia se vuelven claras y de pronto se difuminan. Son tres y no de un sólo sexo. De hecho el sexo es el problema, si tan sólo fueran del mismo... De acuerdo a su aparición y cómo quiera que sea que van apareciendo ocupan un lugar preciso.
Algunas veces los puede desaparecer y aparecer a su antojo. Otras se cuelan como gotas de agua en un ambiente permeable. Nada los puede detener y eso desconcierta. Sus caras firmes y pensamientos claros atrapan la atención. Nunca más intensos que cuando hablan.
Hoy hace un día cálido y quiere ver a sus personajes. No ha visto a ninguno en días y necesita visualizarlos de nuevo para saber en qué va la historia. Se han perdido los pasos, aun cuando su círculo de acción es tan parecido y cercano. Se metió en el asunto para poder tener de cerca un papel. Lo hizo como una salvación, pues su vida carecía de sentido. Cuando decidió dárselo todo estuvo dispuesto.
Por eso salió a la calle aunque no hay certezas de dónde encontrarlos. Vestirán de forma primaveral hoy. Estará alguno sentado en las bancas del parque. Tomarán café y charlarán, tal vez, con alguien solitario también.
Se preguntarán de qué va su vida últimamente o pretenderán ignorarse. Todo es posible en un relato en el que sólo hay de cierto un inicio.
Los tres son morenos, aunque distintos. Uno más claro que otro u otra y delgados. Los cuerpos lindos de cada uno se sumergen en camisas holgadas y pantalones de mezclilla. Tenis siempre o huaraches. Sombreros o gorras o sin nada encima de las cabezas. Eso no lo determinan ellos. Recordemos que se sujetan a la decisión del que lee.
Cuando se encuentran, intercambian, los tres, un par o dos de palabras y se separan. Son dos hombres y una mujer. ¿lo había dicho ya? Ahora ella se quedó de pie mirando cómo es que se alejan y doblan en una esquina. Ambos se van a comprar cualquier cosa y sólo uno regresa esta vez.
Paran en una cafetería que sólo sirve café de menta. Es un poco rara la combinación, pero la toman, uno pensando que la mezcla ha de ser buena para el estómago; ella, que es un estimulante para seguir en la conversación.
La taza no dura mucho. Es para expreso, así que no aguanta más que dos, tres o cuatro tragos. Avanza la conversación y sus ojos se dicen mucho, mucho más que las palabras. Las manos se rozan apenas. Con tanto movimiento que hace él al hablar es imposible que no lo hagan. No tienen pudor en seguir sentados pese a que la taza está vacía y hay sólo un par de comensales más. El mesero los apremia. Ella apenas si se da cuenta.
Cuando se levantan de ahí. Sólo hay algo cierto. Uno, se verán mañana. Imposible no hacerlo. Dos, soñarán algo distinto que no los haga sufrir.
Siguen su camino. Sus casas están más alejadas de lo que quisieran, aunque comparten la misma ciudad.
A la salida del metro, ella se vuelve a encontrar al que dobló la esquina pero no regresó. Trae bajo el brazo un libro y dos cuadernillos nuevos. Sonríen, se reconocen y caminan un poco juntos. Conversan sobre el día y la noche, o la luna o algo así. Se miran y saben que el hablar siempre trae calma y regala todo aquello que traemos dentro. Aunque no todo lo que traen, sea bueno. De todas maneras se lo regalan.
Sus casas no quedan tan lejos pero de igual forma se despiden y siguen su camino. No importa que sea el mismo. Se encontraran mañana. Los tres. Justo en el mismo lugar, para emprender un camino igual y a la vez tan distinto.
viernes, 3 de abril de 2009
será el café?
No sé si estará bien consignar todo aquí. Lo cierto es que busco insistente un ápice de luz enmedio de esta vida que ha llegado a ser un largo e incierto trayecto. Una historia? Sí pero plagada de muchas que se rozan y que se astillan cuando pasan junto a la mía. Culpa? por vivir tal vez, por equivocarme o querer ser, por intentar, siempre intentar.
Depresiones, han habido varias. Ninguna comparada, no al menos cuando veo cosas que otros no me creen que veo o oigo. Hasta mi horóscopo lo dice, lo juro, y no, no son pendejadas.
Anoche volvió a ser. Sí, la verdad es que había tomado mucho café, pero también tenía cansancio. Me acosté y puse una película para que me arrullara un poco. Iba a la mitad y yo ni siquiera había cabeceado, o quizá sólo un par de veces. La angustia iba apoderándose de todo mi cuerpo. Un miedo inexplicable a algo o alguien no personificado, no tangible, no normal.
Oí cómo tosía en la sala y me levanté para tranquilizarme. No estaba nadie. Caminé, me recosté, volví. El miedo era tal que temí contagiarlo. Fui a la sala. Un par de horas han de haber pasado. Su voz me traquilizó.
La luz apareció por fin. Es de mañana ahora, hay sol, pido a Dios que dure más allá de la media noche.
REY
Depresiones, han habido varias. Ninguna comparada, no al menos cuando veo cosas que otros no me creen que veo o oigo. Hasta mi horóscopo lo dice, lo juro, y no, no son pendejadas.
Anoche volvió a ser. Sí, la verdad es que había tomado mucho café, pero también tenía cansancio. Me acosté y puse una película para que me arrullara un poco. Iba a la mitad y yo ni siquiera había cabeceado, o quizá sólo un par de veces. La angustia iba apoderándose de todo mi cuerpo. Un miedo inexplicable a algo o alguien no personificado, no tangible, no normal.
Oí cómo tosía en la sala y me levanté para tranquilizarme. No estaba nadie. Caminé, me recosté, volví. El miedo era tal que temí contagiarlo. Fui a la sala. Un par de horas han de haber pasado. Su voz me traquilizó.
La luz apareció por fin. Es de mañana ahora, hay sol, pido a Dios que dure más allá de la media noche.
REY
lunes, 30 de marzo de 2009
El primero
Ayer vi a los dos. Uno frente a otro, medio sorbiendo un plato de caldo con verduras y masticando con trabajos uno o dos tacos. Cada uno en un extremo de la mesa. Con su orgullo de siempre y mirándose de reojo. Yo también comía o al menos eso intentaba. Sentados todos alrededor reparando apenas en su presencia. Ambos callados, ocupados de su cuchara y cómo es que había que hacerle para llevar la comida a la boca. Ajenos a la algarabía circulando.
El aire rompió entonces un vidrio. El ruido fue estremecedor al estrellarse la ventana. Cayeron los pedazos rotos. Fue como una catarsis. Yo me tenía que ir. Cuando me despedí, cada uno me dio un abrazo fuerte, como si fuera el último o tal vez el primero.
REY
El aire rompió entonces un vidrio. El ruido fue estremecedor al estrellarse la ventana. Cayeron los pedazos rotos. Fue como una catarsis. Yo me tenía que ir. Cuando me despedí, cada uno me dio un abrazo fuerte, como si fuera el último o tal vez el primero.
REY
jueves, 26 de marzo de 2009
largo aliento I
llegó a su casa y sintió el olor a café de toda la vida. aspiró fuerte y a la vez suave, como creyendo firmemente que con ello sería suficiente.
Se sentó a escribir, ya no ante la hoja en blanco, sino ante el ordenador blanco, y en cuanto lo hizo no pudo más que escribir la historia de sus tías, una historia que no podría haber terminado en una o dos o tres semanas. Porque su historia, sus historias, eran de largo aliento..
así que escribió y escribió. cuando se dio cuenta, afuera ya no era primavera, habían caído algunos remedos de nevada y la puerta se había atascado. tendría que salir a comprar algo de café y tal vez un pan. el pequeño changuito que saltaba de un lado a otro durante la turbulencia mientras escribía, pensó que lo abandonaría.
se lo llevó consigo. qué más podría haber hecho.
REY
Se sentó a escribir, ya no ante la hoja en blanco, sino ante el ordenador blanco, y en cuanto lo hizo no pudo más que escribir la historia de sus tías, una historia que no podría haber terminado en una o dos o tres semanas. Porque su historia, sus historias, eran de largo aliento..
así que escribió y escribió. cuando se dio cuenta, afuera ya no era primavera, habían caído algunos remedos de nevada y la puerta se había atascado. tendría que salir a comprar algo de café y tal vez un pan. el pequeño changuito que saltaba de un lado a otro durante la turbulencia mientras escribía, pensó que lo abandonaría.
se lo llevó consigo. qué más podría haber hecho.
