Ayer vi a los dos. Uno frente a otro, medio sorbiendo un plato de caldo con verduras y masticando con trabajos uno o dos tacos. Cada uno en un extremo de la mesa. Con su orgullo de siempre y mirándose de reojo. Yo también comía o al menos eso intentaba. Sentados todos alrededor reparando apenas en su presencia. Ambos callados, ocupados de su cuchara y cómo es que había que hacerle para llevar la comida a la boca. Ajenos a la algarabía circulando.
El aire rompió entonces un vidrio. El ruido fue estremecedor al estrellarse la ventana. Cayeron los pedazos rotos. Fue como una catarsis. Yo me tenía que ir. Cuando me despedí, cada uno me dio un abrazo fuerte, como si fuera el último o tal vez el primero.
REY
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