tengo un café en las manos, en la boca.
es sabado por la tarde. regresé de un viaje breve, luego de un poco de dosis
familiar. de ver mujeres maduras sobrevivir a sus maridos; de ver
a mujeres jóvenes cuidar niños y llevarles el agua a sus hombres para que
se bañen.
regreso, de ver a dos niñas pequeñas corretear, empapadas de risa en sábado de gloria, no puedo dejar de verlas, no despego mis ojos de su moverse de aquí para allá; no podría jamás dejar de verlas, de estar con ellas.
bebo dos traguitos.
vuelvo de ver a todas esas mujeres tan cerca y a la vez tan lejos.
con su cercanía que me atribula con costumbres, viejas, domésticas, rutinarias.
lo mezclo con mi saliva. lo mantengo en la boca. su sabor me impregna la lengua, las
encías.
estoy de regreso. manejar en la carretera tiene sus encantos, aunque a mi
no me encante, sentir el jalón de la velocidad, constante, intensa. acompañado
siempre de dos impulsos: apretar el acelerador al fondo; soltarlo y apretar el
freno ligéramente.
el azúcar es la justa. no dejo de pensar cómo es que sabría si sólo fuera americano, (es con leche).
de vuelta sentí un poco lo que en mi sueño de días anteriores, velocidad intensa sin freno, con ligeros cosquilleos en las pantorrillas que corre hasta el estómago. el tacómetro sube hasta 120. piso el freno. siento miedo de dar volteretas. de no morir completa.
está empezando a enfriarse. la temperatura baja. resistió desde regina hasta iturbide. el sabor, mismo
sabor.
piso el freno. en mi mente oigo las palabras, son las mismas siempre. casi puedo predecirlas. me alivian.
queda de café sólo un cuartito en el vaso.
es sábado por la tarde, tengo una invitación a una fiesta, las notas a editar van llegando a cuentagotas. sé que no tengo idea a qué hora terminará la jornada, tengo un libro sobre el escritorio, un espejo, un litro de agua, unos ojos cansados...
tengo un café en las manos, en la boca. se termina. se acaba...
REY
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