domingo, 2 de mayo de 2010

El secreto

Es domingo por la mañana. En cuanto llaman las campanadas de la "Guadalupita", todos se apresuran a ganar un lugar. Los niños van enfrente. Las primeras bancas están reservadas para ellos, es misa de niños y está por comenzar.

El sol que se queda afuera calienta un poco el ambiente. Todos van con ropas ligeras. Al entrar, grandes y chicos se persignan. Voltean a la imagen de su gusto, le piden un poco y suben a su banca.

Inquietos los pies pequeños empiezan a moverse. Las monitoras de la fé los miran todo el tiempo queriendo contener sus ansias por salir y dejarse de tantos rezos. Aguantan lo suficiente. Oran el padre nuestro, uno que otro ave maría, mientras la Virgen que está justo enmedio del altar los observa con sus ojos benévolos pintados por algún experto en miradas lánguidas. Rezan hasta que haya tiempo de salir y recoger el dulce de la canastilla que está en las escalinatas. Su premio.

Confieso que he pecado... de pensamiento palabra... obra y omisión


Se llevan los fieles, (todos serán fieles) la mano derecha al corazón en una autoexpiación que parece salir desde dentro de toda sinceridad. Eso parece al menos. Una niña, con el cabello alborotado, ojos negros y sonrisilla inquieta, pregunta a su madre, qué es omisión. No le contesta. Pocos saben el significado exacto de la palabra. Ni ella misma que la lleva de la mano.

Bajo ya el influjo del perdón. Los más avezados se acercan al confesionario. Prefieren no voltear a ningún lado. Evitan las mirada inquisidoras. Se arrodillan y tocan la ventanita que los separa del confesor. Momentos antes llegó. En una silla de ruedas eléctrica y escoltado por una enfermera con uniforme azul y cabello recogido en una coleta. Apenas intercambia con ella un par de palabras en un español con fuerte tono ario. Le indica cómo abrir la puerta del pequeño lugar. Se acomoda y a una señal de su cabeza ella se va. No se queda a escuchar misa.

Es un hombre ya mayor. Su cabello corto, lacio, blanco ya, tiene el dorado recuerdo de que alguna vez fue rubio. Todo su cuerpo es pesado. Lo carga hasta el asiento con dificultad. Apenas si cabe dentro. Su cara y sus ojos claros se ocultan en una rendija de madera y es cuando intuye que hay alguien del otro lado que abre un costado del rectángulo erguido de madera. Empieza a escuchar los secretos.

Su voz se escucha por lo menos en las tres filas de bancas de madera pintadas de color caoba. Es potente y seguro que si de pronto se apagaran los demás sonidos oiríamos todos lo que dice.

La primera es una señora. Cabello alborotado y teñido de naranja para ocultar la calvicie. Le confiesa que ha mentido toda su vida. Que ha dicho que quiere a quien no, que durante toda su vida pasó tolerando a los intolerables y que peor aún, miró con dulzura a los repugnantes; que no contrajo su nariz ante los hediondos que se encontraba en la calle; que se les acercaba sin temor a los más aversión les tenía y les elogiaba por sus vestidos o sus palabras certeras; que no le dijo a nadie lo horrible que era su presencia ni aunque le repugnara su cara o sus ojos o sus manos en extremo delgadas o demasiado obesas.

La escena parece sacada de alguna película surrealista de mala calidad, pero es real. Sus palabras se oyen sinceras. Más de uno ha dejado de poner atención en el evangelio y a media oreja, se ha interesado en su confesión.


Este es el cordero de dios que quita el pecado del mundo...


Es mitad de ceremonia y el confesor sólo ha oído a un feligrés. Muchos esperan a pocos centímetros su turno. Al centro de la parroquia se ha hecho una fila larga por la comunión.

Toca el turno de la voz potente y aburrida dentro del confesionario. "Arrepientete de los pecados de toda tu vida. Reza cada vez que vayas a caer en la tentación. Jesucristo perdona todo lo que has hecho. Ve en paz."

Ella se levanta, se va, sus ojos mirando hacia abajo parecen esconder algo más.

Nadie se queda sin hostia. Incluso los que no alcanzaron a revelar sus pesares.



La bendición de dios todo poderoso....


Se acaba la misa. Los niños corren por su dulce. Muchos se quedaron sin confesión. Los demás secretos se quedan ahí...flotando en el aire.

REY

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