miércoles, 11 de noviembre de 2009

Desnudas 1

desde que me acuerdo siempre he llevado las piernas desnudas. volvía del colegio y lo primero que hacía era deshacerme de las medietas blancas que arremangaba en los tobillos mientras permanecía en clases. así, con los pies, desnudos también, caminaba por todo el patio de mi casa, que en su mayor parte estaba lleno de lodo y pasto silvestre y que me acariciaba las plantas o me espinaba sin remedio.

chillona como era, buscaba alivio con mi madre cuando la sangre corría por mis dedos al incrustarse las piedrecillas evidentemente también salvajes, un poco como yo.

la primera vez que mis hermanas me quisieron llevar a una reunión de "señoritas" tendría once o doce. me negué rotundamente a usar un par de esas medias transparentes o de color más obscuro incluso que mi piel, como las portaban ellas, bajo mi precioso, estorboso y ampón vestido lila. pensaba, y con razón, que me apretarían desde la punta del dedo gordo hasta más arriba de la cintura. la condición era esa, o las usaba o me quedaba sin remedio una tarde más en casa sin nada que hacer, sólo buscar figuras en las nubes echada de espaldas sobre el pasto húmedo.

accedí. me las puse con mil trabajos; en ese ritual trabajoso y absurdo, de mujeres, mis manos inexpertas y cómplices les hicieron un desgarre justo donde empezaba la rodilla. los hilos se desgarbaron por toda la entrepierna en una carrera rápida y larga que me llegó al ombligo. se habían arruinado. sin dinero para comprar otras, todas ellas, las tres juntas y tras una breve discusión dieron su consentimiento para que me pusiera mi eterno overol de mezclilla y adornado con un escudo de aceite de motor al frente.

recubierta y protegida por todos lados, pero con las piernas desnudas debajo del pantalón, esa ocasión se transformó en la primera pequeña victoria que obtuve.

las que siguieron se han ido desperdigando a lo largo de la vida como aquellos finos hilos de nylon que se rompieron sin control y me dejaron libre.

son sólo pequeños triunfos. no son muchos ni renombrados. siquiera apenas alcancen algún recuerdo dejado en la memoria de alguien, que sin recato ha visto por todos lados piernas desnudas, no las mías, sí las de todas y en todas ellas quizá un poco de mí...

REY

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