jueves, 22 de enero de 2009

Matador I

Le confesé mi amor cuando él tenía 80 y yo apenas había rebasado los treinta. Se lo dije después de haberlo guardado celosamente dentro de mi cuerpo.

Así como había temas prohibidos, también eran así las caricias. El amor se respiraba exiguamente en esa casa pequeña en donde lo que sobraba era patio. Apenas tres cuartos, un baño y metros enteros fuera, con pasto y algo de cemento para iniciar
solitarias aventuras.

Él nunca estaba, llegaba por la noche y a veces a la hora de la comida. Mis hermanos procuraban comer o dormir antes para no tener que enfrentar sus críticas o regaños que se despertaban a la menor provocación o aun sin ésta.

Yo me negaba a aceptar esas resoluciones en la vida. ¿Por qué no habríamos de hablar si estábamos tan cerca? ¿Por qué rehuía mis caricias? o es que quizá yo no se las ofrecía con suficiente vehemencia o continuidad?

Quería tocarlo porque era inasible a mis manos. Rozar su piel áspera, morena, curtida por tantas horas de permanecer en el coche, repartiendo destinos que al azar le hacían la parada en el taxi.


Decirle te amo, te quiero, parecía imposible en mi contexto pequeño; a lo más que me atreví fue a inventarle seudónimos que más bien abarcaban o retrataban su autoridad en casa. Era el jefe. El que todo lo podía. Para el que todo estaba dispuesto.

Pasó mi niñez, entre juegos solitarios y variados códigos inventados por mí para poder interactuar con él. Dejando de noche mis zapatos volteados, con la suela hacia el techo, para que pudiera ver que ya enseñaban un hoyo por el cual las piedras, el agua y el lodo se metían y ensuciaban mis calcetines.

Crecí viendo cómo dormía la siesta olvidando o al menos así parecía, al resto del mundo. Vi sus rituales y abluciones mañaneras; sus tes con los que me despertaba muy temprano y hacía que me pasara a su cama. Somnolienta y temerosa de provocar su enojo y más aún su indiferencia, saltaba a su sitio y evitaba en lo posible rozar sus piernas...

Ahora mismo lo veo.. su semblante triste y abatido en esa cama de hospital...Le digo te quiero y me sonríe.

REY

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