lunes, 15 de marzo de 2010

colores

naranja. es de tarde ya y el aire avienta el agua de la fuente de reforma hacia el norte. sin orden ni control se desparpaja bañando los coches que pasan o sólo esperan
la luz verde del semáforo. me quedo un momento sólo mirándola en su juego blanco de vaiven. absorta, casi como cuando de mañana pierdo varios minutos en descubrir por qué el color de los volcanes es de nieve roja si hace sol, o blanco, blanco si está todo despejado. me gusta ver el agua moverse, tanto como la mujer dormida rebosante de hielo, o la luna llena y plateada completa. en eso creo.

me bajo del chevy guinda con un vientecillo encima y debajo, que también me arremolina el vestido, rojo con negro y un poquito de verde, salpicado todo y estampado con florecillas. las piernas morenas, desnudas como casi siempre. la bolsa azul con el lunch, la cartera negra y los lentes tornasol van de una mano a otra con el desorden de todos los días. irremediable. un montón de cosas que me impiden sostener el vuelo que alcanza la falda. violeta.

busco unas medias negras para cubrirme un poco, aunque no con mucha gana,
y de un puesto a otro voy pregunte que pregunte. el aurrerá express y su anuncio verde amarillo, sólo tiene lo necesario, pero no para mí. desganada veo que en los anaqueles grises no hay lo que busco. sigo el camino. rápido para no provocar represalias por los minutos que a diario le vuelo a la agencia de noticias. de cualquier forma no pienso explicar nada. pero de cualquier forma me apuro. café.

casi llegando a Iturbide, hay una fila larga para comprar nieves de sabores, blancos, rosas, verdes, amarillos, en la misma banqueta en donde pasadas las 10 de la noche los indigentes tienden sus cobijas para dormir. ahora que sube la temperatura y el negro va ganando al naranja tendrán menos frío que en días pasados. aun así, se envuelven en sus cobijas rojas o negras de mugre, sucias y olorosas a rancio y ácido; a veces dejan fuera los ojos oscuros para fisgonear a todo aquel que pase, otras sólo se ve su cabello enredado, moviéndose leve con cada respiración o ronquido. cuando son dos los que se tienden en un mismo lugar, hay movimientos ligeros y hasta discretos. nunca me he quedado a ver cuando son rápidos e intensos: carmesí.

paro un poco más a ver el agua, ahora es violeta un segundo, azul el siguiente. me parece que tiene la intención de irse con el aire amarillo, pero al siguiente instante regresa. va y regresa, va, regresa.

quedan pocos pasos para entrar al diario. columna azul marino y águila dorada. hoy no subiré por los escalones color crema. tengo flojera de todo. iré al baño y olvidaré la jornada con una descarga de agua en el retrete blanco. lo hará también el espejo devolviendo una imagen triste pese al rojo encendido de la camiseta y los labios pintados al mismo color.

en turquesa, el día laboral seguirá con una leve esperanza de que sea el último en que me desvele. con el deseo cada vez menos escondido de volar, con maletas ligeras del color que sea. que el aire me aviente hacia el norte, el sur... cualquier lugar..como al agua de la fuente, que cambia constante de color..

con cada mirada, con cada rebote de luz.


REY

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