viernes, 29 de mayo de 2009

Elegiría...




Si me preguntaran qué lugar habría de elegir para vivir, no dudaría un segundo en decir que en una calle como ésta. Un día un poco caluroso y con ganas irresistibles de ver alguno que otro espectáculo, me metería en el Coliseo Romano. Vería a varios leones destazar a uno o dos hombres (tengo por ahí un par de candidatos) que aterrados correrían por todo el círculo mientras los espectadores dan el pase de salida a sus más bajos sentimientos.

Otro quzá dejaría que pasaran las horas y ya en la tarde, luego de andar y andar, me detendría en el Taj Mahal a la espera de oir a un niño, como los de las películas, contarme una romántica historia, con tal de que me dejaran caminar descalza y mojarme un poco los pies en esas fuentes.

Ese mismo día, me alcanzaría el tiempo para subir a la Torre Eifel y ya de noche, tomar un par de copas viendo cómo es que hacen los artistas (todo el que está ahí así se nombra) para detallar cada parte del monumento de hierro en un trozo de cartulina blanca y con una tiza y luego venderla por unas cuantas monedas.

Un poco de madrugada, caminaría hasta el Partenon y ahí esperaría una horas a que diera la luz de nuevo.

Para el desayuno habría un paradero de café para llevar, algo de pan y un jugo. Todo mi paquete lo llevaría hasta el Obelisco y me tiraría en el pasto cara al cielo para ver si lo alcanzo con sólo un tiro de vista.

Harta de sol y café, tomaría un bus hacia Hollywood y tomaría una foto al letrero. Sólo eso.

Luego caminaría por el Golden Gate, hasta donde me dieran las piernas, bajaría por las piedras de la bahía de San Francisco a esperar la noche y la iluminación que por esta vez no me dejaría buscar las estrellas.

Después? Después quizá salte a alguna de las azoteas herrumbrosas de los edificios de a lado. Viviría en Nueva York, y ahí, prácticamente se puede todo.

REY

jueves, 28 de mayo de 2009

El rescate

El tráfico se hizo intenso en un lugar a donde no es común que sea. Todos los conductores, incluyéndome a mí, se asomaban por las ventanillas para ver si podían avistar el motivo.

A lo lejos se alcanzaba a ver la torreta de un carro de bomberos. Sin ruido permanecía bloqueando casi por completo la pequeña calle de Sabino en Santa María la Ribera. Conforme avanzamos, todos pudimos ver que un par de hombres vestidos con su uniforme reglamentario del Heróico Cuerpo, se trepaban con la ayuda de una escalera a un árbol frondoso, pero a primera vista frágil.

Los vecinos se asomaban en bata y despeinados. En las aceras y dentro de los coches se respiraba una especie de tensión usual y mimetizada, natural en un lugar en donde no pasa prácticamente nada que altere su orden y día a día. Todos miraban hacia arriba.

En un momento, en el que nadie lo esperaba, salió de alguna puerta, corriendo una mujer descalza. Con leves gritos y una desesperación en los ojos, que se encontró en el camino con los míos, aventó una frazada al piso y levantó un pequeño bulto que había caído desde las alturas sin que nadie apenas lo notara.

Lo alzó con tanto cuidado que todos respiramos asustados. Desconocíamos qué podría ser, pues su inmenso cuerpo, el de la mujer, no permitía ver con exactitud su carga. Volteó un poco y buscó consuelo, ante la mirada impotente del bombero que aún estaba trepado entre la escalera y el árbol.

Conductores y mirones empezaron a avanzar lento. Regresando cada quien a lo suyo. Olvidando el rescate. Ella se quedó a un lado de la acera. Llorando a mares a su gato muerto, que seguro permanecería largo rato aún en sus brazos.

REY

miércoles, 20 de mayo de 2009

Hoy

hoy todo el día, o gran parte, fuera de casa. hoy, día de emociones encontradas
de despedidas, de soledades, de alicientes, de miles de sentimientos que he ido
descubriendo que puedo sentir en estos meses.

ninguna menos intensa que la otra. todas igual de ensordecedoras; cuando hay alegría quiero saltar y reír como una loca a la que le han propinado una buena carga de antidepresivos; cuando lloro es como si me hubieran quitado la dosis exacta y mis ojos se llenan de lágrimas y de sin sentidos que buscan cerrarse por siempre; cuando duermo es, supongo, un resultado parecido al de una buena descarga de electroshocks que me permite sólo mantenerme un poco en pie.

así ha sido toda esta temporada. toda entera.

volteo atrás y veo una estela interminable, no borro nada. arrepentirse sería lo
equivalente a entablar una lucha interna fútil, que no haría más que deshacer y
desvirtuar lo vivido. no. me quedo con todo.

