La que sigue no es una historia de desprendimientos ni de fantasmas que se aparecen apenas cae la noche, es tal vez de imaginación que se desborda o de dosis de locura que ha comenzado a ser incontrolable.
Iba llegando a casa. Lo mismo de siempre, el policía idiota abriendo y cerrando. Fijándose en las horas en que uno llega o se va. Lo vi de lejos caminar hacia la salida. Las manos en los bolsillos y la vista fija. Se dirigía a la tienda, eso lo tengo bien seguro. Pantalones negros y su camisa de cuadros, blanco con azul. No pareció reparar en mi presencia y como en una búsqueda de atención intenté echarle las luces o dar un ligero apretón al claxón. Nada hice. Hubiera violentado sus pensamientos.
A un metro estaba de mí. Cierta estoy. Seguí. Esperé, un poco por ver si era verdad que no me había visto llegar en su huida hacia la tienda.
Bajé con calma del coche. Subí las escaleras con jadeos. La puerta se abrió fácil, sin espera a la llave del picaporte. Voltee al sillón y ahí estaba sin moverse. Cómo hizo para llegar. Corrí casi a la ventana a ver si distinguía al que volvería de la tienda. Nada ví. Nadie volvió. Cómo hizo.
Ahora mismo escribo esto y me pregunto a quién oigo escribir en la sala. Hay un leve temblorcillo en mi vientre. Fue real? o sólo ficción? que alguien venga y me ayude o por lo menos me dé un tofranil para poder dormir hoy. Al menos hoy.
REY
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