lunes, 21 de junio de 2010

La primera vez

la primera vez que supe que había muerto estaba en el centro de la ciudad, en Pino Suárez para ser exacta. se lo escuché a un reportero que excitado se preparaba a asistir a sus exequias. a narrar su muerte.
digo la primera, porque a partir de ese momento habrían de venir variadas formas en que recibiría noticias de su fallecimiento. por mensaje, por llamadas, por radio, por televisión, por diarios.

por no es que desgarrara mi alma ante sus textos, es simplemente que crecí con ellos
conforme iba adentrándome y decidiendo al periodismo como modo de vida lo conocí. obligado era llegar a los pasillos, o al pasto que rodea mi escuela, ahora facultad de la UNAM, con La Jornada bajo el brazo, lo más visible que se pudiera para hacer más que evidente su lectura. aunque eso no fuera del todo cierto.

nos divertíamos en serio. Edgar, Alfredo, Marco, Eiji, Abraham, Alfonso, Ricardo y varios más, todos traíamos algo que leer y eso era una etiqueta que nos distinguía. ni por equivocación con nuestras monedas, unos más otros menos, comprábamos el periódico la prensa; menos leíamos, al menos en público, las sección de espectáculos. ni algún diario que no representara nuestro nuevo estatus: ese de intelectuales
en ciernes que se esforzaban por demostrarlo.

así en otra primera vez, llegó a mis manos, a las nuestras, a las de todos; sin falta lo leíamos los lunes: "Por mi madre Bohemios". primero en esa columna y
luego en los Rituales del Caos, obligada lectura dejada por uno de nuestros más avezados profesores. crónicas entremezcladas con ensayos, que
parecían poner al alcance de las manos, o mejor dicho de nuestra hambrienta conciencia, los girones de una sociedad complicada.

fueron muchas las columnas que leí. aventurada hasta platicaba sobre lo que decía o escribía y trataba modestamente de dar una que otra tímida postura.

luego en otra primera vez, platiqué de él con el fotógrafo Jorge Claro, conocido de algún tiempo. por él supe que era homosexual, cosa que por demás, poco me importaba, que vivía en un lugar lleno de gatos y libros y papeles, cosa que también pude ver después en alguna fotografía reporteril; que no le gustaba que llegaran extraños a su casa, sin previa invitación de por medio, que se codeaba con los
altos sectores, elenita, su amiga de toda la vida, krauze, fuentes..

o sea, pueblo, pueblo, no era, aunque que de izquierda, ni duda cabe.

monsiváis, parecía más accesible que paz, pero en todo caso con él también había que sentarse o aislarse en los trayectos en el metro y concentrar toda la atención para ver y sacar todo el provecho posible a las palabras escritas.

tiempo era en que los profesores a cada paso nos decían que había que leer entre líneas. yo me esforzaba, y francamente no sé si lo consegúi en algún momento; creo que todos hacíamos un esfuerzo y lo lograbamos, por nimio que fuera a entender a esos mounstros del pensamiento que empezaban a ser familiares. alcanzamos o al menos vislumbramos cierta lucecilla en este camino que elegimos; que amamos, en todo caso.

así que no sé si lo comprendíamos todo a cabalidad. Sé que nos empeñabamos, como lo hacíamos con Emmanuel Kant, o las teorías de la comunicación, o con durheim o en algunso casos con freud.

otra primera vez que lo oí, fue cuando alguien dijo su nombre en una fiesta en una linda casa de la condesa. -ahí viene Monsiváis.

y yo voltee a verlo. quedamos nuestros ojos de frente, casi igual que cuando lo ví en la calle de hamburgo en la zona rosa, hizo una leve inclinación de
cabeza como saludo y se incorporó de inmediato a una conversación con patricia reyes espíndola y rosana fuentes berain.

de lejos y sin atreverme a acercame más de lo que ya estaba, me preguntaba qué era lo que platicaban, qué pensaba ese hombre, por primera vez de carne y hueso; qué miraba bajo la sombra de esos lentes grandes de pasta anticuados. qué había en esa cabeza llena de chinos irsutos; que había bajo la chaqueta y qué en su soledad rodeante que no se quitaba por más personas a su alrededor.

desde esos días ha habido muchas más primeras veces. a la que sí renuncié de antemano es a verle la cara luego de morir. nunca lo hago con ningún muerto.
pero sí me hubiera gustado estar ahí. sin mirarlo de frente. ver su caja cubierta de banderas que enarboló o que en ese momento sólo fueron un obsequio de sus amigos. ver al flautista tocar una tonadilla enmedio de la lluvia. u oir a la poni con la voz quebrada. hacer una revencia de lejos. un adiós.

o haciendo quizá en la mente, una crónica de la muerte del cronista, la primera vez, o la última.

REY

jueves, 3 de junio de 2010

Charly


Más de la mitad del concierto se la pasaron abrazados, con la boca de uno en el otro.
Con todo y su sudadera roja y su pelo amarrado en una coleta le apretujaba al otro los labios cada espacio de canción e incluso sin esperar las pausas.

Le regalaba enteros, sus no más de 16 años en un concierto de Charly García.

Es primero de junio. Martes. Inusual para algunos que se dé un concierto de rock; suerte para otros, que no todos se enteraran o no les interesará el viejo de 58 años que canta como joven en el escenario. suerte fue brincar en un sólo nivel, sin precios ni asientos reservados.
con su voz apenas impactada por largas notas musicales. con los ojos perdidos, ilusionados, desquiciados con el rock, Charly García cantó a un número no preciso de admiradores. nunca volteó más allá del segundo piso. para qué, estaba vacío. y eso tampoco importó demasiado.

cantó y sus manos de dedos largos, casi hasta lo imposible, lanzaron un beso a su auditorio. uno que con sus dedos engarzados formó como alas para asegurarse de que llegaría.

bailó poco y dejó las canciones en el acorde y en la letra y en las ganas de los que fueron.

en todos, de seguro y sin duda, se quedaron las notas, las letras; el aire en las gargantas como un orgasmo en do sostenido. interrumpido. inconcluso.

el rockero regresó en un par de veces al escenario pero no terminó lo iniciado, volvió a comenzar. haciendo un amor fragmentado a los 3 o 4 ml que lo escuchamos.

a ella, con sus no más de 16 años nada le importó .

yo me salí de un auditorio, en donde se siguió una canción con gargantas diferentes a la que la empezó, pensando que al menos una o un par, habrían de concluir lo que iniciaron: .... con la boca de uno en el otro....y etcétera, etcétera...etcétera

rey