REY

lunes, 18 de mayo de 2009

Mario Benedetti

(estoy totalmente en contra de que a los autores se les
empiece a leer luego que mueren, pero acabo de oir este
poema en su voz. hoy un día después. No hubo antes otra
ocasión, bueno sí, una Tregua, esa sí que me gustó.)


Táctica y estrategia


Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos.

Mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible.

Mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos.

Mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos

no haya telón
ni abismos.

Mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple.

Mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

martes, 12 de mayo de 2009

Tres veces (Lucha de gigantes)

Iba en la secundaria cuando todos los en ese entonces todavía niños, nos despegábamos de casa para ir en pos de un lugar con música. Cigarros y cerveza se asomaban tímidamente al no haber ninguna presencia maternal dentro del resguardo prestado.

Quizá ahí la oí por primera vez. Sonaba como una especie de protesta que se enmarcaba bien en nuestra época. La letra creo que nadie la entendía. Nos contentábamos con no escuchar a las flans y aparentar bien que no nos gustaban lass letras pegajosas que no tenían mayor profudidad. Ilusos e ilusionados, ellos con las caderas que se nos iban formando y nosotras con los ojos seductores con los que nos miraban, relegábamos la música. Eramos adolescentes.

Tiempo después volvió en una película mexicana, "amores perros", ahí la letra en una conjunción con imágenes, cobró un poco de sentido. La continua batalla entre las fuerzas. Un binomio intrínseco y a la vez inseparable.

La tercera se volvió casi una obsesión al escucharla en una computadora y asociarla con la lucha continua y cotidiana por vivir. Se me pegó en el alma.

Los ochenta se acabaron. Mi adolescencia también. Su vocalista ha muerto. Un dos tres por mí y por todos mis amigos que la escucharon.

Gigantes todos o luchadores sin sentido. Eso último debe ser.

REY

lunes, 11 de mayo de 2009

hay de oficios a oficios

Antes y ahora con un poco más de fuerza, todo periodista que se precia de ser algo más que un reproductor de noticias aspira a ser un buen escritor. Que tendrá, si así el destino y los aires le son favorables, un libro con su nombre o seudónimo en las manos, publicado en una editorial, cualquiera que ésta sea.

De pronto, los espacios son acaparados por escritores que han basado su prestigio en profundos ensayos o crónicas que intentan mezclar su profundo conocimiento con la realidad que vive su país de residencia.

Está mal? por supuesto que no. He ahí una de las ramas de discusión entre el periodismo y la literatura. Ellos aprovechan las historias que se dan como fuente incabable, para enmarcarlas en sus contextos. el resultado no siempre es bueno, como tampoco siempre resulta cuando un periodista se mete sin permiso a redactar crónicas al alimón.

En otras tantas, y esas creo que hasta ahora han sido las más surgen híbridos interesantes que hacen pensar en la posibilidad cercana de entremezclar ambos géneros sin que eso cause escozor.

El escritor, (al menos los que me ha tocado leer hasta el momento) toma notas de los periodistas y las convierten en crónicas. Viceversa, puede también que sea. El periodista en el mejor de los casos, lee y tomará alguno que otro recurso narrativo para contar.

La desventaja sin embargo es un poco más marcada. El espacio y la prontitud con que pasan los hechos da al escritor un amplio margen de adelanto. Al resguardo de su casa u oficina puede ver crecer su crónica o artículo. En tanto que el reportero por más habilidad con la que cuente debe ceñirse al tiempo y al espacio de la página que le ha sido otorgada.

Los oficios son distintos, los tiempos también. Las herramientas iguales. ¿quién gana? sólo el lector, supongo.

REY

sábado, 9 de mayo de 2009

La vida entera

Lo he visto noche a noche jugarse su última suerte en una sola tirada. Con una carta a la que apuesta su resto y con ello empeña su vida. Lo he visto en un laberinto en donde juega, se esconde y raras veces sale victorioso.

Lo he visto ganar y perder, todo en un mismo instante sin importarle las circunstancias. Se mezcla con la ráfaga de los sentidos, los usa todos; sus manos, su vista, su oído, su sabor.

Algunas veces mira, otra prefiere evitar cualquier contacto. Su intuición lo guía.

No puedo dejarlo perder. Hoy no, aunque con ello, se me vaya la vida entera.

REY

jueves, 7 de mayo de 2009

Imágenes que se van

La veo desde mi ventana todos los días. Es una mujer rolliza, con el pelo pintado de rubio, fuma todo el tiempo. Cuando plancha, cuando recoge la ropa de sus hijas. Cuando mira por los cristales.

Ahora, una tarde cualquiera de primavera, está discutiendo con alguien a quien no puedo ver. Gesticula exageradamente y mueve enérgicamente la cabeza, de pronto sus manos que manotean al aire. Increpa y señala con el dedo, en tanto la discusión se acalora.

