sábado, 28 de febrero de 2009

No me gusta estar sola. Dice mi madre que desde pequeña la miraba paradita desde mi cuna hasta la cocina chupando un pedazo de mi camiseta con tal de no perderla de vista. Cuando ella se movía hacia cualquier lado en que mis ojos no pudieran alcanzarla, yo comenzaba a balbucear desesperada, sin llorar, hasta verla de nuevo aparecer en el marco de la puerta.

Fijar su imagen como si fuera una fotografía me tranquiliza ahora. Nuestra relación no es lo que era en esos tiempos pero cuando lloro no puedo dejar de balbucear su nombre. Mamá, le grito fuerte, cuando no puedo más y quiero salir corriendo como si con esa carrera pudiera asirme a un destino o a un lugar a donde llegar.

Ahora soy mamá yo también, y veo sus caritas, de las dos, y me pregunto exacto qué sienten que soy para ellas, qué parte de su juego me tocó presenciar o de alguna manera interactuar. Me veo cubriéndolas de besos, de abrazos locos, de frases raras, de miradas que buscan decirles lo bueno que es tenerlas y del susto que me da no poder cumplir con todas sus expectativas.

Soy su madre, que nunca dejo de ser una hija que buscaba a su vez a su madre y que de pronto no encontró consuelo en sus brazos. Soy...qué soy? Ellas que a veces me abarcan con sus abrazos y sus manitas mi ser entero, quizá sepan describirme algún día.

REY

No hay comentarios: