sábado, 21 de febrero de 2009

Genio y figura... o desfiguros

Tal pareciera que sus privilegios intelectuales se concentraron en sus cerebros, desprotegiendo con ello el resto de sus cuerpos. Son capaces de crear los textos más ingeniosos y bajo las más lindas normas de creatividad que los ponen en pedestales literarios. Ellos son los que marcan las pautas. Los autorizados para tallerear y despedazar las ideas de otros.

Suman sus pensamientos y otorgan veredictos que enaltecen o destazan a cualquiera. Van y saltan de sociedades de escritores a bloggers a maestros, todos dictaminan de igual forma. No se apiadan de los nuevos e incipientes creadores. Los miran igual, de arriba a abajo, como si con sólo eso pudieran adivinar lo que se gesta en sus mentes.

Desprecian entonces los rostros armónicos. Genio y belleza deben ser destilados. Desconfían al iniciar una charla y es sólo por la maniática manía de saberse superiores. De vislumbrar con su ojo clínico a quienes habrán pronto de competir con ellos. Se los permiten a cuenta-gotas. Abren espacios como rendijas que dejan entrever la luz enmedio de una pertinente obscuridad.

¿Has publicado? Te preguntan y ese primer avance determina lo que ha de seguir después. Si contestas que no, hasta ahí habrás terminado; en caso de ser positiva la respuesta, reblancederán un poco su corazón y quizá te permitan decir el lugar y los motivos.

Siempre con un vaso en la mano o encima de sus ojos alguna línea o pastilla que los haga tolerar al banal mundo que los rodea. Son superiores. Lo dejan claro al entrar en
cualquier lugar. No es necesario que porten sus libros publicados bajo el brazo. Las etiquetas las adquirieron desde antaño. Sus triunfos los avalan las editoriales de algún renombre. Con ellas se amparan y de éstas viven. No importa entonces el dinero. La sociedad está hecha, se conformó y pasará tiempo, antes de que puedas entrar en ella.

Sin embargo nada impide que puedas observarlos mientras mueven sus cuerpos anchos y desproporcionados, o flacos desmedidos, o con una altura que casi emula a la de una silla, al ritmo de una música obsesiva que retumba hacia todas las direcciones. Giran y coquetean entre ellos. Se miran y hacen matrimonios con seres parecidos. Grandes mentes contenidas en sus cuerpos, que parecen haber crecido tanto para albergar su genialidad.

Se retuercen entonces. Bailan danzas locas que sólo ellos entienden. No se preocupan por los demás pues saben perfecto que todo les es justificado tras haber sido leídos y superar las críticas. Pantalones holgados se deslizan por sus gruesas piernas y al ritmo de a-go-go comienzan a desnudarse.

Miles de rostros los ven. Relucen entonces los pechos. Las tetas de ellas contrastan. Son más pequeñas de lo que todos hubieramos imaginado. El vientre se reblandece con cada meneo que sus cuerpos inician o pactan con el otro. Eso sí, hay completa armonía. Uno a otro se acerca y rozan sus labios sintiendo el éxtasis de la pasión correr por sus venas. Finalmente también son corporeos, aunque pretendan todo el tiempo emular a dioses venidos del cielo o de cualquier otro lugar.

Salgo de ahí. El airecillo frio me tranquiliza y pido un cigarrillo. Todo está en calma, tal como lo dejé cuando entré.

REY

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