martes, 2 de febrero de 2010

Sabe Dios...

no voy a desperdiciar mis últimos días o meses o sabe Dios qué tiempo en lamentaciones inútiles que no harían sino mermar mi exigua energía. en otros tiempos lo llamaría ánimo, pero la vida, que dicen que es sabia, me enseñó que no es así. el ánimo no existe si uno mismo no se lo crea, se lo figura diria mi madre. a partir de este momento mido mis posibilidades a) por la capacidad que tenga mi cuerpo de movimiento, b) por las ganas que tenga de vivir y sentir.

una ligera molestia al orinar me llevó a donde estoy ahora. las primeras noticias las tengo mirando de frente al techo en un cubículo esterilizado de laboratorio y viendo los recuadros que lo adornaban, puedo contar de uno en uno, mientras la técnico me escudriña con un aparato la zona abdominal, renal, y casi ginécológica. no me siento tan vulnerable como en otros momentos. siquiera no tengo que poner las piernas abiertas sobre unos estribos que vulneran mi postura y si bien no hacen que me sonroje sí me ponen en una situación de indefensión que a veces me hace sufrir hasta las lágrimas.

por ahora no es así. tengo los pantalones apenas abajo, en donde empieza la cadera, así que estoy con toda la barriga descubierta y en espera de que me digan cómo es que debo moverme. el gel, frío, como bien me previene la mujer, se esparce con facilidad sobre mi piel y sólo me provoca ligeros estremecimientos.

con un escaner manual me oprime y mis ojos que con obstinación ahora están cerrados, a veces se aprietan cuando el aparato se pasea por mis costillas. el dolor me trasgrede los órganos internos. los oprime sin medir si hiere o simplemente revela.

de cuando en cuando volteo a ver la pantalla de una computadora que me parece vieja para diagnosticar mi estado. veo masas informes que no puedo interpretar. ella se detiene, marca tamaños y densidades, según me explica.

-por qué te mandaron el estudio?

dice tuteándome, porque no ve mi edad real, se guía sólo por mi cara de ratón asustado en espera de que le digan que puede irse a mordisquear tranquila un trozo de queso. le explico brevemente y noto duda en su rostro. en mis brazos empieza entonces un estremecimiento involuntario que crece, aumenta y parece que se reproduce hasta las piernas. mis riñones también se mueven. puedo sentir cada palmo de mi piel esperando su respuesta. baja un poco el rastreador y pregunta otras cosas que aunque no soy experta supongo no son relativas a la causa por la que vine aquí.

-relájate. respira profundo...

obedezco. pienso entonces en días atrás. en años atrás. pienso en mi vida como en trozos camino de los que me han acompañado en uno o varios trayectos. la pienso como un dictamen judicial que habrá de hacer alguien en cualquier momento, en el cual se medirá lo legal e ilegal que pude haber hecho y a partir de este se emitirán juicios de valor, que por suerte no presenciaré. no estaré para ver su verdicto.

en ese pequeño espacio y sobre aquella cama dura de laboratorio, vuelvo a los días de playa; a las conversaciones largas; a las manos de mi padre oliendo a jabón; a los chocolates atascados en mi boca en una guerra con las niñas por ver a quien le caben más; veo mis discusiones por lo que creo y hasta por lo que no; veo mis libros y mis letras; veo a quienes se creyeron mis dueños y de quien me creí poseedora; veo la libertad y veo su lejanía; veo las cosas que dejé por hacer y las que aún no hago; los veo a ustedes, a tí, a él, a ella, , a nosotros y a todos los pronombres juntos, así sin nomenclaturas ni personalidades ni adjudicamientos insulsos.

pienso en que si no hubiera sido periodista, qué otra cosa hubiera sido. pienso en las becas que nunca solicité, en mi tesis inconclusa, en las veces desperdiciadas por sufrimientos, en los trabajos, en los sueños, en la literatura.

vienen ahora más técnicos que interrumpen mis divagaciones. me siguen preguntando cosas y todos tocan mi barriga esta vez llena de agua. dos litros he tenido que tomar. ahora luce como si tuviera un embarazo de 12 semanas. la aprietan y bajan a la zona pélvica, no sin antes decirme que tendré que pagar más pues en el estudio que pedí no estaba incluida esta nueva exploración. lo acotan como un favor, sin importar si traigo más dinero o no.

estoy aturdida. pero se perfecto cuando hablan de tumores con todo y sus ramificaciones. ellos, que ahora son cinco, siguen su perorata ignorando que aquel cuerpo que escudriñan y del que hablan tan de tajo, es mío y aún está vivo.

hablan y hablan. me ignoran. luego me piden que me vista y vaya a casa tranquila. cuando vuelvo a preguntar reiteran que olvide lo que oí pues sólo el médico que me mandó ahí tiene la última palabra. disfrutan evidenciando, de ellos su supremacía en esas cuestiones y de nosotros, la ignorancia en su campo.

me paro. sigo aturdida. pero como dije líneas antes, no pienso desperdiciar ni un sólo segundo sin dolor de esta vida mía que sabe Dios, qué más le espera.

REY

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