hace mucho que no tenía una. es más hasta llegué a pensar que se habían alejado por completo de mi nivel de sueños. incluso intuí en un arrebato de vanidad, que ascendía a un nivel supremo en el que no había por qué tener desaveniencias cuando la conciencia se perdía más allá de la medianoche. cosa más alejada y por demás pretenciosa. los humanos, humanos somos y con nuestros sueños buenos y malos hemos de sobrevivir desde el inicio de nuestra vida y hasta su conclusión.
en esas estaba ayer por la noche, cuando tras tomarme un par de tacitas de café intenté ver una película sin éxito, pues el formato pirata no fue accesible al dvd original; desistí en el intento, mala señal, pues en la televisión que no es de paga, por cierto, la oferta no era demasiado atractiva, una conversación con un filósofo en un canal y en otro un programa de sobrevivientes a grandes catástrofes mundiales. ninguno sirvió para arrullarme. la infusión había hecho de las suyas.
apagué el aparato e intenté en vano conciliar un sueño. nada. una vuelta, otra más y sólo los ruidos de mis vecinos que no cesaron hasta más allá de las 2 de la madrugada.
luego vino el climax que no culminó sino hasta que me vi envuelta en un sueño de esos interminables: yo manejando un coche en subidas y bajadas. yo bajando en una casa que no es la mía pero que la asumo como tal; de pronto viene la petrificación. mi cuerpo, todo se inmoviliza y una muñeca se prende de mi cintura. se abraza y es imposible separarme de ella. el éxtasis de terror sobreviene entonces y empiezo a gritar sin voz. escucho mis sonidos sólo con guturaciones.
despierto con gritos de ella que duerme a mi lado y que me incita a regresar. en la confusión pienso que soy yo misma y que le llamo a su abuela y que soy a la vez yo.
yo en mi madre que siempre tenía pesadillas y a quien yo despertaba, no sin un escalofrío intenso y un miedo irremediable. aquello era como si la trajera de otro mundo, como si de no hacerlo ella corriera el riesgo de perderse en esos sueños angustiosos que la acompañaban por lo menos una vez a la semana.
así regresé ayer, con esa sensación entumeciéndome el cuerpo. ella me salvó, como yo alguna vez salvé a mi madre de perderse en ese marasmo de sueños irremediables y recurrentes, de los que al parecer soy heredera.
rey
martes, 18 de agosto de 2009
martes, 11 de agosto de 2009
buenas maneras
Quizá sea mucho pedir que si la mañana que hace afuera está repleta de un cielo extremadamente azul y un sol por demás veraniego, las palabras que nos salgan estén llenas de al menos, buenas maneras. Salgo de casa en busca de una prueba y me tranquilizo caminando por la Alameda, llena de perros y dueños recogiendo heces en intermitencias. Nadie da los buenos días. Ocupados están en las gracias que hacen y hasta dejan un poco que sus mascotas "platiquen" entre ellos.
Luego el super. Caminar entre pasillos y elegir víveres y cosas de extrema importancia para la vida diaria, jabón, pan, un poco de vino, queso. cereal. no se oye ninguna voz. nadie platica. En un horrible vértigo de desconcierto hay que acercarse con el acomodador que sin responder apenas te señala el pasillo que te lleva a los hot cakes. La del jamón se desespera por si no te has decidido si de pavo o de pierna, que si ahumado o natural. Te mira con ojos de hartazgo y eso que no son más allá de las 10 de la mañana.
Luego el del la fila y la cajera y la señora que quiere meterse quesque porque lleva menos cosas que tu carro repleto.
Mi turno en la fila está a punto de llegar a su punto final cuando su voz llega desde el lugar posterior al mío:
-!Si se lo mete a la boca, Yo te lo meto por el culo!...
Es una mujer joven. El aludido, chavo también, carga en sus brazos a un crio pequeño en una especie de canguro, como de escasos cuatro meses que tiene en sus manos un no sé qué. Se lo quita y siguen hablando de la fila y las cosas que habrán de hacer en cuanto lleguen a casa. Se besan.
Aguanto la curiosidad y tras poner todas las compras sobre la antesala de la caja, volteo. Los veo besarse y luego acariciar al bebé.
La de cosas que se ven en la calle; mejor aún, que se oyen...
REY
Luego el super. Caminar entre pasillos y elegir víveres y cosas de extrema importancia para la vida diaria, jabón, pan, un poco de vino, queso. cereal. no se oye ninguna voz. nadie platica. En un horrible vértigo de desconcierto hay que acercarse con el acomodador que sin responder apenas te señala el pasillo que te lleva a los hot cakes. La del jamón se desespera por si no te has decidido si de pavo o de pierna, que si ahumado o natural. Te mira con ojos de hartazgo y eso que no son más allá de las 10 de la mañana.
Luego el del la fila y la cajera y la señora que quiere meterse quesque porque lleva menos cosas que tu carro repleto.
Mi turno en la fila está a punto de llegar a su punto final cuando su voz llega desde el lugar posterior al mío:
-!Si se lo mete a la boca, Yo te lo meto por el culo!...
Es una mujer joven. El aludido, chavo también, carga en sus brazos a un crio pequeño en una especie de canguro, como de escasos cuatro meses que tiene en sus manos un no sé qué. Se lo quita y siguen hablando de la fila y las cosas que habrán de hacer en cuanto lleguen a casa. Se besan.
Aguanto la curiosidad y tras poner todas las compras sobre la antesala de la caja, volteo. Los veo besarse y luego acariciar al bebé.
La de cosas que se ven en la calle; mejor aún, que se oyen...
REY
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