REY
Trazos
Heredé la locura de alguna de mis tías. paternas, por cierto. desde que tuve uso de razón siempre oí a mi madre decir, que todas estaban bien locas. teníamos poco contacto con ellas. debió mi mamá pensar que entre más alejadas estuvieramos de esas mujeres extrañas, menos probable sería contagiarnos, nosotras, sus hijas, de aquello que tanto criticaba.
Sólo frecuentábamos a Domitila, la menos. La de las cenas en navidad, la familia perfecta y la sonrisa más franca que he visto jamás en mi vida. Dicen que me parezco un poco a ella en el pelo y cada vez que hablamos mis hermanas y yo sobre ellas, peleamos por el lugar que por nacimiento nos correspondería compartir con las tías. Ser como Mamá Milita, como era que le decíamos, resulta siempre el conflicto. También nosotras somos cuatro mujeres, intercaladas con el nacimiento de los varones, justo igual. Como si fuera una marca del destino.
Beatriz, Cirenia y Rosario quedaban fuera. Nadie disputaba su sitio. Eso, hasta hace poco.
Esporádicamente ibamos a la casa de Beatriz, la tía pollitos. el apodo se lo ganó un poco por juego de nosotros o otro tanto porque en su casa, grande, grandísima, tenía todo un ejército de animales. Gallinas siempre con sus crías siguiéndolas por todo el jardín; pajaritos en sus jaulas cantando; perros; gatos; pavoreales; conejos; guajolotes para fin de año; toda una alegoría del mundo contenida en su patio. Dicen que de eso murió. De alguna infección que contrajo.
En fin, que a estos dedicaba todos sus días e incluso sus noches, después de que hubiera muerto su último marido y que sus hijos ya grandes emigraran hacia otras casas, mismas que ella, se encargó de comprar. De su persona se decía toda clase de historias. Por lo menos se había casado unas cuatro veces, y las parejas ocasionales, como suspicazmente decían los comentarios, nunca se contabilizaron con exactitud. Algunas por viudez u otras por falta de empatía, pero la cosa es que no murió acompañada, eso sí puedo decirlo, yo estuve ahí.
Tuvo varios hijos, no de un sólo marido, como bien se puede deducir y mi madre con desaprobación nos contaba que nunca se iba de las fiestas sin que llegaran los mariachis en la madrugada. Iba sola e igual se desaparecía.
A mí me acariciaba el cabello y me prometía un conejo siempre que la visitabamos. Nunca llegó ese día. Incluso cuando murió pensé que en su testamento me incluiría y dejaría a mi cuidado sus roedores de orejas largas. No, no fui mencionada y creo que eso figura como el origen de una de mis carencias infantiles.
En su velorio estuvimos pocas personas. Nadie lloró. Por supuesto no vino ningún marido. Yo pensé que siquiera le hubieran traído a uno que otro animal, pa que la acompañara. Su ataúd se fue sólo, sin cortejo ni arreglos florales.
Cirenia murió soltera a los 90 años. Postrada en una silla de ruedas a causa de una úlcera varicosa que la trajo de casa en casa de sus hermanas. Permanecía en cada lugar un tiempo, hasta que su mal genio y su deseo perenne de mandar en reino ajeno, hacía que quien la alojara le pidiera cortesmente que desalojara. Tuvo varias propiedades, que compró con dinero de todos los trabajos de su vida.
Cinco o seis casas que le valieron que pudiera vivir su vejez sin preocupaciones monetarias, no así con las afectivas. Ni un hijo tuvo. Y dicen que en su locura y altivez dejó pasar uno, dos, o tres buenos partidos. Así era común que les llamaran a los maridos. Vino a tanto su orgullo que en el altar dejó plantado al último. Con traje blanco y todo, se negó a último momento a salir de su casa. Mi padre, su hermano pequeño en ese entonces, recuerda que a piedra y lodo se encerró en su cuarto sin que hubiera quien pudiera sacarla de su empecinamiento.
A él no volvieron a verlo por su casa y ella siguió su vida. Sola y orgullosa, tal como terminó un primero de noviembre. Mismo día de su cumpleaños.
Con Rosario fue otro cantar. Ella en verdad sí que era guapa. Lo supe años después de que murió por una foto que encontré en los secretos olvidados del baúl de casa. Empecé a husmear entre tanto recuerdo y me apareció de pronto. Sus ojos me miraron de inmediato. La imagen era clásica y antigua. Ella permanecía en un estudio fotográfico con un vestido que dejaba ver su delgada figura. Altiva se recarga apenas en un banco. Sobre su cabeza y un poco ladeado, un sombrero de hombre la cubre un poco. Sus manos en el regazo y su semblante que quiere parecer nostálgico, a orden expresa del fotógrafo seguro, se delata con una pequeña sonrisa llena de ironía que le sale de las comisuras de la boca.
De ella oí más historias que de ninguna de las otras tres. Se decía por ejemplo que escandalizando a todo su mundo familiar, se había ido a París empacando apenas unas cuantas cosas. Dicen que tras un hombre que le ofrecía enseñarla a pintar y quizá otros secretos de la vida. Lo cierto es que se fue, con 17 años encima y ni siquiera la bendición de uno de sus padres.
A su regreso, tal vez uno o dos años después, sus hermanos y sus padres, esperaban que la sombra del arrepentimiento la hiciera pedir perdón para volver a ser aceptada en su casa. Nada de eso sucedió. Ni pena, ni nostalgia, ni perdón, nada había en sus ojos, menos aun en sus labios rojos y carnosos que se abrían para contar todo lo que había conocido.
Guturalmente les decía a todos te amo, en el idioma nuevo aprendido y se instaló sin mayor cosa en su antiguo cuarto, desalojando a un hermano a puntapies. Así era ella. Con su vuelta también hubo la imposición de nuevas reglas. Mis abuelos querían a toda costa que no se convirtiera en la verguenza de la familia. Procurarían a partir de ese momento que se rodeara de buena gente que la ayudara a enmendar su camino.
Lo lograron a medias. Se casó a los 20 con un hombre que todo lo que hizo bien fue ponerle dentro a una niña que después medio se encargaría de ella pocos días antes de morir.
A la niña, mi prima, medio la crió enmedio de lápices para dibujo y grandes charlas con amigos extraños. Para mí fue lejana todo el tiempo. Hablaba mucho y sus formas me molestaban un poco porque dentro llevaban sarcasmo implícito aun sin que viniera al caso.
Quería saber todo y tenía un comentario irritantemente certero para cada situación. Era ya vieja cuando yo la conocí y por más que buscaba la belleza que mi familia pregonaba no lograba encontrarla. Me parecía sucia y un poco desaliñada.
El hallazgo llegó como a dos años de su muerte, cuando su hija, no tuvo mejor destino a las cosas de su madre que dárselas a mi padre, único hermano de esa larga estirpe que vive. Se las dio en un baúl viejo y oloroso a viejo. Yo lo espulgué y encontré entonces todos esos dibujos a lápiz que hizo durante su vida. La precisión en sus trazos hizo que toda la percepción que tenía de ella empezará a cambiar.
Al fondo de aquella caja secreta estaban las historias escritas que ahora leo. Me cuentan la verdadera historia. No aquellas fáciles de la locura superficial con la que era juzgada. Su mente buscó nuevas salidas, muchas más que las que encontraba deambulando con su bolsa del mandado en largas caminatas.
Llevo dos. Suficientes por ahora.
Sólo frecuentábamos a Domitila, la menos. La de las cenas en navidad, la familia perfecta y la sonrisa más franca que he visto jamás en mi vida. Dicen que me parezco un poco a ella en el pelo y cada vez que hablamos mis hermanas y yo sobre ellas, peleamos por el lugar que por nacimiento nos correspondería compartir con las tías. Ser como Mamá Milita, como era que le decíamos, resulta siempre el conflicto. También nosotras somos cuatro mujeres, intercaladas con el nacimiento de los varones, justo igual. Como si fuera una marca del destino.
Beatriz, Cirenia y Rosario quedaban fuera. Nadie disputaba su sitio. Eso, hasta hace poco.
Esporádicamente ibamos a la casa de Beatriz, la tía pollitos. el apodo se lo ganó un poco por juego de nosotros o otro tanto porque en su casa, grande, grandísima, tenía todo un ejército de animales. Gallinas siempre con sus crías siguiéndolas por todo el jardín; pajaritos en sus jaulas cantando; perros; gatos; pavoreales; conejos; guajolotes para fin de año; toda una alegoría del mundo contenida en su patio. Dicen que de eso murió. De alguna infección que contrajo.
En fin, que a estos dedicaba todos sus días e incluso sus noches, después de que hubiera muerto su último marido y que sus hijos ya grandes emigraran hacia otras casas, mismas que ella, se encargó de comprar. De su persona se decía toda clase de historias. Por lo menos se había casado unas cuatro veces, y las parejas ocasionales, como suspicazmente decían los comentarios, nunca se contabilizaron con exactitud. Algunas por viudez u otras por falta de empatía, pero la cosa es que no murió acompañada, eso sí puedo decirlo, yo estuve ahí.
Tuvo varios hijos, no de un sólo marido, como bien se puede deducir y mi madre con desaprobación nos contaba que nunca se iba de las fiestas sin que llegaran los mariachis en la madrugada. Iba sola e igual se desaparecía.
A mí me acariciaba el cabello y me prometía un conejo siempre que la visitabamos. Nunca llegó ese día. Incluso cuando murió pensé que en su testamento me incluiría y dejaría a mi cuidado sus roedores de orejas largas. No, no fui mencionada y creo que eso figura como el origen de una de mis carencias infantiles.
En su velorio estuvimos pocas personas. Nadie lloró. Por supuesto no vino ningún marido. Yo pensé que siquiera le hubieran traído a uno que otro animal, pa que la acompañara. Su ataúd se fue sólo, sin cortejo ni arreglos florales.
Cirenia murió soltera a los 90 años. Postrada en una silla de ruedas a causa de una úlcera varicosa que la trajo de casa en casa de sus hermanas. Permanecía en cada lugar un tiempo, hasta que su mal genio y su deseo perenne de mandar en reino ajeno, hacía que quien la alojara le pidiera cortesmente que desalojara. Tuvo varias propiedades, que compró con dinero de todos los trabajos de su vida.
Cinco o seis casas que le valieron que pudiera vivir su vejez sin preocupaciones monetarias, no así con las afectivas. Ni un hijo tuvo. Y dicen que en su locura y altivez dejó pasar uno, dos, o tres buenos partidos. Así era común que les llamaran a los maridos. Vino a tanto su orgullo que en el altar dejó plantado al último. Con traje blanco y todo, se negó a último momento a salir de su casa. Mi padre, su hermano pequeño en ese entonces, recuerda que a piedra y lodo se encerró en su cuarto sin que hubiera quien pudiera sacarla de su empecinamiento.
A él no volvieron a verlo por su casa y ella siguió su vida. Sola y orgullosa, tal como terminó un primero de noviembre. Mismo día de su cumpleaños.
Con Rosario fue otro cantar. Ella en verdad sí que era guapa. Lo supe años después de que murió por una foto que encontré en los secretos olvidados del baúl de casa. Empecé a husmear entre tanto recuerdo y me apareció de pronto. Sus ojos me miraron de inmediato. La imagen era clásica y antigua. Ella permanecía en un estudio fotográfico con un vestido que dejaba ver su delgada figura. Altiva se recarga apenas en un banco. Sobre su cabeza y un poco ladeado, un sombrero de hombre la cubre un poco. Sus manos en el regazo y su semblante que quiere parecer nostálgico, a orden expresa del fotógrafo seguro, se delata con una pequeña sonrisa llena de ironía que le sale de las comisuras de la boca.
De ella oí más historias que de ninguna de las otras tres. Se decía por ejemplo que escandalizando a todo su mundo familiar, se había ido a París empacando apenas unas cuantas cosas. Dicen que tras un hombre que le ofrecía enseñarla a pintar y quizá otros secretos de la vida. Lo cierto es que se fue, con 17 años encima y ni siquiera la bendición de uno de sus padres.
A su regreso, tal vez uno o dos años después, sus hermanos y sus padres, esperaban que la sombra del arrepentimiento la hiciera pedir perdón para volver a ser aceptada en su casa. Nada de eso sucedió. Ni pena, ni nostalgia, ni perdón, nada había en sus ojos, menos aun en sus labios rojos y carnosos que se abrían para contar todo lo que había conocido.
Guturalmente les decía a todos te amo, en el idioma nuevo aprendido y se instaló sin mayor cosa en su antiguo cuarto, desalojando a un hermano a puntapies. Así era ella. Con su vuelta también hubo la imposición de nuevas reglas. Mis abuelos querían a toda costa que no se convirtiera en la verguenza de la familia. Procurarían a partir de ese momento que se rodeara de buena gente que la ayudara a enmendar su camino.
Lo lograron a medias. Se casó a los 20 con un hombre que todo lo que hizo bien fue ponerle dentro a una niña que después medio se encargaría de ella pocos días antes de morir.
A la niña, mi prima, medio la crió enmedio de lápices para dibujo y grandes charlas con amigos extraños. Para mí fue lejana todo el tiempo. Hablaba mucho y sus formas me molestaban un poco porque dentro llevaban sarcasmo implícito aun sin que viniera al caso.
Quería saber todo y tenía un comentario irritantemente certero para cada situación. Era ya vieja cuando yo la conocí y por más que buscaba la belleza que mi familia pregonaba no lograba encontrarla. Me parecía sucia y un poco desaliñada.
El hallazgo llegó como a dos años de su muerte, cuando su hija, no tuvo mejor destino a las cosas de su madre que dárselas a mi padre, único hermano de esa larga estirpe que vive. Se las dio en un baúl viejo y oloroso a viejo. Yo lo espulgué y encontré entonces todos esos dibujos a lápiz que hizo durante su vida. La precisión en sus trazos hizo que toda la percepción que tenía de ella empezará a cambiar.
Al fondo de aquella caja secreta estaban las historias escritas que ahora leo. Me cuentan la verdadera historia. No aquellas fáciles de la locura superficial con la que era juzgada. Su mente buscó nuevas salidas, muchas más que las que encontraba deambulando con su bolsa del mandado en largas caminatas.
Llevo dos. Suficientes por ahora.
martes, 24 de marzo de 2009
viernes, 20 de marzo de 2009
La que sigue no es una historia de desprendimientos ni de fantasmas que se aparecen apenas cae la noche, es tal vez de imaginación que se desborda o de dosis de locura que ha comenzado a ser incontrolable.
Iba llegando a casa. Lo mismo de siempre, el policía idiota abriendo y cerrando. Fijándose en las horas en que uno llega o se va. Lo vi de lejos caminar hacia la salida. Las manos en los bolsillos y la vista fija. Se dirigía a la tienda, eso lo tengo bien seguro. Pantalones negros y su camisa de cuadros, blanco con azul. No pareció reparar en mi presencia y como en una búsqueda de atención intenté echarle las luces o dar un ligero apretón al claxón. Nada hice. Hubiera violentado sus pensamientos.
A un metro estaba de mí. Cierta estoy. Seguí. Esperé, un poco por ver si era verdad que no me había visto llegar en su huida hacia la tienda.
Bajé con calma del coche. Subí las escaleras con jadeos. La puerta se abrió fácil, sin espera a la llave del picaporte. Voltee al sillón y ahí estaba sin moverse. Cómo hizo para llegar. Corrí casi a la ventana a ver si distinguía al que volvería de la tienda. Nada ví. Nadie volvió. Cómo hizo.
Ahora mismo escribo esto y me pregunto a quién oigo escribir en la sala. Hay un leve temblorcillo en mi vientre. Fue real? o sólo ficción? que alguien venga y me ayude o por lo menos me dé un tofranil para poder dormir hoy. Al menos hoy.
REY
Iba llegando a casa. Lo mismo de siempre, el policía idiota abriendo y cerrando. Fijándose en las horas en que uno llega o se va. Lo vi de lejos caminar hacia la salida. Las manos en los bolsillos y la vista fija. Se dirigía a la tienda, eso lo tengo bien seguro. Pantalones negros y su camisa de cuadros, blanco con azul. No pareció reparar en mi presencia y como en una búsqueda de atención intenté echarle las luces o dar un ligero apretón al claxón. Nada hice. Hubiera violentado sus pensamientos.