Mueve el pelo y lanza algunas miradas hacia fuera. No dirige sus ojos hacia ningún sitio en especial pero de todos modos lo hace. Todo parece indicar que permanece sentada en una cama, a la orilla.

Yo me oculto en la oscuridad de mi casa, tengo una posición privilegiada, pues la espío sin que ella, pueda verme. Llevamos así casi 20 minutos.

Hablará con una mujer, un hombre, o será alguna de sus hijas, por lo menos tiene dos, porque en el cuarto que puedo ver, se adornan las paredes con postres baratos de artistas de telenovela.

Le ganó el llanto y eso que parecía tan fuerte. Está de frente, junto a la ventana abierta y se frota mucho los ojos, mientras no se aviente…. Se calla un momento, no demasiado, para escuchar un poco a su acompañante, del que aun no tengo demasiada información.

No pelea, creo que es una retahíla de quejas, se desahoga.

Parece de pronto que fija su mirada en mí, aunque es prácticamente imposible, casi quedo en un ángulo del que me permite verla de reojo, escribir y seguir leyendo.

Asiente, vuelve a asentir, su cara parece cansada. Luego niega varias veces, ya no exitada como hace rato, no, como cargando sobre esas rayas de su frente todo el peso de una pena de la que no me entero. Pasa todavía unos minutos así y luego apaga la luz. No puedo ver.

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Poco después cambiaron la pintura de su departamento. Unos hombres desmontaron las persianas, las lámparas y hasta remodelaron el techo. De ella…de ella no volví a saber más.

domingo, 3 de mayo de 2009

Ahí





En las favelas brasileñas todo es pobreza, hacinamiento, suciedad, juego y muerte. Ahí es donde se entrenan los que buscarán en el futbol una opción de vida distinta; ahí mismo aprenderán a jalar por primera vez un gatillo los varones con 8 años o menos encima, para matar a cualquiera que pueda convertirse en una prueba de su hombría y de supervivencia; ahí cambiará una mujer su cuerpo, moreno y flaco por algunos reales.

Con nada de miedo se debe crecer, ya sea cualquiera, mujer o hombre, a pesar de que el miedo mismo se exhale a través de la tierra y sus alrededores.

Los testigos de todo lo que ahí pase serán los vecinos, los amigos de juego o los espectadores de alguna película. Cómplices todos, de una cinta que reflejará un trozo de realidad. Parcial siempre; como rendijas que te dejan asomarte. En una vigía irracional.

Ahí, en donde los barrios no tienen agua corriente, ni luz, y los habitantes viven en condiciones de pobreza y rodeados de delincuencia y en donde viven más de seis millones de personas, ahí quizá habrá alguien que grafitée en su casa la mitad de un rostro.

Uno de tez morena. Sucio. Con dos ojos, uno entrecerrado. Por un golpe o porque está en su destino ver sólo la mitad de lo que se debe ver. Se quedará, mientras la lluvia, el polvo, la suciedad y el tiempo lo dejen, en donde todo es pobreza, hacinamiento, suciedad, juego y muerte. Ahí.

REY

Suficiente




Apareció enmedio de una plaza inmunizada de miedo ante el virus de la influenza porcina, o humana o VH1N1, o como digan nuestros funcionarios de salud que hay que llamarle de ahora en adelante. Caminando despacio, soportando en pequeños pasos su peso. Encorvada su débil figura. De luto toda. Negra la falda, el suéter y los zapatos que no alcanzarían más allá del número dos. Uno tras otro, en una sincronía que iba dibujando tras de sí una estela invisible. Sobre su espalda una dura corteza la emplazaba a arrastrarse por el piso. No caía. Mesuraba su andar manteniendo el equilibrio con una bolsa de plástico que se alzaba a pocos centímetros del concreto.

La columna vertebral era una curva exagerada y dura que se alzaba arriba de la cintura y terminaba en su nuca. Justo ahí mismo empezaba un reboso negro que cubría toda su cabeza. La cara de frente al piso, oculta.

Como una metáfora absurda e irredenta de muerte y vejez recorrió lo ancho de la plazoleta coyoacanense, levantando apenas unos ojos, que nunca vimos, para tener idea de cuánto le faltaba para llegar a un desconocido destino, al menos para todos los que ahí caminaban.

Sin bastón ni nada que la ayudara a andar, sostenía su metro y 40 centímetros. Sus más de 90 años empujaban el aire que estancado le resultaba una barrera a la que había que derrotar. Pasó de largo, como advirtiendo a todo aquel que la quisiera ver sobre la lucha ingrata que hay que dar al final del camino.

Nadie más reparó en ella. No pidió dinero como suelen hacer los personajes extraños que visitan Coyoacán. Ignoró a todos, concentrándose en llegar. ¿A dónde? A la siguiente acera. Pensando quizá que por hoy, eso sería suficiente.

REY
pd. para ella la flor, aunque no la haya pedido.