La ví por primera vez cuando entré al baño de mi casa el sábado. Al sentarme en la taza y mientras orinaba, fijé la vista en las baldosas del piso. Una pequeña silueta se movía en una de las ranuras que dividen la regadera.
Pequeña como es, movía sus patitas escalando uno y otro azulejo, pensé en un primer impulso en cómo aplastarla, pero estaba fuera de mi alcance. Por un momento le dejé de prestar atención.
Tras algunos minutos volví a reparar en ella. Había caminado tanto que estaba casi llegando al techo. Sólo por eso, la dejé vivir. Ahora cada vez que entro al baño, puedo ver su cuerpecito en un rincón, ahí hizo su casa. La saludo y se me quitan las ganas de llorar.
REY
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