A un metro estaba de mí. Cierta estoy. Seguí. Esperé, un poco por ver si era verdad que no me había visto llegar en su huida hacia la tienda.
Bajé con calma del coche. Subí las escaleras con jadeos. La puerta se abrió fácil, sin espera a la llave del picaporte. Voltee al sillón y ahí estaba sin moverse. Cómo hizo para llegar. Corrí casi a la ventana a ver si distinguía al que volvería de la tienda. Nada ví. Nadie volvió. Cómo hizo.
Ahora mismo escribo esto y me pregunto a quién oigo escribir en la sala. Hay un leve temblorcillo en mi vientre. Fue real? o sólo ficción? que alguien venga y me ayude o por lo menos me dé un tofranil para poder dormir hoy. Al menos hoy.
REY
Coincidencias afortunadas

Este es un mofle. Un mofle para Chevy. Mi chevy. Un chevy que yo tengo y que hasta que se me rompió y azotaba en el suelo haciendo un ruido infernal desgarrando el pavimento, descubrí que tenía uno de esos.
La historia es un poco de coincidencias. De esas que de pronto me ocurren o suceden en mi entorno. La cuento así sin grandes preocupaciones por mi gramática, ni por la hilación que pudiera brincar hacia la todavía inalcanzable literatura.
Vale, vale pues, ya voy..
Iba en camino a ver a mi padre. El sonido que traía últimamente cuando manejaba se me había hecho ya incluso un poco familiar. Como el del arranque de un carro de carreras. Se soltó de pronto un largo fierro que arremetía en contra del suelo. Me paré, revisé un poco debajo del carro con la esperanza de que con un alambre o algo parecido pudiera amarrarlo y seguir por lo menos un par de cuadras más, que eran las que me faltaban para llegar a mi destino.
El tubo se desprendió por completo y a la mitad del coche y por debajo hizo casi imposible que pudiera siquiera intentarlo. Me subí y avancé despacio, un poco con la zozobra de que se fuera a atorar con un tope o con el piso mismo.
Así llegué al primer taller mecánico. Le dije al que ahí estaba, recargado en una camioneta, si me lo podía componer. Se asomó un poco y con parsimoniosa calma, propia del oficio, me dijo que no, eso era en los mofles.
Con algunas indicaciones me dijo cómo podía llegar a dos. Uno en la avenida principal y otro más detrás casi de la casa de mi padre. Opté en un arranque de decisión, por el segundo. Fui allá. Viví por casi 28 años por esos rumbos, pero nunca se me ocurrió ubicar en donde carajos podía haber un moflero. Así es que manejaba despacio buscando cuando un golf blanco que venía en sentido contrario a mí se me emparejó. Bajó su ventanilla y me dijo, se le rompió el mofle.
Un poco distraída y casi agradecida de que alguien se diera cuenta de mi desgracia, le dije, sí, de hecho estoy buscando a donde arreglarlo. Sin mediar muchas más palabras me dijo, yo se lo arreglo. ¿?¿?
¿Cómo? -Sí yo se lo arreglo. ¿pero en dónde? - en mi taller, yo voy ahora mismo para allá. ¿ y cuánto sería? - sólo tendría que soldar. 50 pesos. Va. Fue toda la negociación.
Acepté. Un poco de desconfianza quizá tuve, pero en este tiempo qué más podría perder. Pasé a dejar la comida para que mi padre y lo seguí, sin ninguna certeza y ni la menor idea de donde pararíamos. Dijo la 34 y hasta esa calle fuimos.
Con la mano fuera de la ventanilla me dijo donde debía entrar y efectivamente, un taller moflero. Estaba otro chavo más o menos de su edad. Soldaba un mofle y al verme me dijo, sí que hace ruido tu coche eh?
Un poco, sí.
Le dijo al otro cómo es que debía acomodarlo y lo suspendió en dos rampitas. Me dieron un banco a la sombra y esperé. Hice un par de llamadas para decir en dónde me buscaran en caso de que decidieran secuestrarme. Je, nada de eso pasó. El mofle quedó listo en menos de 10 minutos. Todavía quedó tiempo para que platicaramos un poco. Me dijo que pasó por el lugar en donde me encontró porque fue a lavar su coche y lo retrasaron un poco, nos reímos y le dije que había sido mi ángel de hoy.
Extrañas coincidencias. Afortunadas algunas. Vale, mi mofle y el auto como nuevo para mí; 50 pesos y la promesa de volver por el silenciador para ti. A mano.
REY
jueves, 19 de marzo de 2009
Se me viene entera

Cada vez que abro la foto, la bocacalle se me viene encima. El punto de fuga sucede justo donde termina una chimenea humeante de la zafra de esa temporada. Gris, alta y como un obelisco humilde nos mira, digo nos mira, porque se presta a dos mundos el que sucede en el interior de la foto, ese que se detuvo cuando fue plasmada la imagen; y el mío, que sube y baja, se mueve y se detiene cuando estoy de frente a ella.
De la vida y movimiento se encarga un pequeño grupo en la parte inferior izquierda. Son por lo menos siete niñas. Visten de colores llamativos. Blusas verdes, iguales al color de los globos que mecen en sus manos, sus pantalones o faldas no se distinguen. Serán de mezclilla, quizá, ó de algún trozo reciclado de cortinas que su madre cortó para ellas. Las edades son un poco imprecisas. Podrían ir de los 8 a los 12 tal vez, pero sus pequeñas formas con vísperas de desarrollo son diseñadas para engañar. La mirada tierna para cautivar a las familias o seductora para conquistar a los turistas hambrientos de núbiles cuerpos.
Juegan en tanto. La tarde pardea y entre la luz que va perdiendo ante la oscuridad, el cielo se ve nublado por la chimenea que suelta de repende alguno que otro estertor lleno de hollín. Las nubecillas grises que se forman en las alturas del hoyo que las deja salir se esparcen pronto. Bajan y se empiezan a confundir con las casas. Forman parte de ellas.
La tarde se muere y la vida apenas empieza. Ha terminado la jornada y todos, los habitantes de esta calle se han apresurado a secarse el sudor, comer malanga, un trozo de cerdo comprado en el mercado negro, beber agua o algún zumo que les permita el carnet.
Dentro de un rato se reunirán en el patio del segundo edificio de la izquierda. El verde. Dentro, los hombres jugarán dominó y beberán ron. Hablarán tal vez, los más viejos, de los cambios que ha habido en la isla. De las traiciones a la Revolución, de las nuevas políticas, de que todo tiempo pasado fue mejor. Todo esto a voz en cuello, que pretenderán de pronto acallarse entre ellos para que no los escuchen. Para que no los oiga la guardia y eche a perder la partida de hoy.
En el radio se oirán los Bam-bam con una rola que no recuerdo bien.
Las mujeres se entretendrán con una charla interminable. Se harán aire con un abanico improvisado, por el cuerpo, aun enmedio de las piernas. Las más jóvenes y guapas miraran a los grupos de hombres iniciando un sencillo jugueteo amoroso. Otras, con 24 años o menos, pensarán que el tren de la vida se les ha ido y que dificilmente encontrarán marido.
Me olvidaba, ¿Las niñas? LLenaron los globos de agua. Ahora se los avientan con carcajadas intensas, divertidas, ajenas. Para ellas la vida apenas comienza.
REY
jueves, 12 de marzo de 2009
Para ti
Hoy mi escritura es sólo para ti. Tú, que estas ahora mismo detrás de mi mente y delante de una computadora. Tienes de frente el ordenador y no puedes despegar la vista de las letras. Quieres saber qué tengo que decir. Es más, como ya te dije que está dirigido te acomodarás un poco y quizá acerques la cara. No permitas que nadie lo vea. Hoy sólo lo leerás tú. Sabrás entonces cuánto pienso en todo eso que hemos pasado juntos. En cómo he descubierto quién eras aún sin que me dijeras una palabras. En tu voz al teléfono. En tus historias contadas para los demás, y que hablan de seres casi siempre reales, de huracanes que destruyen, de mujeres que fingen no amar.
Te deleitarás pensando y, mejor aún, sabiendo, que has marcado un hito en mi vida imposible de deshacer. Te conocí y ahí empezó una larga carrera de descubrimientos y momentos. Me gustará entonces a mí también recordar tu mano sobre mi cara en algún parque. Perdidos entre las bancas y musitando por lo bajo planes inconmensurables.
