lunes, 11 de mayo de 2009

hay de oficios a oficios

Antes y ahora con un poco más de fuerza, todo periodista que se precia de ser algo más que un reproductor de noticias aspira a ser un buen escritor. Que tendrá, si así el destino y los aires le son favorables, un libro con su nombre o seudónimo en las manos, publicado en una editorial, cualquiera que ésta sea.

De pronto, los espacios son acaparados por escritores que han basado su prestigio en profundos ensayos o crónicas que intentan mezclar su profundo conocimiento con la realidad que vive su país de residencia.

Está mal? por supuesto que no. He ahí una de las ramas de discusión entre el periodismo y la literatura. Ellos aprovechan las historias que se dan como fuente incabable, para enmarcarlas en sus contextos. el resultado no siempre es bueno, como tampoco siempre resulta cuando un periodista se mete sin permiso a redactar crónicas al alimón.

En otras tantas, y esas creo que hasta ahora han sido las más surgen híbridos interesantes que hacen pensar en la posibilidad cercana de entremezclar ambos géneros sin que eso cause escozor.

El escritor, (al menos los que me ha tocado leer hasta el momento) toma notas de los periodistas y las convierten en crónicas. Viceversa, puede también que sea. El periodista en el mejor de los casos, lee y tomará alguno que otro recurso narrativo para contar.

La desventaja sin embargo es un poco más marcada. El espacio y la prontitud con que pasan los hechos da al escritor un amplio margen de adelanto. Al resguardo de su casa u oficina puede ver crecer su crónica o artículo. En tanto que el reportero por más habilidad con la que cuente debe ceñirse al tiempo y al espacio de la página que le ha sido otorgada.

Los oficios son distintos, los tiempos también. Las herramientas iguales. ¿quién gana? sólo el lector, supongo.

REY

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