hace mucho que no tenía una. es más hasta llegué a pensar que se habían alejado por completo de mi nivel de sueños. incluso intuí en un arrebato de vanidad, que ascendía a un nivel supremo en el que no había por qué tener desaveniencias cuando la conciencia se perdía más allá de la medianoche. cosa más alejada y por demás pretenciosa. los humanos, humanos somos y con nuestros sueños buenos y malos hemos de sobrevivir desde el inicio de nuestra vida y hasta su conclusión.
en esas estaba ayer por la noche, cuando tras tomarme un par de tacitas de café intenté ver una película sin éxito, pues el formato pirata no fue accesible al dvd original; desistí en el intento, mala señal, pues en la televisión que no es de paga, por cierto, la oferta no era demasiado atractiva, una conversación con un filósofo en un canal y en otro un programa de sobrevivientes a grandes catástrofes mundiales. ninguno sirvió para arrullarme. la infusión había hecho de las suyas.
apagué el aparato e intenté en vano conciliar un sueño. nada. una vuelta, otra más y sólo los ruidos de mis vecinos que no cesaron hasta más allá de las 2 de la madrugada.
luego vino el climax que no culminó sino hasta que me vi envuelta en un sueño de esos interminables: yo manejando un coche en subidas y bajadas. yo bajando en una casa que no es la mía pero que la asumo como tal; de pronto viene la petrificación. mi cuerpo, todo se inmoviliza y una muñeca se prende de mi cintura. se abraza y es imposible separarme de ella. el éxtasis de terror sobreviene entonces y empiezo a gritar sin voz. escucho mis sonidos sólo con guturaciones.
despierto con gritos de ella que duerme a mi lado y que me incita a regresar. en la confusión pienso que soy yo misma y que le llamo a su abuela y que soy a la vez yo.
yo en mi madre que siempre tenía pesadillas y a quien yo despertaba, no sin un escalofrío intenso y un miedo irremediable. aquello era como si la trajera de otro mundo, como si de no hacerlo ella corriera el riesgo de perderse en esos sueños angustiosos que la acompañaban por lo menos una vez a la semana.
así regresé ayer, con esa sensación entumeciéndome el cuerpo. ella me salvó, como yo alguna vez salvé a mi madre de perderse en ese marasmo de sueños irremediables y recurrentes, de los que al parecer soy heredera.
rey
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