Razones. Lealtades. Sueños. Largas noches. Platicas intensas. Sólo ojos mirándonos.
Espera, no he terminado. Se me ocurre que podemos ahora cerrar todo contacto con el mundo y tomarnos de la mano. ¿me tienes ya? ahora camina, ven, sueña conmigo y desandemos el camino. rememoremos todo lo que nos hemos regalado. Todo el tiempo. El vino que hemos bebido. Los besos. La piel. Las largas pláticas casi de madrugada cuando las casas apagan su luz. Las interminables horas que hay que esperar para poder llegar a la playa.
Estoy cierta que cuando conocemos a alguien lo hacemos parte de nosotros o lo olvidamos por completo. No hay otra posibilidad. Así. Me gustó que te adhirieras a la piel como un caparazón al que voy cuando el mundo se empeña en convertirse en un adversario. Sólo tu voz me calma. Lo sabes verdad?
Cuántas lunas hemos visto? Las has contado? Cuánto café? Cuántas flores? Cuántas complicidades?
¿Te vas ahora?
Cambiarás de página en búsqueda de algo más que te diga cómo hacer para no olvidar ser feliz? Vale, pero de vez en vez, asómate por aquí porque:
"ni un dejo de sobriedad habita aquí dentro..."
REY
Te deleitarás pensando y, mejor aún, sabiendo, que has marcado un hito en mi vida imposible de deshacer. Te conocí y ahí empezó una larga carrera de descubrimientos y momentos. Me gustará entonces a mí también recordar tu mano sobre mi cara en algún parque. Perdidos entre las bancas y musitando por lo bajo planes inconmensurables.
Razones. Lealtades. Sueños. Largas noches. Platicas intensas. Sólo ojos mirándonos.
Espera, no he terminado. Se me ocurre que podemos ahora cerrar todo contacto con el mundo y tomarnos de la mano. ¿me tienes ya? ahora camina, ven, sueña conmigo y desandemos el camino. rememoremos todo lo que nos hemos regalado. Todo el tiempo. El vino que hemos bebido. Los besos. La piel. Las largas pláticas casi de madrugada cuando las casas apagan su luz. Las interminables horas que hay que esperar para poder llegar a la playa.
Estoy cierta que cuando conocemos a alguien lo hacemos parte de nosotros o lo olvidamos por completo. No hay otra posibilidad. Así. Me gustó que te adhirieras a la piel como un caparazón al que voy cuando el mundo se empeña en convertirse en un adversario. Sólo tu voz me calma. Lo sabes verdad?
Cuántas lunas hemos visto? Las has contado? Cuánto café? Cuántas flores? Cuántas complicidades?
¿Te vas ahora?
Cambiarás de página en búsqueda de algo más que te diga cómo hacer para no olvidar ser feliz? Vale, pero de vez en vez, asómate por aquí porque:
"ni un dejo de sobriedad habita aquí dentro..."
REY
miércoles, 11 de marzo de 2009
Un día hace muchos días, pensó que sería bueno permanecer en las escalinatas por horas bajo el sol esperando que saliera. Ver así todos sus movimientos, con quién hablaba, leer sus labios, seguir su pista. Puras estúpidas obsesiones resultado de ingratos celos.
Lo hizo. Sólo consiguió una insolación y que el sol resecara aún más su mente.
REY
Lo hizo. Sólo consiguió una insolación y que el sol resecara aún más su mente.
REY
martes, 10 de marzo de 2009
Los sabores de la niñez
¿A qué te sabe tu niñez? A mí, a arroces frescos, caldos a punto, moles de todos los colores, sopas reconfortantes, atoles para sanar cualquier resquebrajamiento, pan horneado, tardes echadas con la espalda pegada al pasto mirando las formas de las nubes, a soledad, a padre ausente, patios grandes, tierra, pasteles oportunos...
Mi madre siempre olía a comida. Estoy cierta que si hubiera chupado o mordido uno de sus dedos algún sazoncillo habrían de tener. De sus manos grandes y un poco regordetas se desprendía un intenso aroma a ajo o cebolla o chiles verdes o epazote fresco. Todos ingredientes para sus menjunjes.
Su comida nos llenaba la panza todos los días. Era un laberinto interminable de sabores que paladeabamos con alguna tortilla o varias o con pan recién comprado.
Todo un ritual el que se celebraba en su cocina, uno en el que yo nunca participé, pero desde afuera me llegaba el incitante olor que hacía que adivinaramos los guisos.
Iniciaba en la mañana cuando tras desayunar nos preguntaba qué era lo que habría de hacer para la comida. Todos, sus siete hijos, evadíamos la respuesta con un "lo que sea, todo te sale rico", aburrida e impaciente nos decía, pues si no les gusta se lo van a tener que comer. Je, era una trampa, lo sabíamos perfecto. Sabíamos que buscaría sorprendernos llevando a buen fin cualquier empresa culinaria que se hubiera planteado.
Caminaba sola hacia el mercado del barrio. Uno que hasta hace algunos años brillaba de colores en sus puestos. Jitomates, cebollas, calabazas, lechugas...todo aquello era calado en sus manos. Regateaba un poco. No importaba si las cosas bajaran su precio o estuvieran por encima. Ella intentaba ese juego con el marchante a fin de que el aburrimiento acabara por cercenarle un cacho de alma.
Regresaba entonces con una bolsa llena. Acomodaba diario lo comprado y cocinaba. Entre que había que darle sazón a esto o deshebrar aquello, o hacer la salsa para acompañar, se le iba la mañana. Sus manos iban impregnándose.
Al volver nosotros, nos servía en platos blancos adornados exígüamente. Devorabamos todo aquello: Un arroz rojo con chícharos y zanahorias que acompañaba de tortitas de carne en chile verde; sopa de fideo con caldo de pollo, de guisado milanesas empanizadas con papas fritas; huevos ahogados en vigilia o tortitas de papa; si el guisado era caldoso, la sopa debía ser seca y a la inversa funcionaba también. Eso sí lo aprendí perfecto.
Al terminar nos recostabamos un poco en la tarde. la idea era tener una pequeña siesta. Acariciaba entonces mis cabellos despeinados siempre y me canturreaba de niña alguna cancioncilla. Yo me dejaba un poco. Paseaba entonces el olor por mi cara y uno que otro dedo jugueteaba con mi nariz o mis mejillas. Yo la sentía, sus manos no tan suaves y un poco burdas para acariciar.
Aspiraba su olor. Lo pegaba, sin saberlo aún, a mis recuerdos. A los olores y sabores de la niñez
REY
Mi madre siempre olía a comida. Estoy cierta que si hubiera chupado o mordido uno de sus dedos algún sazoncillo habrían de tener. De sus manos grandes y un poco regordetas se desprendía un intenso aroma a ajo o cebolla o chiles verdes o epazote fresco. Todos ingredientes para sus menjunjes.
Su comida nos llenaba la panza todos los días. Era un laberinto interminable de sabores que paladeabamos con alguna tortilla o varias o con pan recién comprado.
Todo un ritual el que se celebraba en su cocina, uno en el que yo nunca participé, pero desde afuera me llegaba el incitante olor que hacía que adivinaramos los guisos.
Iniciaba en la mañana cuando tras desayunar nos preguntaba qué era lo que habría de hacer para la comida. Todos, sus siete hijos, evadíamos la respuesta con un "lo que sea, todo te sale rico", aburrida e impaciente nos decía, pues si no les gusta se lo van a tener que comer. Je, era una trampa, lo sabíamos perfecto. Sabíamos que buscaría sorprendernos llevando a buen fin cualquier empresa culinaria que se hubiera planteado.
Caminaba sola hacia el mercado del barrio. Uno que hasta hace algunos años brillaba de colores en sus puestos. Jitomates, cebollas, calabazas, lechugas...todo aquello era calado en sus manos. Regateaba un poco. No importaba si las cosas bajaran su precio o estuvieran por encima. Ella intentaba ese juego con el marchante a fin de que el aburrimiento acabara por cercenarle un cacho de alma.
Regresaba entonces con una bolsa llena. Acomodaba diario lo comprado y cocinaba. Entre que había que darle sazón a esto o deshebrar aquello, o hacer la salsa para acompañar, se le iba la mañana. Sus manos iban impregnándose.
