Mañana será mi cumpleaños. Nací un 14 de febrero después de que mi madre hubiera tenido 7 embarazos previos y de que su edad concordara con la usanza de esa época. Demasiado joven cuando concibió a su primera hija y demasiado vieja con la última. Vine a convertirme en un apabullante suceso para la familia, mi familia, pues nadie me esperaba. Ella misma se sorprendió cuando su regla se suspendió, pues la atribuyó a transtornos menopáusicos. Imagínate.
Contrario a todos los pronósticos y una panza que era imposible de esconder al resto de sus hijos, la mayor parte jóvenes y adolescentes, hasta mi padre se alegró. Sería a partir de ese momento, su muñequita. Aunque nunca me lo dijo yo se lo adiviné en los ojos.
Confieso la fecha de mi nacimiento más no el año. Aún no rompo con los esterotipos de ser más o menos joven. Trato de deshacerme de cargas y convencionalismos que me atan y me torturan, lo han hecho a lo largo de mi vida. Raras veces lo consigo.
Intento ser sólo una persona, sin sexo ni edad, ni costumbres. No quiero problemas, ni confusiones, mucho menos atavismos; sólo aficiones, en todo caso que me traigan alguna que otra recompensilla y pueda reírme de vez en cuando, sin cuestionamientos. Que pueda mirar a quien quiero mirar; amar, tal vez; querer; soñar; leer; pensar; sentir; abrazar a mis hijas; llorar? respirar, escribir.
Alguna vez he confesado que hubiera sido hombre con todo gusto, no porque tenga dudas de mis inclinaciones sexuales, sino por las ventajas y libertades que se otorgan justo en el nacimiento de todo niño varón. Alguna que otra vez, también he intentado ser como ellos, pero tengo muchas cosas de mujer, como me han dicho, para que se me olvide que tengo que llorar por fuerza unos días al mes, ser un poco histérica, intolerante, celosa, insoportable....(y aquí se queda abierto por si se me ocurren más adjetivos)
Tomo café, desde siempre, pero ahora una cafetera italiana y pequeña cura mis depresiones solitarias y mañaneras. La ocupo a discreción y le he asignado un lugar especial justo encima del refrigerador donde pueda verla todo el tiempo, desde todos los ángulos de mi casa. Lo sirvo en tazas pequeñitas para acordarme de Cuba. Sólo me falta una cuchara chiquitita, como las que usan allá. Pronto la compraré.
Escribo en un ordenador de sueño, todo blanco y bonito con un sistema operativo distinto, al que me he ido acostumbrando y del que he ido aprendiendo, con un poco de ayuda, todas las cosas que puedo hacer. Por lo pronto sólo ocupo el tiempo que tengo en escribir y escribir y escribir. Ha dejado de importarme un poco, pensar si lo que escribo valga la pena. Lo hago como si se me fuera a acabar el tiempo y estuviera a merced de un reloj de arena que me condiciona para decir todo lo que tengo que hablar. Como si mi vida pendiera de ese hilo y lo aprovecho hasta que termine. Que dure lo que tenga que ser.
Leo los libros que me llegan, para los que estoy preparada, los que me gustan y los que me obligan. No soy nada ordenada, ni en la lectura, ni en ningún otro aspecto intelectual, mi asesor de tesis tendría mucho que decir en este punto.
Tengo dos hijas a las que les guardo más amor que paciencia. Las quiero con toda mi alma y tenemos códigos bien distintos al resto. Nos amamos a mordidas, a besos apasionados y a abrazos que espero les duren todo su camino. Me miran, me escudriñan y me tocan la mayor parte del tiempo, como si tuvieran la certeza de que en algún momento desapareceré. A Ella, la mayor, le causo una curiosidad que supera todo. Me siente vulnerable y eso le da un poco de conflicto, me quiere proteger y aún no sabe cómo ni por qué, pues lo natural sería que yo lo hiciera. Su inteligencia me supera y me asusta. La quiero libre y feliz. La peque es el sol, me dice que me quiere "hasta los infinitos mamá" y con eso ya me hizo la vida.
Fui a Cuba en un viaje revelador, que me enseño más de lo que hubiera pensado. Me hizo enamorarme de nuevo de la vida, del mar, de las calles empedradas, de los ojos cubanos, de las largas caminatas solitarias saludando a todo el que quisiera hacerlo, de pararme, de sentarme, de ir hasta donde mis pies pudieran caminar.
Aun hoy me gusta mafalda, oigo canciones de Silvio Rodríguez, de los Fabulosos Cadillacs, y todo lo retro que me encuentro en el mercado, y puedo llorar cuando alguien me dice que no me ha de querer más o cuando percibo indiferencia, debe ser claro, un problema de carencias, quizá deba pedir ayuda. Leí a Philip Roth cuando más lo necesitaba, como en otro tiempo Hesse me regaló a Demián y Mastretta a "Arráncame la vida".
Aparte de todo he conocido muchas personas interesantes y entrañables, todas ellas han dado algo para que sea lo que ahora soy, ya sea esto bueno o malo; sólo dos me gustaría conservar hasta el final del camino. el silencio absoluto me hace temblar de miedo.
Tengo un par de ojos que pueden decir mucho más de lo que dice mi boca e incluso mi escritura; un cuerpo que me ha traído demasiados problemas; una mente irreverente y antagónica; una vida que no sé si será larga o corta, pero bueno, algo habrá que hacer con ella.
REY
Pd.
muchas cosas faltaron, otras más se omitieron, otras están en desorden completo. Este es mi Regalo, para mí. Esta soy yo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario