lunes, 29 de junio de 2009

Las Batallas en taxi, de José Emilio



Él dice...

"Para bien o para mal soy un producto de esta ciudad. Todo lo que he hecho y he dejado de hacer es consecuencia de ello. La ciudad de México fue mi cuna, es mi casa y será mi sepulcro. Estoy unido a ella por un lazo indisoluble".

sigue...

Ser habitante de la ciudad de México "es un calvario, y ser escritor, en cambio, es un tesoro y un desafío".

Digo yo:

Soy lectora recelosa con los poetas, en parte porque temo no entender bien a bien sus metáforas y otro tanto porque noto cierto aire presuntuso en sus líneas. En cambio soy de extrema facilidad cuando de prosa se trata. Pero cuando existen frases como las citadas arriba, en las que prosa y poesía se unen en un amorío seductor, no puedo más que, postrarme ante usted señor José Emilio Pacheco.

"fue mi cuna, es mi casa y será mi sepulcro..."

REY

domingo, 28 de junio de 2009

¿Imitación? Da igual.

Todo el año ha esperado este día. Como “desde hace 31”, dice. Aunque a leguas se ve que no había nacido en 1978. Es solidario con su gremio, su grupo… y se mimetizará por la tarde, noche. Habla y su tono es igual que su rostro, aniñado. Aun con eso y sus cejas depiladas imita seriedad. En cada palabra, aprieta los labios, levanta la expresión. Exagera, gesticula. Como cuando toma las tijeras, las alza y cuenta con gran escándalo que en el gimnasio se metió un “éxtasis” para aguantar todo el peso. La Marcha del Orgullo se llevará a cabo en dos horas más. Pero se ha levantado hace cuatro. Tiene lo que necesita, lo compró en uno de los mercados de baratijas de la ciudad. Doscientos pesos, su presupuesto. Aun en casa sus movimientos son exagerados. Con manos pequeñas, dando una rigidez extrema acaricia las medietas verdes, con cuidado de no romperlas. Ya con el payasito pegado a sus 45 kilos de peso se mira. Frente al espejo ve su estómago plano pero flácido, no le desagrada. Sus hombros delicados, sin un sólo vello el pecho y apenas marcados los músculos, coquetean con la imagen. Moreno todo, enseña los labios carnosos, ve sus nalgas, pequeñas, abultadas, redondas. No resiste. Lanza un beso. Falda corta, zapatos que miden 22 cm y antifaz que completan el disfraz, irán en la mochila D&G que no es original, es imitación. Da igual. Cómo igual da que lo llamen “marica” o “puto” cuando sale a barrer la calle todos los días afuera de la estética.

REY

martes, 9 de junio de 2009

Pa quitarse la espinita...

Ese día hizo tanto aire que las antenas parabólicas de los techos se despegaron de sus
bases y volaron para ir a estamparse al piso. La ropa tendida en las azotehuelas quedó en el patio central tapizando de blanco y color todo el piso. Una alfombra dispuesta, que pronto fue quitada por las mujeres que corrieron, algunas descalzas, por entre las escaleras.

Se formó un aquelarre que disputaba sin sentido la pertenencia de las camisetas blancas que sus maridos habrían de ponerse para ir al siguiente día a buscarse la vida.

Mal les hizo a todos ver la película de Almodovar. La pusieron en el salón de juntas casi por error, y cuando se dieron cuenta, la historia había atrapado a la mayoría. Vieron los vecinos la cinta y ahora que cada vez que corre, por leve que sea, el airecillo, se piensa en la locura que puede atrapar pensamientos y voltearlos de un lado a otro hasta hacer que la cordura se vaya a un lugar más adecuado.

Pero eso no pasa, o no pasaba, en esta unidad habitacional clasemediera en la que por cada edificio, hay seis, se apilan 36 departamentos de 60 metros con tres ventanas y un boquete que da a la calle, te permite ver desde el cuarto piso, todo lo que pasa en el estacionamiento. Cientos de autos parados el domingo y entre semana de noche. De día casi vacío. Eso no pasa cuando falta el dinero y cada vez más son los desempleados que se bajan de sus departamentos por la mañana a comprar el diario en búsqueda de una "chamba" que les alcance para vivir.

La locura no existe aquí, ni la ficción, ni la fantasía. Todo está lleno de realidad. Tangible y sinsabora (de existir la palabra). Lleva a todos por caminos distintos que coinciden en cierto momento cuando desde hace unos días, el aire se vuelve uno de los temas de conversación en los cotilleos.

Optaron como medida extrema permanecer con las ventanas cerradas y asegurar sus ropas con decenas de ganchillos para evitar que se fuera de nuevo.

Se pertrechan en sus casas malolientes a falta de ventilación y esperan las seis de la tarde, hora en que el aire vuelve, desde hace seis días, y da un recorrido incesante por toda la unidad. Sube, baja, da vueltas, esperando un descuido y llevarse las ropas. Las antenas no las volvieron a poner. Varios carros despostillados fueron suficientes para dejarlos sin ganas de ver tele por cable.

Desde mi casa los observo. Hoy es sábado y varias cervezas los envalentonan. Se enfrentarán con un enemigo sin rostro ni cuerpo que los azota y no los deja salir de casa. Tratarán de atraparlo con una manta cocida y enorme que funcionará a manera de velamen. Se preparan, todos hombres, esperan.

Llega puntual, empieza a recorrer cada centímetro de los edificios. Un remolino imparable. La manta de varios metros se empieza a levantar del piso con muchas manos alrededor sosteniendo. Intentan contenerlo.

Sus caras sorprendidas. Los pies se levantan y en un segundo cuelgan sostenidos por el trozo de tela que les había tocado. Suspendidos, se elevan, se elevan, se elevan... Se pierden. No hay ruido. Expectación quizá un poco. Los que miramos esperamos ver cómo caen y se destrozan los cuerpos al azotar.

Nada. Se alejan como en un gran globo. Se van. Las mujeres quedan tras las ventanas.

Sólo pa quitarse la espinita, y no sentirse culpables, de vez en cuando a las seis en punto, sin nada mejor que hacer se asoman, quién sabe si esperando su regreso...

REY

¿Banal? Un poco, sí...



Encontré esta canción sin buscarla. Mera circunstancia del destino. Exacto como cuando en W-Radio se presentó él, guapísimo, a una entrevista. Un beso y un autógrafo, (más banal aún) fueron unas de los pequeñas grandes cosas que ahí pasaron. Del resto ni acordarse o tal vez sí, nada hay que olvidar de todo lo que nos pasa en la vida. Pero de eso quizá un recuento en otra ocasión. Hoy sólo dos canciones, para aliviar el pesar.

REY

Una más

aspira profundo



Así como se debería escoger el lugar en donde uno quiere vivir con toda libertad y sin restricción alguna, debiera existir la posibilidad de elegir al que se desea ir al morir. No siempre se puede. Otros lo hacen por uno, incluso después de que pierdes la capacidad de elección. Conozco, o bueno, conocí a una señora que pidió expresamente no ser enterrada junto a su marido, y sus hijos en un arranque de absoluta indiferencia a sus deseos y bajo pretexto de unión familiar, la cremaron y pusieron en una urna junto al esposo. ahora conviven y si no lo hacen al menos escuchan sus nombres con una "y" de por medio cuando alguien pasa junto a la pared donde están ahora y los repite. Los hijos también quisieron que conservara su apellido de casada.

Estuve en este panteón hace ya varios años. En un cortejo fúnebre bastante precario por las pocas personas que acudieron, el ataúd fue sostenido por hombres que conocieron o amaron a la que dentro permanecía, quién sabe si descansando. Quizá sí, tuvo una agonía larga con un cáncer que iba carcomiéndole las entrañas. Cualquier sitio debe ser bueno cuando uno no puede más con el dolor.

Para ese entonces yo ya le había perdido el miedo a estos lugares; de niña, adolescente y aún joven me entraba una paranoia intensa sólo al pasar por ahí. Entrar resultaba un extraño acontecimiento en la vida, lloraba incluso si no me ataba demasiado con el personaje en cuestión.

Ese día ya sin miedo me gustó estar. Tras una caminata propia de un recorrido triste, las calles y sus casas coloniales muy al estilo inglés, abrían sus ventanas o sus puertas. Por éstas se asomaban los colonos, con respeto al "muertito", se descubrían la cabeza los hombres, las mujeres se persignaban en señal de luto.

Luego de andar, desde el inicio mismo del pueblo hasta la cima de Real del Monte, con un frío que llegaba a cortar las mejillas pese al sol, llegamos. El lugar olvidado y descuidado soltaba un vaho helado que tranquilizaba el cuerpo. Varias veces me alejé para respirar profundo, sin que nadie notara. Una y otra vez lo hice, aspiraba todo el aire helado que mis pulmones pudieran tomar y luego lo soltaba de igual forma, lento. Enfríando cada célula del cuerpo con esas extrañas emanaciones de pinos altísimos y de muertos que ya no respiran.

Cuentan las historias que los mineros ingleses que vinieron llamados por los enormes yacimientos de metales del pueblo, trajeron consigo la receta de los pastes. Por la facilidad de mantenerse calientes, este alimento era devorado por los trabajadores dentro de los enormes boquetes tomándolos por una especie de trenza que se forma para cerrar la pasta. Esa parte, que tocaban sus manos era deshechada dentro de la mina para alimentar a los duendes que, según ellos mismos contaban, se refugiaban en el centro de la tierra. Para evitar que los molestaran les convidaban de su comida. Así todos podían ir y venir tranquilos.

Ese día incluso caminé por horas por entre las tumbas, todas de tierra y cubiertas o adornadas por desvencijadas lápidas y cruces deterioradas. Deteniéndome entre los caminitos llenos de lodo, trozos de piedras y un poco de hierba. Repetí los nombres y las fechas como si eso me diera la posibilidad de conocer sus historias. Era obvio que nunca las sabría.

Busqué a los duendes segura de que por ahí debían estar. Escondiendo huesos o celebrando a los mineros que una vez les dieron de comer; perdiendo a los incautos que se dejan llevar por el olor frío del viento en su nariz. No los vi pero su presencia se dejaba sentir en cada ráfaga de airecillo que daba contra cara.

Regresé. En la entrada está su lugar. Ella desde ese tiempo vive ahí, parece que sus hijos respetaron su gusto. Su tierra ya se confunde con la de todos los demás.

Lástima, cuando uno muere, no puede respirar más ese aire fresco, limpio, suave, tranquilizador... hasta saciar las entrañas.

REY