Al volver nosotros, nos servía en platos blancos adornados exígüamente. Devorabamos todo aquello: Un arroz rojo con chícharos y zanahorias que acompañaba de tortitas de carne en chile verde; sopa de fideo con caldo de pollo, de guisado milanesas empanizadas con papas fritas; huevos ahogados en vigilia o tortitas de papa; si el guisado era caldoso, la sopa debía ser seca y a la inversa funcionaba también. Eso sí lo aprendí perfecto.
Al terminar nos recostabamos un poco en la tarde. la idea era tener una pequeña siesta. Acariciaba entonces mis cabellos despeinados siempre y me canturreaba de niña alguna cancioncilla. Yo me dejaba un poco. Paseaba entonces el olor por mi cara y uno que otro dedo jugueteaba con mi nariz o mis mejillas. Yo la sentía, sus manos no tan suaves y un poco burdas para acariciar.
Aspiraba su olor. Lo pegaba, sin saberlo aún, a mis recuerdos. A los olores y sabores de la niñez
REY
lunes, 9 de marzo de 2009
jueves, 5 de marzo de 2009
Empeño
Cuando la tristeza, el olvido, o el extrañamiento nos hacen presa de sus lazos, todas las cosas que nos rodean cobran de pronto vida propia: el radio se apaga, los girasoles se doblan, los globos se desinflan, los libros se empolvan, el aire se estanca. Todo eso es normal.Pero cuando una bailarina baja su pierna, se pone en huelga y no quiere danzar más nunca ese ritmo que la mantiene viva y sostenida, ahí sí hay que preocuparse y buscar con empeño y por todos los medios que vuelva a bailar.
REY
Solos, como el que más..
La verdad es que aún me perturba ver gente hablando sola en la calle. Todos los días por lo menos veo a 10 o 20 que van en sus coches o a pie en las aceras. Toman café o refresco o alguna que otra bebida. Se visten igual a la mayoría y caminan apresurados o con pesadumbre a lo largo de estas calles. No importa su condición social tampoco, pueden ser ricos o pobres o clasemedieros como yo. Sus rostros tampoco son especiales, van de rasgos afinados a facciones impregnadas de nuestras más profundas raíces; afeminados, altos, gordos, interesantes, raros, prejuiciosos, de todos tipos.
Pero hoy precisamente fue un día especialmente característico. Caminaba sobre México-Tacuba a pocos pasos del metro San Cosme. Se me hacía un poquitìn tarde así es que casi volaba para tomar un taxi. Pasé junto a una señora alta y flaca que desesperada hablaba y hablaba. Nadie iba a su lado. Me detuve un instante olvidando mis desesperos y miré a su alrededor para comprobar quien era el blanco de sus ajetreados movimientos de manos y su voz a punto del llanto. Nada, sólo transeúntes como yo. Indiferentes como yo. Apresurados.
La mayoría la ignoraba. No hubo quien se detuviera a preguntarle qué carajos tenía o por qué gritaba de esa manera. Yo que sólo alcanzaba a ver la mitad de su rostro, busqué verla de frente y con el cable que colgaba de su oreja me explicó todo sin decirme nada. Estaba hablando por teléfono. Su manos libres la salvaba de la vida que giraba en torno a ella sin que pareciera darse cuenta.
Me fui. El día fue tranquilo. Salvo uno que otro sobresalto. Ya de salida, tomé un taxi, no sin cierto miedo de tener que viajar al menos 20 minutos junto a un desconocido, (paranoia pura y dura). Me apoltroné en el asiento y eleve una que otra plegaria para llegar a mi destino.
El chofer iba escuchando música y al subir yo le bajó un poco. Todo lo que intercambiamos fueron un par de instrucciones para llegar a casa. Durante el trayecto él también empezó a hablar bajito como para sí. Volteaba un poco la cara hacia afuera y yo veía y oía su voz en pequeños susurros que se encubrían con el ruido de su música.
No pasó nada y llegué sin mayor cosa al lugar que le había indicado. Pagué y a propósito esperé mi cambio del otro lado de la ventanilla.
Busqué y busqué con la mirada algún cablecito que me mostrara que venía hablando por celular. Eso hubiera calmado un poco las ansias. Ël no traía nada. Esta vez sí me había subido con un loco que con un manos libres o sin el hablaba a discreción cuando quería.
Con mi cambio en la mano, me alejé pensando en lo solos que vamos todos. Sólos como el que más..
REY
Pero hoy precisamente fue un día especialmente característico. Caminaba sobre México-Tacuba a pocos pasos del metro San Cosme. Se me hacía un poquitìn tarde así es que casi volaba para tomar un taxi. Pasé junto a una señora alta y flaca que desesperada hablaba y hablaba. Nadie iba a su lado. Me detuve un instante olvidando mis desesperos y miré a su alrededor para comprobar quien era el blanco de sus ajetreados movimientos de manos y su voz a punto del llanto. Nada, sólo transeúntes como yo. Indiferentes como yo. Apresurados.
La mayoría la ignoraba. No hubo quien se detuviera a preguntarle qué carajos tenía o por qué gritaba de esa manera. Yo que sólo alcanzaba a ver la mitad de su rostro, busqué verla de frente y con el cable que colgaba de su oreja me explicó todo sin decirme nada. Estaba hablando por teléfono. Su manos libres la salvaba de la vida que giraba en torno a ella sin que pareciera darse cuenta.
Me fui. El día fue tranquilo. Salvo uno que otro sobresalto. Ya de salida, tomé un taxi, no sin cierto miedo de tener que viajar al menos 20 minutos junto a un desconocido, (paranoia pura y dura). Me apoltroné en el asiento y eleve una que otra plegaria para llegar a mi destino.
El chofer iba escuchando música y al subir yo le bajó un poco. Todo lo que intercambiamos fueron un par de instrucciones para llegar a casa. Durante el trayecto él también empezó a hablar bajito como para sí. Volteaba un poco la cara hacia afuera y yo veía y oía su voz en pequeños susurros que se encubrían con el ruido de su música.
No pasó nada y llegué sin mayor cosa al lugar que le había indicado. Pagué y a propósito esperé mi cambio del otro lado de la ventanilla.
Busqué y busqué con la mirada algún cablecito que me mostrara que venía hablando por celular. Eso hubiera calmado un poco las ansias. Ël no traía nada. Esta vez sí me había subido con un loco que con un manos libres o sin el hablaba a discreción cuando quería.
Con mi cambio en la mano, me alejé pensando en lo solos que vamos todos. Sólos como el que más..
REY
siga los pasos
Mucho cuidado al poner agua, café suficiente y delicioso, cerrar bien y no despegar la vista hasta que esté listo. Esas son las instrucciones de hoy. ¿Después?
Después Dios dirá.
REY
Después Dios dirá.
REY
martes, 3 de marzo de 2009
lunes, 2 de marzo de 2009
Philiph Roth
Así me inicié con Roth:
1.- Elegía
2.- Patrimonio
3.- El teatro de Sabath
4.-El pecho
5.-Cuando ella era buena
6 El lamento de Portnoy
7 Conjura contra América
8 El animal moribundo
9 El profesor del deseo
¿Alguien tiene una mejor apuesta?
REY
1.- Elegía
2.- Patrimonio
3.- El teatro de Sabath
4.-El pecho
5.-Cuando ella era buena
6 El lamento de Portnoy
7 Conjura contra América
8 El animal moribundo
9 El profesor del deseo
¿Alguien tiene una mejor apuesta?
REY
"El cartero siempre llama dos veces"
Otra vez me pasó, lo leí justo cuando debía, ni más ni menos. Ahora quiero ver la peli, no importan mis rudas convicciones de que literatura y cine son dos géneros distintos y aparte. Por pura curiosidad la veré. Por cierto:
El cartero llamará siempre, hoy y siempre...sólo contéstale...
REY
El cartero llamará siempre, hoy y siempre...sólo contéstale...
REY
Voyeur (Sólo ficción, si es que hiciera falta precisar)
Estoy mirando desde el boquete de mi zotehuela a una pareja haciendo el amor en el edificio de enfrente. Ella está de espaldas a él mirando hacia la calle. No puedo ver sus ojos, no tengo la certeza de que estén cerrados o abiertos, no sé qué estarán pensando, pero alcanzo a ver una ligera sonrisa que le sale de entre las comisuras de los labios.
De él sólo veo su pelo, un trozo de cara y sus manos incesantes que se mueven por sus pechos, su vientre y...y por más que me subo no veo más. Están recargados en un lavadero. Se mueven lento y rítmicamente.
La ropa que cuelga de su tendedero de pronto los interrumpe y ellos sin atreverse a perder la concentración la apartan y siguen el juego. Llevamos 10 minutos, digo, llevamos porque no me puedo despegar de ahí, sin saber cómo terminan. Ha sonado el teléfono, y lo he ignorado, tocaron el timbre y he fingido no escuchar.
Ella de pronto voltea y queda su rostro frente al de él. Lo toma entre las manos y le dice cuánto lo ama, (seguro que eso le dijo), él, el hombre, no le dice nada, le pasa la lengua por los ojos y la besa larga y profundamente. Con eso le dice que el amor es como ese beso. ella no sabe que quiere decir, quizá él tampoco. ¿Cómo sé lo que se dijeron? Pues porque yo tengo un lavadero igual en casa.
REY
De él sólo veo su pelo, un trozo de cara y sus manos incesantes que se mueven por sus pechos, su vientre y...y por más que me subo no veo más. Están recargados en un lavadero. Se mueven lento y rítmicamente.
La ropa que cuelga de su tendedero de pronto los interrumpe y ellos sin atreverse a perder la concentración la apartan y siguen el juego. Llevamos 10 minutos, digo, llevamos porque no me puedo despegar de ahí, sin saber cómo terminan. Ha sonado el teléfono, y lo he ignorado, tocaron el timbre y he fingido no escuchar.
Ella de pronto voltea y queda su rostro frente al de él. Lo toma entre las manos y le dice cuánto lo ama, (seguro que eso le dijo), él, el hombre, no le dice nada, le pasa la lengua por los ojos y la besa larga y profundamente. Con eso le dice que el amor es como ese beso. ella no sabe que quiere decir, quizá él tampoco. ¿Cómo sé lo que se dijeron? Pues porque yo tengo un lavadero igual en casa.
REY
sábado, 28 de febrero de 2009
No me gusta estar sola. Dice mi madre que desde pequeña la miraba paradita desde mi cuna hasta la cocina chupando un pedazo de mi camiseta con tal de no perderla de vista. Cuando ella se movía hacia cualquier lado en que mis ojos no pudieran alcanzarla, yo comenzaba a balbucear desesperada, sin llorar, hasta verla de nuevo aparecer en el marco de la puerta.
Fijar su imagen como si fuera una fotografía me tranquiliza ahora. Nuestra relación no es lo que era en esos tiempos pero cuando lloro no puedo dejar de balbucear su nombre. Mamá, le grito fuerte, cuando no puedo más y quiero salir corriendo como si con esa carrera pudiera asirme a un destino o a un lugar a donde llegar.
Ahora soy mamá yo también, y veo sus caritas, de las dos, y me pregunto exacto qué sienten que soy para ellas, qué parte de su juego me tocó presenciar o de alguna manera interactuar. Me veo cubriéndolas de besos, de abrazos locos, de frases raras, de miradas que buscan decirles lo bueno que es tenerlas y del susto que me da no poder cumplir con todas sus expectativas.
Soy su madre, que nunca dejo de ser una hija que buscaba a su vez a su madre y que de pronto no encontró consuelo en sus brazos. Soy...qué soy? Ellas que a veces me abarcan con sus abrazos y sus manitas mi ser entero, quizá sepan describirme algún día.
REY
Fijar su imagen como si fuera una fotografía me tranquiliza ahora. Nuestra relación no es lo que era en esos tiempos pero cuando lloro no puedo dejar de balbucear su nombre. Mamá, le grito fuerte, cuando no puedo más y quiero salir corriendo como si con esa carrera pudiera asirme a un destino o a un lugar a donde llegar.
Ahora soy mamá yo también, y veo sus caritas, de las dos, y me pregunto exacto qué sienten que soy para ellas, qué parte de su juego me tocó presenciar o de alguna manera interactuar. Me veo cubriéndolas de besos, de abrazos locos, de frases raras, de miradas que buscan decirles lo bueno que es tenerlas y del susto que me da no poder cumplir con todas sus expectativas.
Soy su madre, que nunca dejo de ser una hija que buscaba a su vez a su madre y que de pronto no encontró consuelo en sus brazos. Soy...qué soy? Ellas que a veces me abarcan con sus abrazos y sus manitas mi ser entero, quizá sepan describirme algún día.
REY
viernes, 27 de febrero de 2009
El precio de los zumos
El día era caluroso, un poco más quizá que el que hace hoy. La fecha tal vez varie por 5 o 6 días. Estaba en Cuba, cumpliendo mi sueño de visitar esa tierra dominada por el comandante en jefe, Fidel Castro. Él se hallaba ya postrado en una cama, misma seguramente en la que se encuentra aún, sin atreverse a morir por completo. Minada su salud, más no su presencia. Por todos los lados que caminara, y platicara, se hacía presente. Vivía mi sueño y recibía todos los regalos que la isla quisiera darme.
Uno de esos, y quizá uno de los más preciados fueron un par de porciones de zumo de caña, servido en un vaso de vidrio y que ni siquiera pagué yo. ¿Quieres un guarapo? me dijeron las dos adolescentes con las que había estado platicando en la banquilla de un parque que ostentaba en el centro a manera de kiosco, la figura de Martí.
Ellas fueron la que me lo invitaron. En mi pequeña bolsa traía sólo pesos convertibles (CUCs), uno sólo de esos es equivalente a 15 o 16 pesos cubanos; se los mostré ignorante, dispuesta no sólo a pagar lo que fuera por un poco de jugo, sino a dárselos por su plática.
No lo aceptaron y bebimos las tres en un expendio o guarapería. Un lugar pequeño en el que dentro sólo cabe una o dos personas que son las que despachan el jugo previamente hecho y frio hasta el delirio.
El primero me lo bebí entero sin enterarme de qué tan rico era. Sólo tenía que calmar la sed. El segundo, con más calma, fue tan delicoso que el sabor aún me permanece.
Luego me contaron que antes del llamado "periodo especial" había 150 guaraperas tan sólo en la capital cubana. Ahora habrá sólo 20 o 25. La escasez de guaraperas en la capital cubana, se debe a la caída de la producción cañera en provincia.
Aquí en casa, cuesta 6 pesos el vaso de zumo de naranja, por mucho más caro que allá, pero no tanto como costaría en europa. En fin, tomo siempre y antes de cualquier cosa jugo de naranja, o toronja o combinado. No importa si lo hacen al momento o si sube su precio según la época del año. Me lo sirven en bolsa o vaso de plástico, no en vidrio como tomé allá guarapo, en el mismo vaso en donde con seguridad muchos labios cubanos lo habían hecho.
REY
Uno de esos, y quizá uno de los más preciados fueron un par de porciones de zumo de caña, servido en un vaso de vidrio y que ni siquiera pagué yo. ¿Quieres un guarapo? me dijeron las dos adolescentes con las que había estado platicando en la banquilla de un parque que ostentaba en el centro a manera de kiosco, la figura de Martí.
Ellas fueron la que me lo invitaron. En mi pequeña bolsa traía sólo pesos convertibles (CUCs), uno sólo de esos es equivalente a 15 o 16 pesos cubanos; se los mostré ignorante, dispuesta no sólo a pagar lo que fuera por un poco de jugo, sino a dárselos por su plática.
No lo aceptaron y bebimos las tres en un expendio o guarapería. Un lugar pequeño en el que dentro sólo cabe una o dos personas que son las que despachan el jugo previamente hecho y frio hasta el delirio.
El primero me lo bebí entero sin enterarme de qué tan rico era. Sólo tenía que calmar la sed. El segundo, con más calma, fue tan delicoso que el sabor aún me permanece.
Luego me contaron que antes del llamado "periodo especial" había 150 guaraperas tan sólo en la capital cubana. Ahora habrá sólo 20 o 25. La escasez de guaraperas en la capital cubana, se debe a la caída de la producción cañera en provincia.
Aquí en casa, cuesta 6 pesos el vaso de zumo de naranja, por mucho más caro que allá, pero no tanto como costaría en europa. En fin, tomo siempre y antes de cualquier cosa jugo de naranja, o toronja o combinado. No importa si lo hacen al momento o si sube su precio según la época del año. Me lo sirven en bolsa o vaso de plástico, no en vidrio como tomé allá guarapo, en el mismo vaso en donde con seguridad muchos labios cubanos lo habían hecho.
REY
miércoles, 25 de febrero de 2009
martes, 24 de febrero de 2009
mi rutina parece no dejarme en paz. habia decidido dejar de llorar unos pocos días mientras me volvían a crecer las pestañas caídas. un mal sueño fue el presagio de todo lo que pasaria despues. he llorado por más de dos horas sin que pueda detener los espasmos ni las lágrimas. se quemó completa por dentro, y por fuera perdió su asa. en un olvido estúpido e imperdonable dejé mi cafetera italiana al fuego sin una gota de agua. con pequeños silbidos me avisaba, pero yo me habia levantado mal y mis pensamientos no estaban en ningun lado. queria cafe para curarme un poco y me senté mordisqueando un pan y mirando sin sentido hacia la calle a donde debia haber ido para que no pasara todo esto. no hice caso de sus avisos y cuando me di cuenta ya era demasiado tarde, la tomé por el asita y lo caliente me hizo ponerla en el primer lugar que encontré: la mesa. la quemé también. alguna vez ya me habia pasado. en otro olvido dejé un pequeño ipod sobre el toldo de mi coche y sólo me dí cuenta hasta que miré por el retrovisor y vi un camión pasar encima de él.dos hermosos regalos, destruidos en mis manos. no cabe duda que soy imperdonable.
lunes, 23 de febrero de 2009
Cuando te encontré...
Vino de Cuba como suele todo salir de la isla, a hurtadillas, escondida en una maleta, cubierto su cuerpo con girones de papel periódico que alguien apiadándose le obsequió.
La primera vez que nos encontramos fue en un mercado que hallé en una de las aventuradas caminatas por las calles de Tacón y Mercaderes justo en La Habana Vieja. Un mercado que pese a estar a campo abierto y con puestos semejantes a los de los tianguis de mi país, venden baratijas y artesanías a precio de divisa y no a peso cubano.
Es decir, puestos dedicados sólo a turistas que caminan con la intención de llevarse cualquier cosa que avale su permanencia en la isla.
Caí por accidente llevada por dos cubanos, un hombre y una mujer que haciendo gala de su verborrea lograron arrancar un poco de mi exiguo presupuesto. Compramos leche y aceite, quizá para una niña inexistente o crecida ya, de la que él me mostró una foto.
Casi de su mano, fuimos a un tendajón en el que ambos, pidieron y yo me limité a pagar. Ese era el trato, matizado un poco, de lo que hacen para conseguir cosas de los turistas. Mis converse los salvé, al igual que mis aretes y un anillo, que no dí porque cargaban con profundos significados. Los tenis quizá sí me arrepentí de no habérmelos quitado, ahora andarían todavía.
Encaminados ya, ofrecieron llevarme a comprar artesanías. Imaginaban tal vez por lo menos una buena cantidad de divisas, de las que ellos obtendrían una parte. Nada más alejado de la realidad. Había salido ese primer día con 20 o 30 CUCs (así llaman a la moneda para turistas en las casas de cambio, que se me iban yendo como agua en mi inexperiencia por hacer tratos comerciales. Ya después aprendería.
Entramos y la algarabía hizo presa de mí. Con sus voces invitadoras, "guapa, que llevas?" ""qué te ofrezco chica", embaucaban a cualquiera; claro, pero a cualquiera que llevara dinero. No a mí que sabiéndome con poco presupuesto me inhibía con los precios. Yo quería todo.
Pero, ahí estaba, justo detrás de la mesa. Su figura rígida contrastaba con las demás que se movían al ritmo de cualquier música o conversación. Los cubanos balancean tanto el cuerpo al hablar o reír que parecen que todo el tiempo están bailando. Así es que bien se podía decir que estaba bailando.
Su cuerpo curvilíneo y delgado llevaba una falda a la rodilla que se movía igual que el resto. Las piernas y brazos eran, y son, perfectos trazos, que cualquier artista estaría tentado a plasmar en sus obras. Delgados pero dejando ver largas horas de trabajo para finalmente hacerla bailarina.
Largo tiempo me pasé observándola, tanto, que mis acompañantes se dieron por vencidos y me dejaron por fin sola. Había comenzado a aburrirme de sus pláticas para infundirme miedo, con las que pretendían no separase de mí el resto del día.
Su seducción llegó a tope y me atreví a tomarla entre mis manos. Acaricié su figura perfecta de la que sobresalía una pequeña cabecita que inclinada hacia adelante daba el último paso de una danza que la hizo alzar una de sus piernas tan arriba como le era posible.
Esta vez no regateé. Sin estar cierta sobre lo justo o no del costo saqué mis últimos billetes, los que había salvado de aquellos y se los dí al vendedor.
LLegando, la puse en el librero, en un juguetero, junto a un reloj y junto a cualquier lugar en mi casa en donde pueda voltear y verla. Mi bailarina cubana.
REY
La primera vez que nos encontramos fue en un mercado que hallé en una de las aventuradas caminatas por las calles de Tacón y Mercaderes justo en La Habana Vieja. Un mercado que pese a estar a campo abierto y con puestos semejantes a los de los tianguis de mi país, venden baratijas y artesanías a precio de divisa y no a peso cubano.
Es decir, puestos dedicados sólo a turistas que caminan con la intención de llevarse cualquier cosa que avale su permanencia en la isla.
Caí por accidente llevada por dos cubanos, un hombre y una mujer que haciendo gala de su verborrea lograron arrancar un poco de mi exiguo presupuesto. Compramos leche y aceite, quizá para una niña inexistente o crecida ya, de la que él me mostró una foto.
Casi de su mano, fuimos a un tendajón en el que ambos, pidieron y yo me limité a pagar. Ese era el trato, matizado un poco, de lo que hacen para conseguir cosas de los turistas. Mis converse los salvé, al igual que mis aretes y un anillo, que no dí porque cargaban con profundos significados. Los tenis quizá sí me arrepentí de no habérmelos quitado, ahora andarían todavía.
Encaminados ya, ofrecieron llevarme a comprar artesanías. Imaginaban tal vez por lo menos una buena cantidad de divisas, de las que ellos obtendrían una parte. Nada más alejado de la realidad. Había salido ese primer día con 20 o 30 CUCs (así llaman a la moneda para turistas en las casas de cambio, que se me iban yendo como agua en mi inexperiencia por hacer tratos comerciales. Ya después aprendería.
Entramos y la algarabía hizo presa de mí. Con sus voces invitadoras, "guapa, que llevas?" ""qué te ofrezco chica", embaucaban a cualquiera; claro, pero a cualquiera que llevara dinero. No a mí que sabiéndome con poco presupuesto me inhibía con los precios. Yo quería todo.
Pero, ahí estaba, justo detrás de la mesa. Su figura rígida contrastaba con las demás que se movían al ritmo de cualquier música o conversación. Los cubanos balancean tanto el cuerpo al hablar o reír que parecen que todo el tiempo están bailando. Así es que bien se podía decir que estaba bailando.
Su cuerpo curvilíneo y delgado llevaba una falda a la rodilla que se movía igual que el resto. Las piernas y brazos eran, y son, perfectos trazos, que cualquier artista estaría tentado a plasmar en sus obras. Delgados pero dejando ver largas horas de trabajo para finalmente hacerla bailarina.
Largo tiempo me pasé observándola, tanto, que mis acompañantes se dieron por vencidos y me dejaron por fin sola. Había comenzado a aburrirme de sus pláticas para infundirme miedo, con las que pretendían no separase de mí el resto del día.
Su seducción llegó a tope y me atreví a tomarla entre mis manos. Acaricié su figura perfecta de la que sobresalía una pequeña cabecita que inclinada hacia adelante daba el último paso de una danza que la hizo alzar una de sus piernas tan arriba como le era posible.
Esta vez no regateé. Sin estar cierta sobre lo justo o no del costo saqué mis últimos billetes, los que había salvado de aquellos y se los dí al vendedor.
LLegando, la puse en el librero, en un juguetero, junto a un reloj y junto a cualquier lugar en mi casa en donde pueda voltear y verla. Mi bailarina cubana.
REY
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